Este hábito se nos fue metiendo en la existencia y al crecer no lo dejamos atrás. Cuando papá ya no estuvo para leer con nosotros, mis hermanos y yo buscábamos espacios aleatorios para compartirnos alguna lectura que nos había llamado la atención, leíamos juntos las noticias y a veces hasta compartíamos algunas copas de vino en torno a algún texto que lograba divertirnos o movernos algunas tuercas del cerebro, que por lo general cada vez estaban más flojas.
Aún hoy, cuando mi hermano viene de visita con su esposa y su hija, tenemos la costumbre de reunirnos compartirnos textos entre todos. Ahora somos una cofradía familiar de lectores más grande.
Mi matrimonio no podía ser la excepción. Leo se ha apropiado hasta la médula de este hábito y busca constantemente material que podamos leer juntos y que nos saque temporalmente de los textos académicos que abundan en el escritorio en época de estudio.
Hace poco llegó a casa cargado de libros que su amigo Victor le prestó para tal fin. Llegó contándome historias sobre los contenidos de 4 o 5 mamotretos con cuentos de Chéjov, Kundera y un par de ladrillos sobre "the social network" para su tesis. Sin embargo esta vez trajo un libro empacado en una bolsa y en un sobre de manila simultáneamente. Mientras lo extraía de los paquetes que lo envolvían en me dijo: "Victor me dice que esta lectura será un regalo para ambos, y nos lo presta, muy especialmente para que lo leamos juntos".
Lo que nunca me imaginé fue que se tratara de un préstamo semejante. El libro habla de un hombre sabio que es desterrado de su tierra (aún no sé si literalmente exiliado o debe partir definitivamente de la vida) y antes de partir baja a la plaza a despedirse de su gente. Entonces su pueblo lo acoge cariñosamente y comienza a pedirle que hable de temas como: el amor, los niños, el matrimonio, el dolor, la alegría, entre otros.
Ahora, todas las noches, Leo y yo tratamos de sentarnos a leer juntos con la excusa de avanzar en este hermoso entramado. Y en cada lectura nos dejamos embriagar de mensajes cortos y contundentes que nos dejan pensando o saboreando el sentido de sus palabras y de paso para sentir cuan lejanas o cercanas nos resultan.
Ha valido mucho la pena leerlo.
A continuación comparto un fragmento del escrito sobre "El enseñar". A propósito de mi profesión.
"Nadie puede revelarnos más de lo que reposa ya dormido a medias en el alba de nuestro conocimiento.
El maestro camina en la sombra del templo, en medio de sus discípulos no les da su sabiduría, sino más bien, su fe y su afecto.
Si él es sabio de verdad, no os pedirá que entréis en la casa de su sabiduría, sino que os guiará, más bien, hasta el umbral de vuestro propio espíritu.
El astrónomo puede hablaros de su comprensión sobre el espacio, pero no puede daros ese conocimiento.
El músico puede entonaros el ritmo que existe en todo ámbito, pero no puede daros el ritmo que tiene, ni la voz que le hace eco. Y el que es versado en la ciencia de los número puede hablaros de las regiones del peso y la medición, pero no puede conduciros a ellas. Porque la visión de un hombre no presta sus alas a otro hombre.
Y, así como cada uno de vosotros se halla solo ante el conocimiento de Dios, así debe cada uno estar solo en su comprensión de Dios y en su conocimiento de la tierra".
Texto El Profeta de Khalil Gibrán (el arte de la paz).
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