El piloto, estaba loco (por lo menos para mí), eso me hizo pensar mi hermano mientras se sumergía en el caos vehícular del sur de la ciudad a eso de las horas pico. La cantidad de carros hizo que se me alargaran las distancias y hasta pude pensar que íbamos para la "puta mierda", pero no, terminamos llegando a "otra parte".
El lugar estaba atiborrado de gente y las mejores mesas estaban ya ocupadas, pero como dice mi mamá: "al que le van a dar le guardan". Increíblemente los mejores lugares, en este caso en la barra, estaban desocupados y listos para nosotros.
El ambiente fue sencillamente mágico, nos dejamos transportar por las notas musicales hasta lugares recónditos de la imaginación, lugares que solo se evocan a través de los recuerdos y por medio de las letras escritas repasadas desde la infancia, lugares visitados por personajes mágicos que para algunos tristemente nunca han existido.
Fue una buena noche, desde nuestro palco VIP pudimos ver desde las caricias que le propiciaban tiernamente al piano hasta las miradas cómplices de los integrantes del grupo. Expresamos al máximo nuestro boyerismo siendo expectadores de la vida de otros: Disfrutando del acelere colectivo de las nenas de la barra, viendo los rostros espectantes y generalmente tranquilos de los asistentes...dejándonos invadir por la música nórdica, acompañados de cerveza y en algunos ratos leyendo una particularmente buena carta en la que se ofrecían las bebidas.
Yo no lo conocía, nunca antes me había provocado ir a pesar de mi honesto amor por las letras de Fernando Gonzalez; no me arrepiento de no haber ido antes, supongo que no estaba preparada para disfrutarlo tanto como pude hacerlo ayer.
Un abrazo a mi acompañante.
1 comentario:
voyeristas...
El encuentro de la vida y del azar
Publicar un comentario