martes, 9 de octubre de 2012

A Balthor...Un beso y un adiós.




Él, llegó a casa cuando menos esperábamos por cuestiones azarosas que sólo podemos explicar por medio de las coincidencias. Lo traían mi padre y mis hermanos luego de una extenuante jornada laboral en el taller que lo vio nacer. Era un cachorro diminuto con el pelo rubio, cruce de 25 razas puras con las orejas caídas. Yo, tenía nueve años en esos días. Balto, se llamaba, en honor a un perro protagonista de una película animada, que salvaba un pueblo aisladísimo en el norte de Canadá.
Fue fácil encariñarnos al extremo y en esa medida criarlo como no se debe criar un perro no  se nos hizo difícil: Se subía a las camas y a los muebles de cualquier casa, sin importarle si era o no permitido. Comía las mismas veces que comen los humanos, pero siempre esperaba que le dieran las sobras de la comida para después acabarse la suya. Dejaba todo lleno de pelos, y ese era el rastro que lo seguía a todas partes. Creía que podía enfrentarse al cualquier perro o gato y lo hacía a través de su fuerte ladrido, erizando todo el pelo de su espalda para ocultar su miedo latente. Muchas personas lo odiaban porque se creía el jefe de relaciones públicas y demandaba siempre algo de cariño a todas las personas que venían de visita a casa. Pero era una excelente compañía, podía sentarse a tu lado a verte llorar y a veces llorar contigo, saludarte todas las veces que llegaras a casa en un día como si no te hubiese visto en años. Cuidarte de los extraños, aunque si esos extraños lo sobornaban con un poco de afecto él se dejaba vencer con facilidad. Te acompañaba a dormir en la noche y se recostaba con fuerza en ti para no permitir que la soledad se colase por ningún orificio de la cobija. Se comía la comida que no te gustaba y por eso siempre quedabas bien con cualquier chef de turno.
Pero la tierra reclamaba su presencia y por eso, después de 19 años de compañía tuvo que irse. Ahora sólo queda el lugar vacío de los espacios que ocupaba, en nuestra vida, en nuestra casa y en nuestro corazón. Con el tiempo sólo quedará en nuestra memoria y los pelos que dejaba por todas partes irán desapareciendo como él. Es necesario agradecerle por toda la compañía y tener presente que lo llenamos de amor y que hicimos de su historia, un relato digno de contar.

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Y me llegaron mensajes increíbles, que conmovieron mi espíritu. Estoy muy agradecida con este camino... ...