Nuestro viaje juntas, en un sólo cuerpo, va llegando a su final. Ambas podemos sentirlo. Debo enjugarme los ojos con emoción y agradecerte el tiempo que has habitado en mi. Tengo que agradecerte por todas las cosas que has movilizado y por todos los aprendizajes que van a quedarme.
Jamás volveré a ser igual.
Siempre le pedí a la vida la apertura y la sensibilidad para escuchar a mi cuerpo cuando otro ser lo habitara y así fue como comenzó nuestro viaje juntas. Un día simplemente tenía muchas ganas de hacer un móvil de papel y pasaba las horas doblando papelitos de colores que formaron las figuras que ahora cuelgan de los hilos que adornan el que ahora es tu cuarto. Estaba poniendo adornos infantiles en un cuarto habitado por mis fantasías y presentimientos. Luego vino el tiempo de comprobar si en efecto estabas aquí, pero mis extrañas certezas "infundamentadas" y mis sueños confirmaban una presencia que la razón todavía no daba por sentada. Fue así como antes de hacerme la prueba, soñé que me hacía la prueba y pude ver dos hilos entrecruzarse armoniosamente para decirme que allí estabas. Al despertar tuve que correr a mi bolso para confirmar que en efecto aún no me había hecho la prueba, pero que ya sabía cuál sería el resultado.
Y comenzaron las "vicisitudes" estomacales (si puedo llamarlas así, porque en realidad no fueron complejas de afrontar). Nada de mareos, nada de nauseas, tal vez un par de ascos y una que otra vez la imperiosa necesidad de tomar soda después de la comida para contrarrestar el malestar.
Mas tarde vinieron las ganas de recordar la infancia y de volver a entonar esas canciones que cantaba cuando era niña. Pero también vino la necesidad de recordar esa niña que fui y que dejé atrás, olvidando las cosas que me importaban, lo que me hacía feliz y hasta las cosas que me dolían. Tuve que obligarme a leer lo qué es un niño y a simultáneamente tratar de buscarme a tientas en medio de pasadizos olvidados de mis recuerdos. Y allí estaba...esa niña nunca se fue, sólo fue necesario querer verla de nuevo...encontrarla me permitió querer volver a jugar, querer volver a cantar, a jugar a las adivinanzas y hasta pedirle a mis hermanos y a mis abuelos que me recordaran esos juegos de palabras que leíamos en los cuentos o que simplemente aprendí porque hacían parte de una tradición oral familiar que me enseñó tempranamente a jugar con las palabras.
Con los meses ha venido mi "crecimiento pa´todos los lados" sobre todo el corazoncito...las contracciones inesperadas que carecen de frecuencia, el reflujo y tus patadas en las costillas, justo cuando más cómoda me encuentro. El dolor en la pelvis, el aprisionamiento de mi vejiga y la certeza de que todo eso son señales de que se acerca el día en el que podré por fin mirarte a los ojos.
La conciencia de la importancia de mi apertura al juego, a la palabra...al amor, se aumenta en la medida en la que tu llegada está en ciernes. Ahora siento que puedo enfrentarme al miedo y a la incertidumbre que inicialmente me generaba mi rol de madre. Me has enseñado a encarar el miedo que me producía, me has ayudado a liberarme de la presión autoimpuesta de ser la mejor...ahora sólo quiero ser tu mamá y entregarme confiada, sabiendo que tu llegada es la confirmación de que los tres: papito, vos y yo, tenemos muchas cosas que aprender juntos.
Estamos listos amor, tus papás te esperan. Y mamita agradece el increíble viaje que nos dimos juntas.
domingo, 12 de octubre de 2014
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