jueves, 22 de enero de 2026
Hoy cumplo 41
domingo, 11 de enero de 2026
lunes, 5 de enero de 2026
Mis ganas de aprender a contemplar
El propósito que planeé para guiar mis pasos en el 2025 fue aprender a contemplar. Quería cultivar una existencia contemplativa, pero terminé desviándome; ningún verbo podría definir, como antítesis más clara, lo que en realidad hice.
Con los días me enredé en los afanes cotidianos, dejándome llevar por una urgencia que me hacía sentir constantemente en deuda. Esta implacabilidad de carácter en busca de la "acción" se vio reforzada por una tendencia perniciosa de no dejar nada para después —hábito heredado de la crianza de mi madre y mi abuela Moncha—. A esto se sumó la vivencia del proceso doctoral, que me mantenía en un rumiar constante; mi afán por no dejarlo a medias ni prolongarlo eternamente me llevó a desarrollar un sentido de la responsabilidad urgente: esa que no se detiene ni espera.
Desde el comienzo del año me dediqué a "hacer", asumiendo responsabilidades inmediatas con un nivel de exigencia desbordado. Caí en el despropósito de creer que debía hacer ciertos sacrificios, especialmente académicos, solo por haberme ausentado de las aulas mientras buscaba esa pregunta vital que, eventualmente, se volvió la excusa para tomar en serio mis inquietudes y el ejercicio conscientemente espiritual de resolverlas.
Afortunadamente, y como parte de un juego absurdo, siempre he tenido claro que lo primero es conservar la salud mental. Por ello, negocio conmigo misma y he aprendido a ceder cuando sé que, de seguir ciertos ritmos, es mi propio bienestar el que pende de un hilo. No obstante, creí que habitar la contemplación era como cualquier otro verbo: algo que solo requería ponerse manos a la obra y ejercerlo de manera mecánica. Menuda tarea la que me impuse.
Es por esto que este año mi propósito sigue siendo el mismo. Todavía no he logrado que la contemplación se cuele en mis días de forma regular y, para que suceda, hay errores que no puedo permitirme repetir:
No necesito detenerme por completo para estar en Actitud Contemplativa (AC). Solo debo reconocer el nivel y el ritmo de lo que hago, conservando la premisa de actuar con amor y sin olvidar que este siempre conlleva una dosis de placer. Solo hace falta clarificar cuáles son las cosas que realmente me nutren.
La contemplación es un estado interior en el que el "todo" atraviesa mi alma. Debo revisar mi activismo constante y aprender a pausar. Si bien la acción me ha permitido crecer y florecer, ese desarrollo también se genera en la quietud. Lo más importante es que mi corazón se sienta activo, ya sea en el silencio o en el movimiento.
La meditación no es un requisito excluyente para contemplar. Lo que me impidió llegar a la AC fue creer que solo podía lograrla mediante la meditación formal. En el fondo, esto se sustenta en la falsa idea de que estoy separada del "todo". No hay separación alguna, y debo ser capaz de sentir esa unidad incluso en medio de la acción.
La contemplación no es una herramienta para la creatividad. Sin reconocerlo, le estaba asignando a la AC la labor de movilizar mi disposición al acto creativo. Sin embargo, en los pocos momentos en los que logré contemplar, simplemente me sentí parte del todo; eso puede, o no, tener efectos creativos secundarios.
Hoy cumplo 41
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