miércoles, 29 de agosto de 2007

De cuenta del tráfico

El problema de movilidad en la ciudad es un asunto que está poniéndonos los pelos de punta a los ciudadanos de valle del Aburrá lentamente, las calles de la ciudad permanecen congestionadas el 90% del tiempo y la paciencia de los motorizados se agota en cada semáforo o en cada trancón del que ya no se salvan ni las vías rápidas.
Después de una diplomática “junta” que me arrebató tiempo hasta que ya no quedaban ni vestigios del sol me desplacé hasta los confines sureños de la ciudad. Mamada, medio ciega (como siempre) y con el estómago completamente vacío. Con ganas de bañarme, de acostarme un rato a dormir, de dejar que el tiempo se consuma sin ayudar a que su trayecto sea más provechoso y como si fuera poco con mucho que estudiar. Locha era lo que tenía y de esas bien arraigadas.
Lamentablemente, las ganas de hacer pereza deben ser sólo un proyecto aplazado. Sin embargo es difícil no divagar un poco y escuchar las voces de lo que el inconciente quiere manifestar. Estoy inquieta, quisiera por lo menos hablar pero aquí no hay nadie. Entonces recuerdo algo bien particular que sentí esta semana y es de eso que quiero hablar (que dilate tan largo!): Es una situación atípica a la realidad que hasta hace poco fue mía. Tuve que desplazarme hasta la Universidad un sábado, en medio de la lluvia y de un espeso marasmo de carros, tractomulas y camiones. Una eterna ciudad móvil de edificios gigantes en su mayoría, que dejaban diminutas calles entre sí en las que a duras penas podía desplazarme en mi súper "ninja roja". No pude evitarlo, a mi mente acudieron imágenes vistas en la prensa, sucesos ocurridos en el transcurso de la semana, accidentes catastróficos ocurridos en Amagá y cerca al túnel de occidente. Uno completamente compacto y hecho añicos entre dos volquetas, otro donde la interminable fila de autos ya hechos trizas era acompañada de la fila de cadáveres trágicamente filados a los lados de los respectivos autos.
La sensación de vulnerabilidad era embriagante, el caos vehicular acompañado del ruido y los rostros impacientes que sin darse cuenta me tenían a merced suya era aterrador. Yo no importaba y no tenía porque. Era invisible, diminuta e increíblemente inerme. La certeza de que la muerte puede ser una de las posibilidades era abrumadora. Sin embargo la lucha por la supervivencia argumentada con la esperanza era aun más alentadora. Los grandes rascacielos me cerraban el paso y me arrinconaban mientras las llantas de la moto inútilmente se aferraban a un suelo volátil.
Finalmente, y como podemos hacer los motociclistas pude escapar de la inmensa ciudad móvil y de paso de mi claustrofobia. No pude llegar temprano, pero llegué viva y con los nervios intactos.
Pd: Si mi claustrofobia se activa solamente en medio del caos vehicular no quiero ni pensar que pueda suceder con mis nervios si Luis XV es elegido nuevamente y me toca sollarme el primer piso del trayecto Sn Diego- poblado por escasez de fondos para poder subirme al segundo piso de la ciudad.

martes, 21 de agosto de 2007

Mala decisión

Gracias a mi desidia motriz, y hablo de desplazamientos forzosos en busca de "ejercer" la democracia, inscribí mi cédula en el municipio donde resido ahora.Por razones de desinformación tengo el grave problema ahora de no tener ni la más remota idea quienes son los aspirantes a la alcaldía del municipio sabaneteño, ni siquiera conciencia de las gestiones administrativas que ha hecho el alcalde del momento....Nada! no tengo idea de donde ando parada, a duras penas sé la dirección de mi casa!!!...
Ahora bien, mi campo de "acción" es Medellín, lugar donde estudio, trabajo, donde vive mi mamá, en fin el municipio donde paso el 90% de mi tiempo...En fin fue una mala decisión, pero bueno ya que le hago pues?

jueves, 16 de agosto de 2007

Acurrucado en sus piernas,
pink tomate trataba de ronronear como en los viejos tiempos.
Pero Amarilla ya no era la misma,
ya no sentía el olor del viejo Pink.
El gato seguía oliendo igual,
era el olfato de amarilla el que había cambiado...

lunes, 13 de agosto de 2007

A propósito de la inclusión, de la aceptación de las diferencias de la inclusión, de las relaciones con los demás, con los otros...
Estoy ausente, mi mente trabaja en ello, en reconocer lo foráneo, lo otro, el otro; esa parte externa que logra fusionarse con mi mismidad y momentáneamente completarme a través de sus experiencias y sus perspectivas.
Lo busco pero no lo espero, y estoy siempre debatiéndome entre esto y aquello, aquello y lo otro, lo otro y el otro. El otro, ese extraño desconocido que se inicialmente se ofrece sin barreras ni límites que fragmenten lo correcto de lo incorrecto. Anhelo verme reflejada en lo otro y en el otro, comprenderlo y comprenderme a través suyo; pero escapa y se confunde con todo, se vuelve parte del medio. Eso me distancia, no puedo acercarme a él para reflejarme en su mirada, ni para percibirlo, escucharlo o adivinarlo... Lo espero tratando de atarlo a una vana realidad que parece no pertenecerme. Pero es inútil, no puedo definirlo, enmarcarlo ni limitarlo.
Todo el tiempo me someto a los estímulos de lo externo y en medio de las interacciones lo otro viene y sútilmente se fusiona conmigo. Momentáneamente lo reconozco y puedo trazar tímidos rasgos que dibujan una idea que define uno de sus innumerables perfiles....Pero es inútil, no puedo aprehenderlo completamente. Por eso estoy ausente, mi mente trabaja en ello, en reconocer lo foráneo, lo otro, el otro.

lunes, 6 de agosto de 2007

TRAGEDIA

María Olga es una mujer encantadora. Especialmente la parte que se llama Olga.
Se casó con un mocetón grande y fornido, un poco torpe, lleno de ideas honoríficas, reglamentadas como árboles de paseo. Pero la parte que ella casó era su parte que se llamaba María. Su parte Olga permanecía soltera y luego tomó un amante que vivía en adoración ante sus ojos.
Ella no podía comprender que su marido se enfureciera y le reprochara infidelidad. María era fiel, perfectamente fiel. ¿Qué tenía él que meterse con Olga? Ella no comprendía que él no comprendiera. María cumplía con su deber, la parte Olga adoraba a su amante.
¿Era ella culpable de tener un nombre doble y de las consecuencias que esto puede traer consigo?
Así, cuando el marido cogió el revólver, ella abrió los ojos enormes, no asustados, sino llenos de asombro, por no poder entender un gesto tan absurdo.
Pero sucedió que el marido se equivocó y mató a María, a la parte suya, en vez de matar a la otra. Olga continuó viviendo en brazos de su amante, y creo que aún sigue feliz, muy feliz, sintiendo sólo que es un poco zurda.
Vicente Huidobro

Hoy cumplo 41

Y me llegaron mensajes increíbles, que conmovieron mi espíritu. Estoy muy agradecida con este camino... ...