De regreso de Iquique, en mi última noche en Chile, pude ver el cielo desde el bus.
Mientras pasábamos entre las montañas peladas y áridas, pude ver sobre nosotras, menos la sur que desde casa, el escorpión.
Este viaje fue un ejercicio de creación, no académica, sino mágica...literalmente estaba poniéndome a prueba, para saber si eso de montarse en la ola realmente funciona. Mi historia en Chile fue una completa fábula. Quería conocer personas admirables y no necesariamente tesas académicamente y me recibió, en su casa, una mujer que ha trabajado durante más de 28 años con población aymara, es increíblemente buena escucha y sus historias y conocimientos son una fuente de sorpresa a la mano.
No tuve dificultad alguna después de haberle entregado a la vida la posibilidad o no de ingresar al país...
25 días después de estar en Chile, regreso con ganas de ver el verde de mi país...y a cambio de eso pude ver el Amazonas...ese brócoli interminable que llena de esperanza...
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