Por estos días los sucesos que acontecen en mi vida parecen llevarme hacia el recuerdo de que todos, de algún modo, debemos partir y dejar a las personas que queremos. Con esto no me refiero sólo a la muerte, aunque tampoco es un asunto ajeno a este escrito. Voy a contar algunos de esos sucesos:
Hace poco y, por envío de mi cuñada, unos viajeros se quedaron en casa. En busca de acogerlos asumí una dinámica distinta y una rutina diferente a la estipulada. Dejé de llegar tarde a casa para poder disfrutar de su compañía y obviamente de sus historias. En los tiempos que compartimos pudimos leer, hablar muuuchas bobadas, cocinar y cuestionar muchos planteamientos respecto a horizontes posibles. Quince días después los viajeros se fueron. Siempre estuve consciente de su estadía efímera y por esto la inminente partida siempre fue tangible. No obstante despedirme fue un proceso difícil que me costó un par de lágrimas a escondidas.
Una semana después mi bisabuela ingresó al hospital con todas las complicaciones que llegan con la experiencia acumulada en los años. Incluso hubo una ocasión en la que me quedé a cuidarla. Fue en día en el que la observé mucho tiempo y pude hacerme más consciente de nuestra efímera existencia. Y a pesar de ser consciente de lo cercano de su partida, verla en ese estado crítico me dolía. Estuve varios días movilizada por eso. Pero no sólo me movilizaba el dolor, también me inquietaban muchos cuestionamientos sobre mi visión del mundo, de la vida y de aquellas cosas que valoro como importantes.
Esa misma semana ingresó mi abuelo paterno al mismo hospital. Presa de las consecuencias de una diabetes que tiene menguado todo su ser. Y por si fuera poco esa semana el padre de mi compañero fue diagnosticado con cáncer de laringe.
Tengo que reconocerlo, hay dolor, pero también hay muchas preguntas.
En esa medida recuerdo constantemente la sensación que ver partir a aquellos viajeros. Y me gusta pensar que todos somos viajeros en la vida de los otros y que como buenos viajeros debemos partir, bien sea detrás de nuestros sueños o partir definitivamente.
No debería resultarme tan difícil la partida, después de todo es algo que nos acompaña. Pero ¿ cómo omitir el nudo en la garganta cuando llega el momento de dejar ir a aquellos que se ganaron un lugar importante en nuestra historia, un lugar que sólo ocuparán ellos?
Debo reconocerlo, a pesar de ser un evento cotidiano aún se hace complejo normalizarlo.
Pd: salud! por todos aquellos viajeros que se han cruzado conmigo durante todo este viaje!
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