Hoy vivimos un eclipse solar.
Cuando era niña, recuerdo, que vivía esas efemérides astronómicas con mis padres y mis hermanos. Observabamos el sol a través de una careta para soldar de mi papá.
Yo veía todo en dos dimensiones.
Visualizaba el cielo sin profundidad alguna.
El universo se restringía al sistema solar y sus dimensiones abarcaban el espacio y el tiempo desde una concepción rudimentaria y renacentista. No había sorpresa en ello.
Hoy mi concepción, gracias a la vida, es radicalmente diferente.
Puedo vivir de forma cada vez más humilde el universo y eso me permite reconocerme como un ser infinitamente ínfimo, sumergido en un espacio-tiempo que todavía no puedo abarcar, ni con mi imaginación.
Además, ahora, y a diferencia de mi infancia, sé de mi mortalidad.
Lo cual es un regalo a la hora de apreciar los ciclos y movimientos terrestres respecto al sol y la luna con mayor sorpresa.
Sé que no tengo claro si podré vivir de nuevo un suceso como este y no porque tenga escasas esperanzas, sino porque sé que, cuando hablamos de la vida, no sabemos nada.
Hoy la luna se interpuso entre los rayos del sol y la tierra y yo estoy absolutamente agradecida con la vida por permitirme verlo y sentirlo...aunque esta vez, por escases de herramientas, a través de la gente que quiero.