miércoles, 15 de julio de 2020

Reglas de casa

Recuerdo que en casa, cuando nuestra vida estaba vuelta mierda y todo era oscuro, planteamos algunas reglas que se nos han ido metiendo lentamente en la vida. Una de ellas es no juzgar. No debo dedicarme a criticar al otro y todo lo que hace. No debo generar juicios de valor a su hacer, sobre todo porque si hablamos de subjetividades no tengo ni un poquito de idea de aquello que el otro vive, lo que conoce, ni de cómo la vida lo ha puesto en el lugar ni la situación que habita. 

Obviamente esta regla tiene excepciones, porque reconozco que si reniego de algunos dirigentes y administrativos que terminan direccionando el hacer colectivo de formas, para mí, absurdas, algunas veces esas personas terminan haciendo mucho daño. Pero eso más que criticando demanda de vehedurías ciudadanas serias y empoderadas. Por otro lado y, desecentrandome del seguimiento juicioso a la administración pública, es necesario preguntarme a la hora de juscagr sin clemencia: ¿quién soy yo para esperar que el otro actúe cómo yo? 

Esta mañana tuve una conversación con alguien que me hizo recordar tanto esa regla, y bueno, fundamentando uno de los conceptos que le dan piso a la tesis, justo me encuentro con esto: 

"¿Quién te ha nombrado pues fiscal general, el procurador implacable de la humanidad? ¿Por qué tomas el lugar de aquellos que condenan y que, algún día te juzgarán? ¿Qué resentimiento te empuja a la acusación perpetua de todos aquellos a los que te encuentras? ¿Con qué derecho te das el derecho de perseguir y denunciar?" 

La mayoría de las personas en las que pienso cuando leo estas preguntas, son personas que todo el tiempo están criticando o juzgando a los otros, pero suelen ser tímidos en su hacer. Casi nunca se han atrevido a equivocarse, porque tienen miedo de ser medidos con la misma regla con la que miden. Creo que en el fondo lo que aprendí en casa, es que ese juzgamiento debía ser inicialmente conmigo misma y a veces soy inclemente. Lo cual tampoco es bueno. No obstante, creo que después de todo tengo claro que Errare humanum est, pero para errar tengo que haber ensayado por lo menos, llegar a la acción sin quedarme solo en el verbo.

No voy a negar que muchas personas con este comportamiento terminan resultando pesadas y mi relación con ellas me termina hastiando hasta el hartazgo. Después del alejamiento termino sintiendo un alivio abrumador, como si viera la luz, como si se soltara cierto lastre que antes me impedía respirar.  ¿Por qué quedarme si ellos viven felices como son? ¿por qué quedarme si su felicidad para mí representa la pesadez? ¿por qué quedarme en un lugar o con quien ya no me siento feliz?

Con eso llego a otra de las reglas que teníamos, ahora formulada como una pregunta: ¿por qué quedarse en lugares (o con personas) lóbregos y sombríos en los que se sientes que se te seca el espíritu? Es demasiado riesgoso...y vivir en un culto por juzgar al otro es una forma de vida que impide concentrarse en crear otras formas de hacer y de vivir que solo surgen de forma espontánea, cuando uno se apasiona o empelicula con lo que hace uno y no cuando está empeliculado en juzgar lo que hace el otro.

Yo creo que me da miedo estar con personas que en lugar de crear se dedican a juzgar. Esa no es la forma de vida que quiero para mí. 

domingo, 12 de julio de 2020

jueves, 2 de julio de 2020

También hay otros soles

"Caninozado por la aplastante dignidad regia del día, nuestro saber erigía indebidamente al sistema solar, local, como ley general. Ahora bien, mediodía solo significa el principado de una enana próxima. Recibimos desde lejos la luz de otros soles, algunas veces gigantes, pero ahogados de sombra" Serres. El tercero instruído. Eso que creíamos el centro y lo importante, se desplaza de acuerdo a la jurisdicción de importancia que concedamos. Es época de mandar a la mierda muchas cosas, pero también de reconocer esos soles que, en silencio, y apesar de verse menguados por nuestra falta de atención, siguen iluminando. No es cuestión de desdeñar la luz que ciertos astros nos brindan, se trata de simultáneamente ver aquellos que, nos siguen iluminando en la distancia.

