Fuimos a Bárbaro y comimos lomo al barril...ñamñamñam...delicioso. disfruté cada bocado con un par de margaritas...
En el restaurante estaba Jesús Abad Colorado. Leo lo vió y hablamos un rato de su trabajo. Ya íbamos de salida, pero entonces le pedí a Leo que se acercará (porque aunque no parece, soy tímida). Él no sabía qué decirle...le pedí que le dijera que admirabamos mucho su trabajo y que nos encantaba poder coincidir con él para decírcelo. Él así lo hizo.
Cuando se acercó las personas de la mesa lo recibieron tan bien...
Jesus agradeció el gesto y se acercó a la mesa a saludarme...con un apretón de manos fuerte y con palabras tan cercanas nos agradeció la energía.
Salimos felices, a nosotros nos pasan unas cosas hermosas de las que nunca dejamos registro. Salimos felices por eso. Por las bendiciones íntimas y silenciosas que recibimos, pero que concientemente agradecemos.
De nuevo vivencias entrañables, comida deliciosa. Todo de su mano...cómo me gusta...
La noche no acaba, llueve, pero no somos de azúcar y todavía hay energía para el eterno e intermitente noviazgo.