martes, 17 de marzo de 2015

Más allá de la niebla


Cuando tenía apróximandamente cinco años, fui con mi familia de paseo a San José de la Montaña, la tierra natal de mi abuela materna. En uno de los días que pasamos allí, cuando casi llegaba la noche, fuimos de caminando a la casa de uno de los hermanos de mi abuela, su casa que quedaba en el filo de una montaña altísima (bueno, así la recuerdo). Mientras subíamos trabajosamente "calló" la niebla. Una niebla densa que nos impedía ver un poco más allá de nuestras narices. Jamás había visto algo semejante. El miedo se apoderó de mí. Al cuestionar deseperadamente a los adultos a cargo (cosa que ni después de muchos años he dejado de hacer), las respuestas fueron aterradoras (e irresponsablemente falsas, cuando lo descubrí tuve mucha rabia, pero bueno, mi rabia tanto como la niebla de ese día son asuntos del pasado): Si la niebla y la noche se unían antes de que llegáramos a casa, nos quedaríamos pegados al suelo de por vida...¡¡¡nada más aterrador!!!. ¿Mi deseo constante de caminar, de ver y vivir el cambio de paisaje, de correr tras un horizonte cambiante, se irían sólo por no llegar a nuestro destino antes de que la niebla y la oscuridad de la noche coincidieran? jamás!!! ese día todos los chicos (mis primos, que no son pocos y un par de tíos menores) corrimos desesperadamente en busca del tan anhelado refugio.

...Aterradora niebla...

Los años y la vida fueron arrastrando mi miedo a la niebla, pero nunca se han llevado mi fascinación.

Hace un par de años llegó a mis manos un libro encantador en el que la niebla, para el protagonista, era como esa línea borde que separaba sus recuerdos de aquello que, gracias a un accidente neural, no podía recordar: La misteriosa llama de la reina Loana (adorado libro!!). Después de leerlo jamás he logrado arrancar de mi cabeza esa historia, sobre todo porque creo que establezco un paralelo entre ella y la situación actual de mi abuela paterna, uno de los personajes centrales de mi infancia, quien vive su cotidianidad sumergida en la niebla.

...Misteriosa niebla...

Hace pocos días tuve el placer de sumergirme en ella como cuando era niña. En las horas de la tarde, en una población a las afueras de Medellín, pude sentarme (bien abrigadita, eso si) a verla descender, llegar y absorverme. Por unos minutos todo se desvaneció a mi vista. Estaba sola en un paraje desolado y habitado por los artilugios de mi mente desbocada...mi cabeza estaba a mil!!! Desaparecí para el mundo por unos instantes y el mundo desapareció para mí. Fue hermoso!!!

Pero tan rápidamente como llegó, la niebla se esfumó. Entonces volví a habitar el mundo y el mundo volvió a acogerme. Logré retornar ilesa. No me quedé pegada al suelo, y aún conservo la mayoría de mis recuerdos, aunque que ahora tengo uno más...el acceso a un particular mundo de fantasías y miedos al que sólo puedo llegar a travesando la niebla.

...Fantástica niebla...

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Hoy cumplo 41

Y me llegaron mensajes increíbles, que conmovieron mi espíritu. Estoy muy agradecida con este camino... ...