Nuestra cama es el lugar que más huele.
Confieso que he tratado de rastrearlo en silencio, porque es como una presencia nueva a la que todavía no me adapto.
Pensé que era Leo. Pero llevo días tratando de buscar en él sin obtener resultados.
Hoy Anna llegó cansada y se quedó dormida. Ella llega del colegio a veces llena de mugre. Se notaba cansada. Incluso me contó que algo la picó y por eso tuvieron que quitarle unas tunas con cinta porque eran casi imperceptibles. Se notaba que había llorado.
Cuando se despertó se acostó sobre mí y fue entonces cuando pide sentirlo. Es su sudor.
Huele fuerte y pesado. Su olor está convirtiéndose en el de una persona grande.
Tal y como ha sucedido con su presencia, su olor también ha venido ganando espacio en esta casa. Tardé días en encontrar la fuente.
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