miércoles, 25 de diciembre de 2013

Construyendo la historia


Mi pasado está marcado por periodos de tratando de vivir fuera de casa. Nunca cuando estuve fuera había tenido una navidad sin importar con quien viviese.
Este año la historia fue bastante diferente, ahora siento que es necesario edificar en mi hogar esos espacios para compartir que fabricaron millones de sensaciones en la infancia y que se quedaron a vivir conmigo, como parte constituyente de mi ser, que sólo retornan los fines de año.
Como estrategia de comenzar a construir traté de elaborar manualmente algunas de las cosas que no quería comprar procurando darme espacio para la creatividad y de aprender haciendo. Así que este año la navidad en nuestra casita no llegó de la tienda, la hicimos nosotros y los espacios para compartir se planearon y se disfrutaron sagradamente.
 
                                                   

Es la vida misma con su compañero inseparable el tiempo, la que opera estos cambios y su fruto ha sido el nivel de introspección, que viene aumentando en las fiestas de la natividad, que parece generar cierta disposición hacia los orígenes, hacia la memoria aliada a esa búsqueda de lo que soy, por eso retorno a las personas que acompañaron los primeros años de mi vida y a mis ancestros.

Simultáneamente se me hace necesario mirar el ahora para continuar la resignificación y la consecuente construcción de los vínculos que permanecen de forma voluntaria y los caminos de la sangre que se bifurcan: la pareja, los amigos y los nuevos integrantes de casa.
Agradezco infinitamente el año que termina ya que vino cargado de aprendizaje que se ve reflejado en una actitud diferente con la vida y por ende en la disposición misma para vivir.

Agradezco totalmente el proceso y la forma en la que se estructura mi camino. El aprendizaje sigue llegando!!!



 







jueves, 19 de diciembre de 2013

Hache dos O!

Yo no sé si ir a la piscina sea un viaje tan emocionante para todo el mundo como lo es para mí, no se si sea un super paseo o sólo un rato de esparcimiento, pero para mí es casi como ir a una cita romántica o a un encuentro con un alguien que mueve mis entrañas ¡es sencillamente emocionante!
Siempre es un buen día para ir a la piscina, aunque debo reconocer que existen contundentes excepciones: los días de tormenta eléctrica o los días en lo que hay disturbios en la universidad.
Todo lo que tiene que ver con ella es un ritual: dejar de tomar o comer cualquier cosa por lo menos 1 y 30 minutos antes, repartir el bloqueador por la piel un rato antes para que sea absorbido y caminar hasta la universidad por las calles de una ciudad lluviosa o soleada (no importa como).
Al llegar a la universidad los pasos se dirigen apresuradamente hacía el extremo noroccidental como una estrategia para calentar los músculos y después de cambiarme debo caminar desde el vestier hasta la piscina: unos días hay mucha gente, otros días hay muy poca pero siempre hay alguien, todo depende del clima, de la hora y hasta de los paros. Anteriormente me generaba un poco de vergüenza caminar medio desnuda en medio de un montón de gente vestida, pero con los años ésta ha ido menguando en la medida en la que ido llegando la aceptación y finalmente el amor por mi propio cuerpo.
