viernes, 7 de octubre de 2016

Voy a buscarte

Este es un escrito que, inicialmente, fue escrito en papel, sin embargo, aquello que sentí debe quedarse en mi memoria para la posteridad.




Justo ahora me resulta complejo recuperar tú imágen,
pero eso no me detiene.
Cierro los ojos y emprendo búsquedas deliberadas y sedientas.

......

Necesito verte y recuperarte en los recodos confusos de mi memoria.

No llega nada.
Sólo bruma y la remembranza del sonido de una caracola en mi oído.

.....

Insisto.
Necesito verte y recuperarte en los recodos confusos de mi memoria.

.....
.....

Lentamente, como traídas por las olas intermitentes, comienzan a aparecer imágenes.

Un oscuro hotel, cercano a las playas de Boca Grande, y vos reprendiéndome por haber miccionado en la cama. Desde el fondo de mis entrañas surge un llanto convulsivo y unas cuantas palabras brotan en medio de mis estridentes lloriqueos. Quiero llamar a mi mamá!!!. Salimos apuradas del hotel y el tímido resplandor del sol naciente guió nuestros pasos a través de las calles con olor a sal. Mi madre, al otro lado del teléfono, nada podía hacer, sólo escuchar mi desespero por no saber controlar esfínteres.

Ese es el recuerdo más significativo de mi primera salida con vos.

Someramente, recuerdo también la arena gruesa de Santa Marta y el sol abrazador de Barranquilla, pero nada más.

Tenía dos años en aquellos días.

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Sé que hubo muchas salidas más, pero en ninguna de ellas volví a llamar a mi madre. Mi añoranza era estar con vos.

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Solía visitarte con una frecuencia inusitada. De hecho, mis castigos de infancia eran no ir a casa de la abuela.

Disfrutaba de una forma increíble el tiempo con vos.

Dormía a tu rincón y despertaba en las madrugadas con el sonido de Cómo amaneció Medellín, sintonizado en un radio de perilla ubicado en tu mesa de noche al lado de tu cama estrecha. Al levantarme estabas en la cocina armando arepas de maíz y al verme me asignabas 2 o 3 tolvas para moler. Al terminar el pago no se hacía esperar una arepa de maíz recién hecha, humeante y olorosa arepa con mantequilla y quesito.

Pero ese era sólo uno de los delirios que me generabas en términos de sazón: recuerdo el pan asado en sanduchera doble, con doble queso y doble porción de mantequilla. El arroz con leche...ay!!! el arroz con leche...

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Era tal mi sed de andar con vos, que mi madre tuvo que autorizarte para reprenderme y cascarme cuando fuese necesario. Y era tal mi temperamento que pelas hasta me sobraron.

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Nuestro paseo favorito era la finca la Herradura en Girardota. Al recordarlo casi escucho tu voz alentándome a subir a los palos de magos o invitándome a compartir una mandarina.

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Pero llegó a la adolescencia y los conflictos con mi padre se hicieron cada vez más estruendosos y la lejanía con él desembocó en una lejanía de vos.

Jamás volvimos a coincidir conscientemente.
Nuestros encuentros ocasionales nunca volvieron a ser tan íntimos y aislados. Siempre había gente a nuestro alrededor.

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Cuando estaba dispuesta y preparada para buscarte vos ya no estabas.

Mis visitas ocasionales sólo me dejaban verte y sentirte más retaída y lejana.

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Hace unos días, cuando te fuiste, sentí el vacío que me dejan todas las preguntas que tengo y que no pude hacerte. Preguntas que darían luces a esos orígenes de mi historia que acompañaste silenciosa pero fervorosamente.

Abuela, nunca supe que sentías, que te preocupaba, a qué le temías, cómo concebías la vida, qué pensabas de tí misma ni qué cosas sentías en falta.

Ahora sólo puedo vislunbrarte a través de mis reminiscencias, las cuales siempre dejarán un margen de incertidumbre.

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Después de semejante búsqueda en mi archivo memorístico, lo que tengo más claro es la imagen de una anciana acompañada de su nieta, sentadas la una junto a la otra al pie de gran herradura, esperando en silencio el bus que las llevaría de nuevo a la ciudad.

Hoy cumplo 41

Y me llegaron mensajes increíbles, que conmovieron mi espíritu. Estoy muy agradecida con este camino... ...