domingo, 25 de diciembre de 2011

TRANSEÚNTES DE LA CAUSALIDAD


Después de mucho pensarlo, me decidí. Me convencí de que esa locura era posible y me dediqué a divulgarlo, como si ya fuera un hecho. ¿La verdad? no tenía idea de cómo ni cuanto necesitaba para fraguar mi plan. En alguna de esas divulgaciones alguien me dijo que tenía la misma idea en la cabeza, entonces "¿por qué no hacerlo juntas? y así comenzamos a planearlo.
Nos encontrábamos los fines de semana a organizar el itinerario y a averiguar la ruta de nuestro viaje hasta Buenos Aires. Encuentros en los que además bebíamos hasta la embriagues, fumábamos y dejábamos escapar un humo infectado de sueños que volaban hacia el sur.
Mi compañera de viaje era Tatiana.
Juntas salimos el lunes 6 de diciembre de 2010 a las 9:10pm en la ruta Medellín-Santiago de Cali, destino al cual llegamos a eso de las 5:50am del 7 de diciembre. Durante gran parte del viaje, estuve inquieta, temerosa y algo asustada, era la primera vez que salía del país y un recorrido tan largo me atemorizaba un poco. En Cali nos recibió mi hermano y su novia. Ellos nos llevaron a comprar el mapa en el instituto Agustín Codasi y en la noche nos ofrecieron un espacio cálido, en el que prendimos velitas y conversamos sobre el continente que ahora abría sus entrañas para nosotras.
El jueves 9 de diciembre salimos de Colombia rumbo a Ecuador. Nuestra primera parada fue Tulcán y luego Quito. Allí conocimos unos tipos bien intensos que nos hicieron salir bien rápido del bar en el que los conocimos. Eso sí, los desayunos en la plaza Foch son brutales!!!!!! Comimos panes, queso, huevo, aceitunas, chocolate y hasta ensalada de frutas!!!! Desde Quito partimos al día siguiente para Guayaquil. Tardaríamos 9 horas y media en llegar.

Sobre ese recorrido quedaron en mi diario las siguientes palabras:
"Hubo momentos terribles durante ese viaje. Momentos en los que tuve mucho miedo. Momentos en los que me sentí absolutamente lejos de casa. Desprotegida. Sin tener a dónde ni a quién acudir. Todo me resultaba tan foráneo. En algunos momentos y debido a mi miedo sentía el pecho oprimido y me daban ganar de salir corriendo, pero ¿hacia dónde correría?".

En la medida en la que entrabamos a la cordillera los rostros se tornaban más indígenas y los paisajes cada vez más secos. En Guayachil nos dedicamos a caminar por el malecón, ya que la gente de la ciudad nos advirtió mucho acerca de la inseguridad de la ciudad y eso nos puso los pelos de punta.

Debido a las innumerables advertencias que nos hicieron respecto al paso de la frontera Ecuador-Perú, decidimos cruzar en un bus internacional. Salimos el sábado 11 de diciembre y tardamos 31 horas en llegar a Lima. En el recorrido pudimos ver mucho desierto, arena y mar pacífico. El tiempo hizo que la hilaridad de semejante visión se transformara en monotonía y luego en molestia. La gente que conocimos en el bus se comportó increíble: nos cuidaron, fumaban con nosotras, nos dieron comida y nos contaron sobre sus costumbre, tradiciones y algo sobre algunas expresiones particulares . Allí conocimos a Fernando, un chileno con el que conformamos la tropa loca. Con él y en compañía de dos norteamericanos comimos, tomamos pizco y caminamos un poco el sector de Miraflores. Esa noche compramos los tiquetes rumbo a Cuzco.

Al día siguiente recorrimos el centro de la ciudad, compramos algunos suvenires y comimos lomo saltado y avena morada. En la tarde salimos rumbo al aeropuerto de Lima para darnos cuenta que nuestro vuelo no salía a las 5:40pm, sino a las 5:40am. Habíamos perdido el vuelo.

En ese momento nos invadió la desesperación, yo incluso llegué a pensar en la posibilidad de desistir del viaje, pero Tati se aferró a sus propósitos y se dedicó a plantear alternativas con los ojos aguados. Después de desfogar nuestro desespero a través del vino y de los cigarrillos más caros de la historia, pudimos reírnos de nuestro despiste y pensar un poco más claro.

A las 6:30pm nos atendieron los personajes de la aerolínea y nos cobraron 50 dólares por el despiste. Luego volvimos a Lima al mismo hostel donde habíamos estado la noche anterior. Ese día comimos chaufa (la comida asesina) acompañada de inka kola. 15 minutos después, estaba muriéndome. Vomitando hasta el calostro y con unos escalofríos que no me dejaban dormir. Creí que moriría en Lima. No pude tomar más pizco, tuve que dedicarme a tomar suero y a limarme las uñas en el lobie del hostel hasta que fue hora de salir rumbo al aeropuerto.

El problema al llegar al Cuzco fue cuando nuestro cuerpo enfermo comenzó a sentir la altura. Así que nuestra dieta se concentró en té de coca, galletas de soda y pollo super pimentado de Mcdonals (teníamos miedo de comer).

Al día siguiente fuimos a Machupichu: la vista de la ciudad se ofrece rápidamente al visitante. El esplendor de una civilización de antaño se muestra claramente. Pueden apreciarse los vestigios de sus vidas, de su organización social, de la relación con la tierra que habitaban y obviamente, de su relación con las deidades. La ciudad tiene una energía bastante particular y enigmática. La ciudad te atrapa, pero también te cuestiona.

También subimos a Waynapichu donde la deshidratación y los problemas nutricionales a los que estaba sometida hicieron efecto en mí: Las piernas me temblaban, sudaba frío y empecé a experimentar un ataque de pánico injustificado

Cansadísimas pero con el alma henchida, salimos de Cuzco rumbo a Puno, una ciudad ubicada a orillas del Titicaca y a unos 3820mt sobre el nivel del mar. Allí pudimos sentir a cabalidad los efectos de la altura. Nuestra habitación estaba ubicada en el 5to piso y cada uno de ellos cumplía a cabalidad con el propósito de hacernos sentir la ley de la gravedad.

Luego fuimos a las islas flotantes de Uros.“donde descubrimos una forma de vida completamente nueva para nosotras. Pudimos sorprendernos con las costumbres, las tradiciones y obviamente, los colores

Ingresamos a Bolivia, directo a Copacabana, donde Tatiana se dio cuenta que había perdido su tarjeta débito. Luego partimos para La Paz:montañas grises y muy, muy áridas y tristes dominan el paisaje. Al fondo, si uno se esfuerza un poco, logra avistar cordones altísimos de montañas nevadas y solitarias.

De la Paz fuimos hasta Villazón, la frontera con Argentina, la cual cruzamos el primer día a pie. donde pudimos degustar el buen sabor de los panes blandos y la atención desmedida de aquellos habitantes de La Quiaca.

Nuestra parada final fue Buenos Aires- Argentina, lugar en el que permanecimos dieciocho días absolutamente cálidos y memorables...pero eso es otro cuento.

Hoy cumplo 41

Y me llegaron mensajes increíbles, que conmovieron mi espíritu. Estoy muy agradecida con este camino... ...