Pude vivir en carne propia la fugacidad.
En tres años pasé por tres colegios distintos.
Del primero salí a los nueve meses.
Unos jíbaros que se pasaban al frente del colegio me encañonaron.
Iban en dos motos,
Rodearon el carro y me mostraron sus armas.
Yo había vivido en esa comunidad toda mi vida y nunca me había pasado nada de esa índole.
Cuando la jefe del núcleo me preguntaba qué era lo que más me preocupaba,
Yo le decía que sentía que me habían quitado un pedazo de ciudad
Que quedaba justo en el ingreso a mi lugar de trabajo.
Era una mujer sencilla pero muy solidaria.
Ella misma solicitó mi traslado.
La segunda institución acogía una población, en su mayoría, desplazada por la violencia,
Sin embargo los estudiantes eran acogedores y amables,
Si se les trataba con respeto y exigencia se generaban procesos movilizadores y constructivos, tanto para ellos como para mí.
Fue una institución donde conocí un equipo de trabajo muy bondadoso,
En términos de humanidad,
Nunca había trabajado con personas como ellos.
Sin embargo, el rector, era bastante complejo,
Y parecía mediar las relaciones con sus subalternos a partir de la empatía.
Yo no hacía mucho esfuerzo por caerle bien.
Sólo hacía mi trabajo de la mejor manera que podía y creía,
Participaba de proyectos a nivel de ciudad,
Movilizaba acciones de participación de los chicos.
Asumía de forma conciliadora las dificultades
Y era bastante mediadora.
Nunca hubo quejas mías.
En una ocasión, una estudiante,
a quien decidí reportar a psicología por la cantidad de problemáticas en las que parecía estar envuelta,
Me confesó que había matado a dos personas y que por eso la estaban buscando para matarla a ella.
Le pedí ayuda al coordinador.
Ella pidió que llamáramos a la policía.
Dijo que no quería hablar y por eso tuve que decirle a la policía, con ella aferrada a mi brazo, lo que ella me había acabado de decir y después tuve que repetirle lo mismo a "organismos superiores de seguridad".
En vista de la escasa asesoría tuve que recurrir a mi jefe de la universidad para que me indicara si había hecho lo correcto.
A la semana siguiente la estudiante estaba en el colegio
Buscándome por los pasillos
Como si nada hubiera pasado.
Tuve que decirle al coordinador que si no se hacía ningún proceso desde la IE (acompañamiento a ella, de algún tipo) yo iba a pedir incapacidad desde psicología porque así me sentía incapaz de trabajar.
Sólo así el rector se manifestó.
Yo por mi parte no buscaba, desde lo personal, generar espacios de cercanía.
Esto derivaba de manera terrible en mi evaluación de desempeño
Y eso me indignaba.
Un día me llamaron de una institución bastante destacada de la ciudad,
Me decían que les gustaba mucho mi trabajo y que me querían con ellos.
Lo pensé un rato y llamé a mi esposo.
Él me decía que por favor tuviera en cuenta la historia del acompañamiento a procesos complejos.
Me habló de la valoración que tenía que hacer yo misma de mi propio trabajo.
Que si era sensata me daría cuenta de que no había argumentos para declinar a dicha propuesta.
Entonces hice la carta de voluntad de traslado.
Dos semanas después, al decirle a mi jefe que me iba,
Que en otra institución querían trabajar conmigo
Su trato hacia mí cambió
Fue como si de repente comenzara a verme.
Pero ya era tarde.
Ya me había ido.

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