sábado, 11 de enero de 2014

Pletórica





Con el pasar de los años las fiestas de fin de año se van volviendo cada vez más significativas. Tal vez porque los años vividos vienen acompañados de la conciencia del paso del tiempo y del fluir continuo del río de la vida que nos arrastra a todos.





Este año decidimos salir a finalizar y a comenzar de nuevo otra vuelta al sol en un lugar donde los estridentes sonidos de la pólvora estuvieran ausentes, para así podernos escuchar a nosotros mismos en medio del silencio mientras contemplabamos la unión del cielo y el mar (que en la penubra apenas se adivina).









Allí pudimos caminar en silencio dejando atrás el mar e internandonos en la selva húmeda tropical.

El sudor corría por nuestro cuerpo. Cada diástole y cada sístole parecían acompasar nuestros pasos. Las manos se henchían y brotaban los ríos de la vida en las extremidades. Se sentía claramente como despertaba el cuerpo.



Acudimos a las venas de la tierra para sumergirnos en su sangre, dejándo que su poder sanador se llevara aquello que ya no necesitamos y que se vuelve un lastre para seguir caminando.

La quietud y la contemplación se hicieron nuestro devenir cotidiano. Volvimos a escuchar el silencio y nos dejamos invadir por el susurro, a veces cercano a veces lejano, de la vida floreciendo a nuestro alrededor.


El silencio y la calma dejaron que la intuición pronunciara su voz.



Nos dimos cuenta que hemos cambiado: esta vez fuimos extrañamente precavidos con el mar. El respecto y una interna pulsión de temor nos dieron la posibilidad de apreciar a Poseidón con ojos distintos: confiados y dispuestos a sentir esos mensajes del alma buscamos humildemente la playa, en lugar de dejarnos arrastrar por el impulso, irreprimible en otras épocas, de adentrarnos confiados en el claroscuro de sus entrañas.


Juntos despedimos el año llenos de agradecimiento, con la certeza de que debemos seguir el camino trazado por el corazón.

Fue un año nuevo silencioso, oscuro, con el murmullo del mar llenándonos los oídos, con las estrellas centelleantes sobre nuestras cabezas, con los pies impregnados de esencia de sándalo y arena, y lo más importante: juntos.





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Hoy cumplo 41

Y me llegaron mensajes increíbles, que conmovieron mi espíritu. Estoy muy agradecida con este camino... ...