Ya en el acceso a la piscina saludo al guarda y al salvavidas, entrego el carné y me ducho. Luego me desplazo hasta la piscina y busco un lugar entre los bañistas que ya están en el agua. 
Cuando encuentro un lugar el ritual se hace más tranquilo: me quito las sandalias y comienzo a estirar los pies: inicialmente los talones, luego las piernas y los muslos.
Comienzo a sentir esas partes de mi cuerpo de las que no soy consciente siempre.
Empieza a asaltarme la conciencia de que es mi cuerpo, que allí donde él está está mi vida y con la aceptación de mi cuerpo deviene el agradecimiento. Sólo soy yo, una  manifestación corpórea igual a todos los humanos en su particularidad única.
Sintiendo cada músculo suelo cerrar los ojos para sentir un poco más. Para sentirme y saber cómo estoy: es como una especie de saludo que mi cuerpo agradece y aprovecha para disponerse.
Me concentro más en la respiración.
Estiro la espalda, el abdomen y los laterales, aquí me detengo un poco en el estiramiento y aprovecho para mirar al cielo: unos días puedo ver el sol, otros puedo ver las nubes moverse y otro puedo ver y sentir la lluvia cayendo sobre mi cuerpo.
Finalmente estiro los brazos, los hombros y el cuello. De nuevo me hago consciente de mi respiración y trato de sentir los latidos de mi corazón.
Tomo asiento en el borde de la piscina y pongo los pies en el agua para aclimatarme.
Me pongo el gorro, limpio las gafas y les hecho un poco de saliva para que no se empañen. Me las pongo. Apoyo las manos en el borde (una junto a otra- con las palmas extendidas y los dedos apuntando hacia el lado opuesto a la piscina), doy media vuelta y mi cuerpo queda suspendido en el borde apoyado en las manos. Lentamente me dejo caer en el agua y me sumerjo completamente, para luego salir un coger un poco de aire y volver a sumergirme haciendo burbujas para tratar de regular la respiración.
Doy media vuelta y todo se torna de un color azulado y aquí y allí se ven las estelas de burbujitas que dejan los bañistas en su recorrido y que le dan al panorama un toque visual casi mágico mágico. 
Vuelvo a la superficie y me acomodo las gafas.
Me sumerjo nuevamente y flexiono las piernas, rápidamente las pongo en el muro, formando con éste un ángulo recto (pura exageración eufemística) y luego las estiro con fuerza para poder impulsarme y comenzar el desplazamiento.
Y empiezo a volar....a tratar de que mis brazos lleguen más lejos para arrastrar más agua y a dejar que mis piernas sepan acogerse al ritmo haciendo lo suyo.
Sólo escucho el sonido del agua, mi respiración y lentamente los latidos de mi corazón se van haciendo más perceptibles.
Nada de afán, sólo escuchar, respirar y por encima de todo: sentir. 
Y empiezo a encontrarme...a volar más alto...los parpados se ponen pesados y comienzan a cerrarse. Me abandono al ritmo de mi cuerpo.
En ocasiones comienzo a contar las idas y las vueltas (juntas son una piscina), otros días no cuento nada y solo nado viendo como las manos entran al agua dejando una estela de burbujas que luego se pierden debajo de mí, saco la cabeza al para aspirar aire y volverla al agua puedo ver el límite entre el agua, la tierra y el cielo. Otros días solo juego desplazándome sumergida casi en el fondo de la alberca y mirando la superficie.
Algunos días mis pensamientos vuelan, vienen y van. Otras veces se quedan conmigo quietos, agazapados en los inhóspitos recodos de la nada.

