No sé de dónde ha surgido, de repente, ese síndrome de la productividad en mí.
Sin explicación, me ha invadido un deseo de aprender y hacer miles de cosas al tiempo.
Ha sido tal mi obstinación que me he vuelto terriblemente sistemática y productiva.
Pero eso ha ido en detrimento de mi vínculo conmigo misma y, por ende, con personas que amo.
¿vale la pena?
Si, desde mis creencias, el aprendizaje es uno de los procesos en los que se fundamenta la existencia,
¿cuál es la mejor forma de aprender?
¿a partir de experiencias sistemáticas? o ¿desde el empirismo puro?
Si desde el interior del espíritu, de forma natural emergen esas "efervescencias vitales"
que no son necesariamente estructuradas,
pero que alimentan los argumentos para quedarse.
¿Por qué remitirse a guiones tan esquemáticos?
Sobre todo, si el acoplamiento a los esquemas, me impiden recordar nimiedades cargadas de sentido.
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