Tuve que explicarle a los niños que pasaría y ellos permanecieron en la habitación mientras ayudaban a Pepe a "dormir".
Es la primera vez que veo a un ser morir de forma tranquila. Fue muy, muy, muy doloroso ver como su respiración se apagaba y su corazón latía cada vez con menos fuerza.
Pero la vida no para, hoy estamos en casa, de nuevo en toque de queda y deberemos permanecer dentro durante tres días.
Hay un aliciente y es que esta vez la casa está llena, aunque nos faltan dos, uno está lejos y otro acaba de partir para fundirse con el todo.
Gracias por venir Pepito!
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