Comenzamos a subirlo, caminamos mucho rato, desde las 9:00 am hasta las 3:00pm. Todavía nos faltaba una hora y era la más compleja y larga de todas.
Anna, ya viendo la cabaña en lo alto, exhausta, me pidió de regresáramos a casa.
Me detuve y la escuché.
Estaba rendida, le dolían los pies y quería descansar.
No tenía argumento alguno para comparar mis reservas de energía y de voluntad con ella.
No era necesario.
La sabía más pequeña y con un hermoso y potente río que crecía a través de ella.
Ningún proyecto, ninguna persona y ningún paisaje podían pasar por encima de ella.
Quería que pudiera sentir que ella era quién sabía qué decían su voluntad y su cuerpo en la medida en la que se leía a sí misma.
Entendí que no eran las condiciones para ingresar.
Tomé nuestras cosas y nos devolvimos.
Pero este día dejó varias marcas que quiero que sigan estando presentes.
Fue en día en el que la pasamos juntas, muy juntas.
Que a pesar de distanciarnos y conversar con nuestros compañeros, siempre volvíamos o adelantábamos para saber cómo y con quién estaba la otra.
Nosotras juntas éramos nuestro hogar estando ahí.
Nos apoyamos todo el tiempo.
Tuvimos cinco regalos impresionantes:
El primero, paisajes imponentes que pudimos apreciar y que nos llevaron a percibir lo sublime, en la medida en la que nuestros pasos guiaban el camino.
El segundo, que fue no llovió. Caminamos en un día seco, a pesar de la época de lluvias. Sabemos que eso lo hizo más cómodo.
El tercero, fue que antes de comenzar a subir lo que faltaba, con ella a-go-ta-da y tratando de recargar energías, apareció, de la nada una persona que podía guiarnos de vuelta al pueblo.
El cuarto, fue que ya de regreso, solas en el bus, un atardecer precioso se manifestó frente a nosotras. Recostadas en los asientos, con los zapatos mojados y las medias sucias metidas en ellos, muy pero muy cansadas, amamos sentirnos juntas juntas.
El quinto, fue la luna llena, que nos dejó ver su rostro cuando estábamos a punto de llegar a Medellín.
De regreso, tenía muchas preguntas, las primeras eran por los menores que estaban con nosotros y lo que cada edad y experiencia potencia para que sean ellos. Por un lado, por los estudiantes que se quedaron con Robinson (era una responsabilidad compartida), y la otra era por Anna, y es que a pesar de que sabía que estaba trabajando, confieso que ví en esta salida, en ninguna antes, la posibilidad de llevarla, para que se sumergiera en lo que pasa cuando se hacen proyectos con los estudiantes.
Y las segundas, porque me quedé pensando en Robinson, en lo que leo de él: la pasión que se contagia cuando una persona ama algo, la sensibilidad a la escucha del mundo cuando sus señales nos transforman desde las filigranas más íntimas y cuando cuando las dos primera se vuelven una clara señal que nos permiten saber desde dónde podemos brindar- nos al mundo, nuestra potencia creativa desde lo más profundo de nuestra alma.
El mundo me mandó muchos mensajes y yo tengo muchas preguntas.
Estoy un poco abrumada.
Pero sé que si las dejo florecer, en mi espíritu, voy a poder transformarme atravesándolas.
Está acabando el día y sé que en el fondo, mi mayor inquietud fue resuelta:
Sigo sintiendo que una de las cosas que me permiten caminar sin abandonarme a mí misma, es que debo abandonarlo todo cuando el vínculo amoroso, cuidadoso y nutritivo, que en mi caso sólo nace de lo reflexivo (porque eso, desde los recuerdos construidos de mi percepción de realidad- que siguen siendo señales para leerme y a volver a pasar por la el corazón, por ende por el cuerpo - me llevan a sentir que estoy en un contexto que me seca el espíritu.
Sentí claramente que el cole, como siempre está en partos, transformándose y simultáneamente siendo.
Pero yo me estoy sintiendo poco creativa.
un poco agotada, de hacer sin tener el tiempo de detenerme y reflexionar.
Puede que ahora, en esta edad,
8 años después de llegar al colegio.
Pero es que la vida me atraviesa y, ahora, tengo una adolescente, de esas de las que supuestamente soy capaz de acompañar a diario, en lo que la vida me asigna y la naturaleza del vínculo (y de lo que construyamos juntas) puede potenciar.
Sienta que mi potencia en este momento tiene que ver son reflexionar (eso que tanto pido) y dejar que esas construcciones, que solo suceden cuando nos permitimos el encuentro transparente con nosotros mismos y con los otros. Pero esto, sin existe la posibilidad, debe aprenderse en familia. Por eso siento que hoy solo quiero reflexionar sobre cómo todo eso que he pensado y pienso florece, pero esto es reconociendo que ella, él y yo, somos un acontecimiento (en nuestras propias vidas) en el que he depositado mi fuerza vital, a veces apegada, porque sé que son mis propios límites y, con los años, he entendido que asumir postura ha sido una de las fuerzas más profunda y amorosa que he puesto en las cosas en las que me empeliculo a construir.
Nada es un motivo más valioso que ese. Es un hecho, la decisión está tomada.
Todo es muy claro.
"Debo irme".
Fue el susurro de mi propia vos que el páramo me susurró en la distancia.
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