Me dijo que estaban muy secas, que las había traído para que sintiera ese "crunch" que tanto amo sentir al pararme en ellas.
Entonces, antes de dormir, en su compañía, puse las hojas en el suelo y, aprovechando el silencio de la noche, me paré en ellas, dejando bajar lentamente mi pie, para que la sensación durase un poquitico más. Fue el "crunch" más lento y contundente que he escuchado.
Amé mi regalo de hoy y amo que mi hija sepa algunas cosas simples que me generan auténtico gozo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario