lunes, 8 de octubre de 2007

En medio de una soledad abstracta que carecía de finalidad y azotada por la desazón de soportar un gran peso que aquejaría mi conciencia dormida, tuve que salir a ventilarme un poquito. Era un sábado calmado, aunque la energía de fin de año ya deja sentir sus olores característicos. Caminé mucho y abrigada hasta los huesos como de costumbre. Fue en medio de divagaciones que recordé que ocho días antes había desdeñado una invitación a un trago que hoy no quería rechazar. Él, dice que somos transeúntes de la casualidad, yo creo que somos transeúntes de la causalidad. Así que mis intenciones desembocaron en un mensaje de texto que dejó oír sus ecos en los antros sórdidos y recónditos donde la casualidad tiene sabor a cerveza y olor a cigarrillo.
Primero una cerveza y un ron con hielo al ritmo “elektro-atolondrante”, luego otra cerveza y un ron mezclado con cerveza al estilo rockarbelaez.
Después una pareja anónima, pero conocida, llega desde los confines del universo y nos piden marcharnos hasta horizontes aún más lejanos. Tal vez el municipio más pequeño de Colombia. Partimos en un coche amarillo con las lenguas cargadas de sabor a ron revuelto con tinto paneludo y embriagados de ganas de buñuelo de seis mil. Envueltos en una burbuja de humo caminamos silenciosos, cansados de reír y con los bolsillos vacíos, buscando lugares donde las certezas fueran bienvenidas de nuevo. Buscamos desesperadamente a Morfeo. El sol estaba despuntando otra vez, ya era domingo.

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Hoy cumplo 41

Y me llegaron mensajes increíbles, que conmovieron mi espíritu. Estoy muy agradecida con este camino... ...