Debería asumir una actitud más reflexiva y menos mundana en momentos tan relevantes de mi vida como este. Es un hecho, estoy en la inopia académica e intelectual. Ando produciendo nada, leyendo poco y confundiendome mucho.
En vista de mi iliquidez de ocupaciones académicas decidí "escapar" y embrigarme en sala de la casa de Jessica Moureen, obviamente, luego de tomar un par de cervezas y escuchar un poco de canción social en un paraje escondido y habitado por transeúntes prófugos de sus realidades agobiantes. No sé si fue por culpa del exceso de licor pero terminamos enmbarcadas en una discusión que hasta hoy revivo de forma frecuente.
¿Qué hemos hecho o producido de forma original hasta ahora? Esa fue la pregunta que movilizó nuestros argumentos. Algunos de ellos empolvados y viejos, otros ajenos pero familiares y otros que surgían en medio de discertaciones tartamudas que se peleaban con el humo de cigarro por salir.
Discutimos, y discutimos; sin darnos cuenta de la botella vacía, de las gargantas secas y del círculo vicioso que comenzaron a formar nuestros argumentos dejando llena la estancia de palabras.
Vinieron los argumentos de el proceso contínuo de formación, del tiempo perdido, de la aridéz mental de los vértices que habitan el tiempo y finalmente nos quedamos sin palabras.
Tuvimos que recurrir al sueño y al descanzo de la lengua, para que al despertar hubiesemos olvidado la disputa nocturna. En medio del desayuno se cruzaron algunas palabras cortas que nada tenían que ver con nuestra preocupación nocturna.
Era claro, la pregunta a nuestra respuesta no llegó en la noche y tampoco llegaría esa mañana. Aún hoy contínuo recordando esa discusión sin llegar a tierra alguna. Supongo que la respuesta se dará a través de construcciones o tal vez aparezca alguna mañana lluviosa, o tal vez, no lleguemos a darle respuestas certeras nunca.
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