Al finalizar, mientras nos cepillabamos, ella me preguntó: "mami, qué voy a hacer cuando papá y tú mueran".
Yo, me paré derecha, y alcé el rostro como tratando de coger aire.
Mi niña está creciendo y sus comentarios y preguntas son la señal más clara.
Lentamente se hace consciente del entramado vital y sus preguntas comienzan a dejarme perpleja.
Pero tal cual lo plantea Serres en el contrato natural, fue mi primera oportunidad para directamente comenzar a conversar sobre esos temas vitales de los que nunca me hablaron cuando era niña, sin cierta subestimación, que supongo culturalmente heredada.
Nos sentamos en el suelo y hablamos. Siento que fue la primera vez que debo desnudarme tanto en una conversación.
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