jueves, 25 de junio de 2020

Los puentes requieren dos lados para apoyarse

La soledad y el silencio que ha llegado a alojarse en casa desde que llegó la contingencia da cabida a procesos internos que se habían visto postergados. Yo creo que las cosas para nosotros en casa han sido bastante tranquilos, no hemos vivido el pánico, ni la paranoia, el miedo inicial que implica el desconocimiento de virus no nos llevó a la desesperación. Para Leo la cuarentena es su forma de vida "normal" y Anna tiene muchos episodios de querer estar en casa, aunque no poder compartir con amigos correr y encaramarse en árboles si ha sido complejo para ella. Sin embargo hemos venido atreviendonos a hacer algunas salidas en solitario, y con ayuda de "extrañas pero hermosas energías" hasta hemos obtenido permiso para movilizarnos fuera del municipio de Medellín, hacia el oriente. Entonces hemos caminado sobre la hierba, reposado sobre la hierba fresca y nos hemos dejado bañar por las frías aguas de aguas cristalinas y caudalosas, baños sagrados que han traido sociego. Pero el encierro de la contingencia también ha permitido saber que cicatrices no están sanas e identificar dolores todavía vivos o identificar heridas que creíamos vivas y pero ya están secas, sin conexiones nerviosas. Mi padre ha estado muy enfermo, creo que su pesimismo exacerbado terminó por tumbarlo y llevarlo justo al lugar en el que menos quería estar: el hospital. No voy a negar que su situación llegó a ser muy grave, pero con ella vinieron las preguntas sobre la vida y lo que la sustenta cuando nada de dignidad queda. Es claro que ya no hay una valoración ni una preocupación por sí mismo, su actitud parece indicar que siente que ya no puede con su vida y que por eso deben ser personas externas quien tomen las riendas y se encarguen. He visto empeorar esta situación con los años y ya me siento tan cansada de que viva crisis cada vez peores y que nada cambie. La unica variable es la gravedad de las situaciones a las que se lleva a sí mismo, pero la reflexión sigue ausente. Esta vez, después de que supe que su vida no estaba en peligro, me desligué completamente de la situación. Decidí ocuparme únicamente de lo monetario y de tener la claridad de que no iba a estar en calle, pero nada más. Estoy agotada y no voy a forzarme a hacer nada que no quiera. Y me siento tan insensibilizda que ya no quiero que después de vivir situaciones extremas venga a colmarme con su pesimismo y sus consideraciones de que todo puede ser peor. Lo extraño es que esta vez ya no siento culpa. Ya no me siento mal por manifestar lo que siento y tampoco pesa en mí la obligación de mostrar un interés que ya no existe, sólo porque es un arísta de mi origen, él lo ha extrangulado lenta y dolorosamente. Lo ha asesinado...y con ello me ha hecho algo "libre". No digo que ya no me importe, pero esto cambia mi relación con él, haciéndola mucho más liviana. Después de todo las actitudes del otro terminan por aniquilar el impulso (o nosotros el de otros) y las ganas que tenemos de estar a su lado. De eso también hay que hacerse cargo. Lo que me parece doloroso es ver morir esa parte mía que se ocupda del otro solo por sentir un vínculo familiar o amoroso. Ya ni los lazos de sangre me resultan una justificación válida para sostener puentes que deban apoyarse en un solo lado, después de todo, ni las leyes de la ingeniería osan proponer algo como eso. ¿o estoy equivicada al creer, como Cerati, que el amor también puede servir como puente?

domingo, 7 de junio de 2020

Hoy vendrá a casa, por primera vez el ratón Pérez. Y hoy por primera vez cambian los papeles, ella me peina a mí.

sevensevensevensevensev..

Vivo inmersa en una relación de la que puedo hablar poco.
Las personas no me creerían al escuchar lo que es posible vive con él otro, juntos, en una cofradía cómplice de preguntas a las que nos enseñaron a ponerles límites. Pero nosotros no lo hacemos.

En su compañía me he dado cuenta de que "la vida es maravillosa, si no se le tiene miedo".

Con él todo es tan fácil y llevadero...

Celebro muchas de mis decisiones vitales, pero él, definitivamente ha sido la mejor de todas. 

viernes, 15 de mayo de 2020

Emoción-ante regalo

Hace mucho no recibía un regalo que me emocionara hasta el punto de conmoverme. 

Es el día del profe y estaba inmersa entre juguetes, ejerciendo un poco de presión materna para que Anna organizara su cuarto. De pronto sonó mi celular. 
No quise contestar a la primera, pero ante la insistencia de un segundo llamado tuve que desplazarme a la cocina y constatar que en efecto no podía identificar quién era. Para colmo no tenía ganas de hablar.

Mi resistencia se quebró al tercer llamado. Era la madre de unos primos. Su voz armoniosa, segura y familiar me dijo que llamaba a entregar el regalo de la palabra que sus hijos querían compartirme y empezó a declamar una poesía sobre "el ser maestro". Tuve que quedarme muda. Al compás de sus palabras no pude más que dejar asomar las lágrimas que brotaron de forma natural. El efecto "lagrimón" fue instantáneo y lloré hasta que terminó aquella llamada.

¿Por qué lloraba? no lo sé, tal vez porque sentía que aquellas palabras hacían eco en mí y que en efecto amo lo que hago. Tal vez porque sabiendo lo antiguo de aquellas palabras, todavía podía saborear su significado y sentir su vigencia. Tal vez porque aquellas letras  también hablaban del contacto humano que ahora se ve amenazado por la "necesidad" de aislamiento social. Podría ser porque también fueron palabras que reconocían la constante necesidad que, a pesar de ser maestra, siempre tengo de aprender. Es claro que no tengo una respuesta y ¿por qué debería tenerla? Aquellas palabras me hicieron llorar de felicidad. Pude verme en ellas y eso fue suficiente. 

Tengo que reconocerlo, hace muchos años no recibía un regalo que me conmoviera de aquella forma ¿o será la cuarentena? Bahh! En todo caso fue un regalo que alegró mi día. Pude sentír a mis primos realmente cerca y, además, pude sentir su afecto, a pesar de la distancia.

Es claro, me gusta que me regalen palabras bonitas, bienintencionadas y llenas de sentido. 

Hoy cumplo 41

Y me llegaron mensajes increíbles, que conmovieron mi espíritu. Estoy muy agradecida con este camino... ...