Cuando siento que ya no quiero seguir, me impulso y salgo del agua y vuelvo a mi estado terrestre, después de haberme sentido fluir e ir y venir a los distintos ritmos que llegan con los días.
Casi siempre salgo pensando que debo aprender a  fluir en la vida tal y como lo hago en el agua, sólo tengo que dejarme ir, aprender a confiar y a sentir tal y como lo hago cuando estoy en el agua.

sábado, 7 de diciembre de 2013

A los pollitos chillones...que se alejan por los meandros de la vida.


Verme en la necesidad de esbozar escritos que demandan toda mi emotividad hace que evoque situaciones que me permiten valorar, a la luz del presente, cosas que considero significativas. Fue así como para comenzar este escrito una situación simplemente vino a mi mente. No tengo como justificar su particularidad, sólo recordé algo y algunas reflexiones comenzaron a asaltarme. La expongo a continuación:
Un día, mientras ustedes presentaban un examen les dije que el planteamiento de ese tipo de pruebas tenía, por encima de cualquier otro propósito, el de enfrentarlos a situaciones en las que tuvieran que tomar decisiones valiéndose del conocimiento adquirido como su única arma.  Lo dije pensando que este tipo de pruebas pretenden simular situaciones problema, teóricas o prácticas, a las idealmente uno debe enfrentarse desnudo y siendo lo que se es. Por eso les decía que copiar sólo tiene sentido para un sistema censal, pero no para la vida, porque cuando nos enfrentamos a una situación problema, éstas suelen descubrirnos inermes en la intimidad de lo netamente personal y por lo general llegan para empujarnos a decidir, pero no hay forma de copiar. Este tipo de situaciones se van haciendo nuestro pan de cada día en la medida en la que vamos creciendo y superando escollos en la vida. Esa es una cosa que ustedes vienen viviendo en carne propia.
Pero ¿por qué hablo de las situaciones problemas y de la toma de decisiones? Porque creo que cuando el sistema educativo da a luz a las personas que atravesaron su camino, es porque idealmente los asume como personas que han superado procesos de formación que los hacen, por lo menos nominalmente; individuos aptos para tomar decisiones responsables en la medida en la que son capaces de analizar situaciones, reconocer contextos, identificar variables y hasta de formular propuestas respecto; las innumerables situaciones que la vida en comunidad representa. Por ente, y a través de este alumbramiento; les reconoce a ustedes como personas capaces de tomar decisiones importantes que determinarán su vida y las de las persona que los acompañan y que incluyen desde la decisión sobre una carrera hasta la decisión por la persona con la que decidan hacer apuestas de mirar juntos hacia un horizonte posible; eso sin saltarse las “pequeñas” decisiones que tomamos a diario y van desde como asumir un día de melancolía hasta el lente con el que miramos al mundo una tarde mientras vemos la lluvia caer.
Y es el asunto de la decisión en el que quiero centrarme, porque aunque sé que saben muchas cosas al respecto, considero fundamental recordarles algunas otras en un momento como este:
Vivimos para vernos a través de los ojos del otro y definitivamente, necesitamos de los otros para vivir. Siempre hay personas a nuestro alrededor y siempre, con cada movimiento que hacemos alguien se ve afectado, negativa o positivamente, pero afectado. Es necesario dejar de creerse esa mentira de que siempre no siempre somos conscientes de las consecuencias de nuestras determinaciones, la mayoría de las veces de antemano sabemos las cosas que hacemos y vislumbramos, aunque sea de soslayo, las posibles consecuencias que derivarán de ellas. Siempre, sin importar que muchas veces nos hagamos los locos las secuelas de nuestras decisiones están ahí, plasmadas en nosotros mismos, para asaltarnos cuando nos vemos a los ojos y para recordarnos cuando tenemos o no las cuentas claras con la vida. ¿Tiene sentido no escucharse sabiendo que lo que decidimos va a afectarnos y será nuestra entera responsabilidad, sabiendo además que no tenemos escapatoria de eso que va a determinarnos y que será el fruto de nuestras propias palabras y acciones? Escucharse es el único camino, la única manera de fluir. Tomar las decisiones pensando en las aprobaciones o siguiendo los ritmos de otros no tiene sentido puesto que hablamos de una senda que sólo nos pertenece a cada uno.
Dense siempre la obligación de decidir, pero al hacerlo recuerdo arroparse de humildad porque, a pesar de que queramos hacerlo muchas veces, la vida no se deja moldear por nuestros caprichos y somos nosotros quienes debemos dejarnos atravesar por ella…sin forzarla, sólo dejándola fluir y dejándonos llevar.
Retomando el tema de las situaciones problema quiero hablarles de una que ha atravesado mi existencia: ustedes como grupo noveno (bueno hablo de nuestro comienzo juntos). Porque mi historia con ustedes la recuerdo inicialmente como una situación problema que me generaba miedos y resistencias. Eran un grupo pesado que nos hizo pensar y re pensar estrategias, pero sobre todo pensarnos a nosotros como equipo de trabajo y, siento que personalmente fui muy atravesada por ese proceso. Al lanzarme a aceptar la coordinación de grupo, y recordando siempre las palabras de mi hermano cuando estábamos en dificultades, sabía que tenía dos alternativas a la hora de enfrentarme a ustedes: la primera era trabajar y ver el asunto sólo como eso, como si fueran un grupo más con el que ocuparía mi tiempo, o la segunda, y esta me remite a algunos diálogos con mi mejor amiga hace algunos años, cuando nos enfrentábamos discursos académicos que pugnaba por ayudarnos en el ejercicio de nuestra profesión sosteniendo que el contexto educativo es muy complejo y que para hacernos la vida fácil debíamos atender la premisa de no involucrarnos y permanecer al margen. Pero nosotras creíamos que no valía la pena hacer las cosas sin involucrarse, había que vivirlas, sentirlas y dejar que nos movilizaran y cuestionaran, después de todo son parte del camino, y la vida no es una camisa que te quitas cuando sales de casa y vuelves a ponerte cuando llegas del trabajo.
