Estos días, por cuestiones de
desempleo, ando con mucho tiempo libre. Con mucho tiempo para mí. Con tiempo
para leer. Con tiempo para dejar pasar el tiempo y dejar que el silencio se
apropie del espacio. Con tiempo para cocinar. Con tiempo para dormir. Con tiempo
para pensar. Con tiempo para mirar las nubes..ahhhhh!!…con tiempo para mirar
las nubes. Con tiempo para verlas moverse por el cielo algunas veces rápido y
otras veces lento. En ocasiones con tiempo para verlas amontonarse como bolas
de helado que dejan pasar algunos cuantos rayos de luz al atardecer. Y he
tenido tiempo para abstraerme y observar cuando el ambiente permite que se
generen esos instantes íntimos en los que se recarga mi energía y que hacen que vibren
esas filigranas delgadas, minúsculas y profundamente mías… es el tiempo en el
que las nubes se a tornan grises y el aire se impregna de agua. Cuando la
lluvia se hace inminente.
En estos días, y por cuestiones
de desempleo, ando con mucho tiempo libre. Con tiempo para mí. Con tiempo para
oler el aire y mirar al cielo. Y cuando va a llover salgo a caminar. Sola, sin
sombrilla. Expectante de sentir como caen las primeras gotas, de sentir como el
asfalto comienza a desprender ese olor a asfalto mojado húmedo y la hierba
desprende ese olor a hierba mojada. Entonces el color de las calles se vuelve
más oscuro, y la gente se refugia en sus casas dejando la calle solo para mí y
para mi henchida felicidad.
En estos días he tenido tiempo
para sentir la cortina de nubes de abril que siguen al sol después del
equinoccio. Todas las tardes el cielo se torna gris y mi felicidad comienza a
crecer. Después de mucho tiempo, tengo
tiempo para salir a caminar y sentir de nuevo la lluvia caer sobre mi cuerpo. Nadie
me espera, no tengo afán de estar en ningún lado y al llegar a casa la ropa
mojada deja de ser un problema.
Ayer, mientras escuchábamos caer
la lluvia, mi madre recordaba como mi hermano menor y yo teníamos el ritual de
quedarnos bajo la lluvia cuando éramos niños. Corríamos, saltábamos y en medio
de sonrisas dejábamos que el agua se nos metiera entre la ropa. Es
inexplicable, siempre ha hecho parte de mí.
Ahora es tarde, y las nubes han
empezado a tornarse grises, ya viene la lluvia, debo salir a caminar.

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