viernes, 25 de noviembre de 2022

Without face

Es la cuarta vez que nominan una experiencia en la que he trabajado y la cuarta vez que gana. Nunca había ido. Me quedaba en casa y me tomaba unos tragos con Leo y mi mamá.

Ayer, por primera vez fui. Éramos muchos y creo que era necesario vernos y reconocer el esfuerzo que demanda esa maratónica labor.  Labor de la que siempre nacen preguntas, pero también propuestas. El colectivo me convocó y por fin decidí participar.

No se me vuelve a ocurrir ir. Es el plan más aburridor de la vida. Mucho brillo, show, pantalla y frivolidad. A la gente le gusta tomarse fotos con avisos rimbombantes y contarle a todos que los premiaron. Yo no lo entiendo, me gusta el silencio y la invisibilidad. Y esa es una característica que se ha ido marcando cada vez más con los años.

Reconozco que me gusta participar y que, cuando los evaluadores lo consideran, reconozcan el trabajo, pero eso de ponerme en medio de ese Performance tan cagado no me divierte. No cuestiono que a otros les guste, de hecho, me gusta que lo disfruten, pero no es mi caso y no quiero ni pensar si es entendible o no para mi entorno.

No vuelvo a ir. Me gusta más mi Performance tradicional. Ese de quedarme en familia y si es el caso celebrar con aquellos que me aguantan como esté, mientras me dejor ir por la vida haciendo lo que siento, si importar que eso implique o no reconocimiento. Aunque confieso que, cuando lo hay, me gusta que se sin rostro. 


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Y me llegaron mensajes increíbles, que conmovieron mi espíritu. Estoy muy agradecida con este camino... ...