¿Cuál opción escogí? eso ustedes ya lo saben porque la vivieron y la sintieron. En esos días sabía y escuchaba muchas personas que más que contribuir a mi situación problema se engalanaban de los atributos de la experiencia de su camino y pero que olvidaban que ese proceso era único, por ser el nuestro, un proceso que solo era posible de encaminar a partir de los ángulos y arandelas con las que un caso único se gesta, y para acogerlo era necesario dejar por fuera las generalidades. Después de tomar la decisión me solté y dejé de vivir en la certeza, comencé a vivir con la dulce angustia de no saber lo que seguía, pero siempre sintiéndome responsable, con todos los ánimos y la voluntad de enfrentarme a lo que llegase. Creo que fue una de las decisiones más hermosas que he tomado, porque pude aplicar a mi vida esa teoría que me permitía posicionarme en un lugar algo horizontal del proceso de enseñanza, en lugar de ubicarme en la verticalidad de la autoridad. Sencillamente comencé a acompañarlos dejándome permear por esos instantes de vida que compartíamos y aprendí mucho en ese trasegar.
Debo confesar que hubo situaciones en las que no sabía si yo los acompañaba a ustedes o si ustedes me acompañaban a mí, porque a pesar de que nunca lo supieran la estadía con ustedes me hizo más fuerte, pero sobre todo me hizo saber que es posible meterse en la película de hacer las cosas como uno las considera correctas para enfrentarme al mundo poniendo la cara a través de los actos.
Ahora puedo decir que en momentos me resultó bastante emocionante, en otros angustiante, en otros divertido, decepcionante y hermoso, pero en todos los sentidos vivido hasta la médula. También debo decirles que, después de mi partida, al saber de ustedes, y escuchar de los procesos y las formas en las que lograron fortalecer vínculos, después de las segregaciones y escisiones que como grupo los determinaba, me alegraba enormemente, sobre todo al saber que lograron aprender a llevarse bien y a construir juntos partiendo de la aceptación de la diferencia, como en un principio nos tocó hacerlo. Es hora de llevarse ese aprendizaje y aplicarlo en todos los lugares donde estén, porque si en efecto lo aprendieron, ahora son responsables de ese conocimiento que los constituye. Tenga presente que el conocimiento genera responsabilidad.
Ya que pasaron los requisitos formativos, quiero decirles que me alegra poder verlos irse y perderse por los meandros de la vida, porque que sé que están preparados para tomar decisiones.
Para finalizar no quiero ni puedo darles consejos como dice Cabral: “nadie puede dar consejos, no hay hombre que sea tan viejo”, pero tal vez puedo atreverme a contarles algunas cosas que me han funcionado a mí y que han hecho de mi camino una historia hermosa…uno no sabe, a lo mejor les funcionen también:
Recuerden siempre que somos seres vivos, y que la vida es un hermoso proceso que no se detiene, no pretendan quedarse a vivir eternamente ninguno de esos momentos.
Amen mucho, busquen excusas para estar con los seres queridos, no para llenar los espacios de tiempo vacío, mejor búsquelos para vivir juntos intensamente las horas. Porque la felicidad está fabricada de esos instantes en los que nos sentimos cerca a los demás o de los instantes en los que nos percibimos íntimamente ligados a algo mucho más grande que nosotros mismos.
Lo reitero, amen mucho y agradezcan cada día de su vida y cada día que pueden compartir con los otros, porque recuerden: estamos vivos y no sabemos cuando acaba el viaje…
Y aunque, como dije antes, la vida está llena de incertezas hoy tenemos una y es que este tramo del viaje hasta aquí llega y yo agradezco infinitamente que nuestras sendas se cruzaran…. Feliz resto del viaje a los pollitos…los pollitos chillones.

martes, 3 de diciembre de 2013

Agradeçao

ÚÚltimamente siento como si acabara de nacer.
Como si tuviera que descubrir de nuevo todo.
Una necesidad imperante re-descubrirme en cada paso que doy.
En las mañanas,
cuando abro los ojos siento en mí la bendición de la vida
y la responsabilidad de saborearla hasta la médula,
agradeciendo cada instante como una posibilidad.
Extrañamente ha vuelto la sorpresa de las cosas cotidianas:
El atardecer
la lluvia
susurros de mamá por teléfono
la sonrisa de Leo en la mañana
los mimos de mis hermanos
los diálogos de Ary
los versos de los abuelos
la cercanía de amigos que se vuelven hermanos
sentir que vuelo mientras nado con los ojos cerrados...
Puede ser cierta apertura a la sensibilidad y
a la poesía que viene enredada en los frágiles hilos de la vida
que antes me resultaba invisible.
Ahora mi corazón se hinchan con relativa facilidad
y en silencio se conmociona.
La poesía y la sensibilidad están salvándome la vida.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Hoy cumplo 41

Y me llegaron mensajes increíbles, que conmovieron mi espíritu. Estoy muy agradecida con este camino... ...