Él es un padre mayor que más bien es como su abuelo.
Ellos son dos niños sin reglas, sin ley y sin acompañamiento, sobre todo en momentos tan complejos como estos.
Ella decidió dejarlos con su padre y desentenderse de su labor materna.
Nosotros, Leo y yo, nos desesperamos a ratos, porque nos toca hacer de padres, acogerlos en nuestros brazos, reprenderlos, manifestarles afecto y hasta estar pendientes de las medicinas que no les han brindado.
Estamos rodeados de padres que se encargan de sus hijos solos y cuando llegamos a algún lugar debo ejercer, de forma compartida la maternidad, ya no solo con Anna, sino con aquellos niños que llegan a compartir con ella y que viven sin sus madres.
Ellos son silenciosos, nunca las nombran...pero reciben con el corazón abierto, cualquier mimo materno.
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