sábado, 3 de junio de 2017

Hacia el rugido

De nuevo me sumerjo en el rugido...

Atrás se queda el silencio, el campo verde, los vecinos distantes y la posibilidad de acoger el cielo con los brazos abiertos a la luz de los astros.

De nuevo acojo la vida con los pasos itinerantes.

Me voy triste.

Triste y enamorada, como nunca antes, del lugar que me acogió y me dio la posibilidad de entender los ritmos de la tierra.

Dejo el canto de los pájaros y las noches tranquilas, para sumergirme en la nube de hollín que hoy coloniza, desde las entrañas, a mi ciudad.

Me voy para acoger el canto de la vida acelerada y el contacto enmarcado en la estadía tras los muros.

Me voy con la certeza de querer quedarme, pero con la firmeza que dan los pasos tranquilos, que sólo se orientan tras la larga meditación en torno a la dirección que ahora muestra la brújula interna y que cambia de horizonte, la cual sólo varía guiada por la sensibilidad de la energía vital.



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