Por lo tanto la extrañez de mi existencia me dejaba en un borderline en el que no sabía que iba a pasar.
A veces lloro
Otra veces busco problemas donde no existen.
A veces se me alborota todo el pesimismo que no tengo.
Me estreso.
Me canso en demasía.
En fin...siempre es diferente.
No sé con qué va a llegar ni como me voy a poner.
Pero raras veces no pasa nada.
Es como una puerta abierta a la sensibilidad
... De cualquier tipo, ahí está la sorpresa.
Al pensarlo se me vienen a la mente esas píldoras de todos los sabores que toman en Harry Potter, porque al parecer no hay ninguna que no sepa a nada.
Esta vez estaba profundamente triste.
Confieso que tenía miedo de que mi tristeza durase muchos días, porque era compleja y honda.
Un paraje pesado y lleno de neblina densa.
Tuve varios días con esa sensación y nada parecía sacarme de ahí.
Un día (incluso antes del periodo) simplemente me levanté bien. Tranquila y liviana.
En la tarde mi hermano menor pidió que nos viéramos y nos confesó que había tenido días muy complejos. Nos decía que había estado muy triste.
Nosotros ya habíamos hablado de forma previa de esto. Él había llegado a sentir mi malestar y dolor de forma previa...nunca me había tocado a mí sentir la suya.
Su tristeza también fue mía. Pide vivirla como propia.
Profunda tristeza. Misteriosas conexiones.