sábado, 14 de diciembre de 2019

viernes, 13 de diciembre de 2019

Grow

Hoy Anna y yo vimos la película Klaus.
Al finalizar, mientras nos cepillabamos, ella me preguntó: "mami, qué voy a hacer cuando papá y tú mueran".
Yo, me paré derecha, y alcé el rostro como tratando de coger aire. 
Mi niña está creciendo y sus comentarios y preguntas son la señal más clara. 
Lentamente se hace consciente del entramado vital y sus preguntas comienzan a dejarme perpleja. 
Pero tal cual lo plantea Serres en el contrato natural, fue mi primera oportunidad para directamente comenzar a conversar sobre esos temas vitales de los que nunca me hablaron cuando era niña, sin cierta subestimación, que supongo culturalmente heredada.
Nos sentamos en el suelo y hablamos. Siento que fue la primera vez que debo desnudarme tanto en una conversación. 
Amé cada palabra suya y sentí cada palabra mía. 

lunes, 2 de diciembre de 2019

Sensaciones de tiempo

Tenía la garganta seca. Un mareo leve y somero escalofríos. Pero sabía que no estaba enferma. Eran los días del mes, pero sabía que no eran el origen de aquella sensación.
Era perfectamente consciente de que venían días en los que la alegría y la sensación de comunión con los otros, con esos que antes ocuparon mis días y que ahora están distantes, se fugarían rápido. Porque el tiempo que se disfruta tanto se agota velozmente. 

viernes, 8 de noviembre de 2019

Rascando el tiempo

Esto fue algo que escribí el año pasado... Era hora de rescatarlo. 

Ahora tengo una concepción diferente,
el tiempo. Ya no me importa si estamos en fiestas decembrinas,
son incípidas. 
Lo realmente me resulta especial es estar cerca de las personas que amo.

Como he cambiado. 
Como cambiamos.
Como ha cambiado él también.

Ahora parece vernos más.
Sus ojos se posan más en nosotros,
Sobre todo en ella.
Ahora no sólo somos una presencia deseada sino también añorada.

Ella se lleva los créditos en todo esto.

Hoy estuvimos con ellos.
en casa
tan juntos.

El llevó para ella faroles y velas
y juntos nos reunimos frente al fuego.

Es muy evidente su dolor.
pero se niega a acostarse
a dejar de ir al negocio.

Su mano se posa constantemente sobre su cuello.

Su rostro refleja un constante dolor, pero él no se detiene.

Quiere estar aquí a toda costa.
parece querer arañar el tiempo
o quedarse con un poco de líquido vital retenido entre los dedos.

Abuelo, padre e hija
Jugaron mucho tiempo
hasta que a ella la venció el cansancio.
Entonces él se fue.

Su batalla seguía. 
Y él si que sabía de luchas silenciosas.

sábado, 15 de junio de 2019

Deprisa como el viento

El tiempo pasa demasiado rápido.
Ahora ella manifiesta su voluntad autónoma y contundente.
Preocupada por su estado de salud decidí que mi viaje sería un día más corto. Pero ella, al sentirse mejor, decidió que el acuerdo de estar dos noche con la abuela no debía romperse. Me dejó estar pendiente de ella, en la distancia.
Hace muchísimo tiempo no sentía que un pedacito de mí se rompía...

martes, 28 de agosto de 2018

Respiro vital

Era 18 de agosto de 2018.

Íbamos rumbo al golfo de Morrosquillo a celebrar el cumple de Dani, una prima que venía de Atlanta.

Era una mañana muy calurosa.

Unos cuantos segundo antes del suceso, no sé por qué, comencé a recordar un accidente que presencié muchos años atrás, en la vía a Cartagena.

Yo iba sentada adelante, en el asiento del copiloto, pero podía sentir las manitos de Anna, tratando de asirme desde el asiento trasero derecho. Nunca había hecho algo semejante.

No pude soportar estar lejos de ella y le dije a Ronald que cambiáramos de puesto para poder acoger la niña en mi regazo.

Hicimos el cambio con el carro en movimiento y sin contratiempo.

Minutos después Leo comenzó a perder el control del carro. Trató, sin resultados, de controlar el rumbo, pero supo que no podría sostenerlo por mucho tiempo más y encaminó el vehículo hacia el pasto que había después de la berma derecha. En la maniobra perdió el control y el carro se volcó de costado sobre unos escombros arrumados entre la hierba que crecía desordenada.

Segundos después estábamos de cabeza. El carro, después de deslizarse unos instantes, al fin se detuvo.

Leo y Ronald se soltaron de los cinturones y preguntaron a los demás si estábamos bien.

Alejo, en medio del pánico, no sabía cómo quitarse el cinturón, por lo que tuve que presionar el botón que lo dejaría libre.

Pero Anna y yo estábamos enredadas en el cinturón, y ella estaba en un shock de pánico. No paraba de gritar angustiada pidiendo que la ayudáramos a salir de allí.

Alejo y Leo tuvieron que ayudarla a calmar para sacarla del enredo en el que estábamos metidas.

Después de unos eternos instantes pudieron sacarla.

Minutos después pude salir yo.

Una vez que pude afuera, quise abrazar mi percepción del cielo. Pude sentir la añoranza de sensibilidad del mundo que me agobió durante aquel suceso.

Tenía mucho miedo y un fuerte nudo en la garganta se emanaba desde mis entrañas y simultáneamente las oprimía.

Pero al dejar de mirar el cielo, pude verla allí, sola, expuesta al sol, completamente confundida y llorando descontroladamente. Sosteniéndose en pie, junto a un carro que antes había representado (supongo) un lugar seguro.

Tuve que mandar mis ganas de llorar a la mierda para acoger las de ella. Y ya no pude soltarla hasta que se fue (tres días después) a su espacio escolar.

Hoy, dos semanas después, Anna todavía nombra aquel asunto.

A veces llora en las noches.

Y aunque todavía no se ha montado en el carro de nuevo, sé, que como en el viaje de retorno a casa, va a confesarme al cerrar la puerta, que no quiere que pase de nuevo.

lunes, 30 de julio de 2018

Hoy solo hay oscuridad
que llega a pesar de la consciente omisión
de que trato de ponerle sentido a todo.
Hoy el sentido no está escondido,
está ausente.
También debo encarnarlo.

Hoy cumplo 41

Y me llegaron mensajes increíbles, que conmovieron mi espíritu. Estoy muy agradecida con este camino... ...