Verme en la necesidad de esbozar escritos que demandan toda mi emotividad hace que evoque situaciones que me permiten valorar, a la luz del presente, cosas que considero significativas. Fue así como para comenzar este escrito una situación simplemente vino a mi mente. No tengo como justificar su particularidad, sólo recordé algo y algunas reflexiones comenzaron a asaltarme. La expongo a continuación:
Un día, mientras ustedes presentaban un examen les dije que el planteamiento de ese tipo de pruebas tenía, por encima de cualquier otro propósito, el de enfrentarlos a situaciones en las que tuvieran que tomar decisiones valiéndose del conocimiento adquirido como su única arma. Lo dije pensando que este tipo de pruebas pretenden simular situaciones problema, teóricas o prácticas, a las idealmente uno debe enfrentarse desnudo y siendo lo que se es. Por eso les decía que copiar sólo tiene sentido para un sistema censal, pero no para la vida, porque cuando nos enfrentamos a una situación problema, éstas suelen descubrirnos inermes en la intimidad de lo netamente personal y por lo general llegan para empujarnos a decidir, pero no hay forma de copiar. Este tipo de situaciones se van haciendo nuestro pan de cada día en la medida en la que vamos creciendo y superando escollos en la vida. Esa es una cosa que ustedes vienen viviendo en carne propia.
Pero ¿por qué hablo de las situaciones problemas y de la toma de decisiones? Porque creo que cuando el sistema educativo da a luz a las personas que atravesaron su camino, es porque idealmente los asume como personas que han superado procesos de formación que los hacen, por lo menos nominalmente; individuos aptos para tomar decisiones responsables en la medida en la que son capaces de analizar situaciones, reconocer contextos, identificar variables y hasta de formular propuestas respecto; las innumerables situaciones que la vida en comunidad representa. Por ente, y a través de este alumbramiento; les reconoce a ustedes como personas capaces de tomar decisiones importantes que determinarán su vida y las de las persona que los acompañan y que incluyen desde la decisión sobre una carrera hasta la decisión por la persona con la que decidan hacer apuestas de mirar juntos hacia un horizonte posible; eso sin saltarse las “pequeñas” decisiones que tomamos a diario y van desde como asumir un día de melancolía hasta el lente con el que miramos al mundo una tarde mientras vemos la lluvia caer.
Y es el asunto de la decisión en el que quiero centrarme, porque aunque sé que saben muchas cosas al respecto, considero fundamental recordarles algunas otras en un momento como este:
Vivimos para vernos a través de los ojos del otro y definitivamente, necesitamos de los otros para vivir. Siempre hay personas a nuestro alrededor y siempre, con cada movimiento que hacemos alguien se ve afectado, negativa o positivamente, pero afectado. Es necesario dejar de creerse esa mentira de que siempre no siempre somos conscientes de las consecuencias de nuestras determinaciones, la mayoría de las veces de antemano sabemos las cosas que hacemos y vislumbramos, aunque sea de soslayo, las posibles consecuencias que derivarán de ellas. Siempre, sin importar que muchas veces nos hagamos los locos las secuelas de nuestras decisiones están ahí, plasmadas en nosotros mismos, para asaltarnos cuando nos vemos a los ojos y para recordarnos cuando tenemos o no las cuentas claras con la vida. ¿Tiene sentido no escucharse sabiendo que lo que decidimos va a afectarnos y será nuestra entera responsabilidad, sabiendo además que no tenemos escapatoria de eso que va a determinarnos y que será el fruto de nuestras propias palabras y acciones? Escucharse es el único camino, la única manera de fluir. Tomar las decisiones pensando en las aprobaciones o siguiendo los ritmos de otros no tiene sentido puesto que hablamos de una senda que sólo nos pertenece a cada uno.
Dense siempre la obligación de decidir, pero al hacerlo recuerdo arroparse de humildad porque, a pesar de que queramos hacerlo muchas veces, la vida no se deja moldear por nuestros caprichos y somos nosotros quienes debemos dejarnos atravesar por ella…sin forzarla, sólo dejándola fluir y dejándonos llevar.
Retomando el tema de las situaciones problema quiero hablarles de una que ha atravesado mi existencia: ustedes como grupo noveno (bueno hablo de nuestro comienzo juntos). Porque mi historia con ustedes la recuerdo inicialmente como una situación problema que me generaba miedos y resistencias. Eran un grupo pesado que nos hizo pensar y re pensar estrategias, pero sobre todo pensarnos a nosotros como equipo de trabajo y, siento que personalmente fui muy atravesada por ese proceso. Al lanzarme a aceptar la coordinación de grupo, y recordando siempre las palabras de mi hermano cuando estábamos en dificultades, sabía que tenía dos alternativas a la hora de enfrentarme a ustedes: la primera era trabajar y ver el asunto sólo como eso, como si fueran un grupo más con el que ocuparía mi tiempo, o la segunda, y esta me remite a algunos diálogos con mi mejor amiga hace algunos años, cuando nos enfrentábamos discursos académicos que pugnaba por ayudarnos en el ejercicio de nuestra profesión sosteniendo que el contexto educativo es muy complejo y que para hacernos la vida fácil debíamos atender la premisa de no involucrarnos y permanecer al margen. Pero nosotras creíamos que no valía la pena hacer las cosas sin involucrarse, había que vivirlas, sentirlas y dejar que nos movilizaran y cuestionaran, después de todo son parte del camino, y la vida no es una camisa que te quitas cuando sales de casa y vuelves a ponerte cuando llegas del trabajo.
¿Cuál opción escogí? eso ustedes ya lo saben porque la vivieron y la sintieron. En esos días sabía y escuchaba muchas personas que más que contribuir a mi situación problema se engalanaban de los atributos de la experiencia de su camino y pero que olvidaban que ese proceso era único, por ser el nuestro, un proceso que solo era posible de encaminar a partir de los ángulos y arandelas con las que un caso único se gesta, y para acogerlo era necesario dejar por fuera las generalidades. Después de tomar la decisión me solté y dejé de vivir en la certeza, comencé a vivir con la dulce angustia de no saber lo que seguía, pero siempre sintiéndome responsable, con todos los ánimos y la voluntad de enfrentarme a lo que llegase. Creo que fue una de las decisiones más hermosas que he tomado, porque pude aplicar a mi vida esa teoría que me permitía posicionarme en un lugar algo horizontal del proceso de enseñanza, en lugar de ubicarme en la verticalidad de la autoridad. Sencillamente comencé a acompañarlos dejándome permear por esos instantes de vida que compartíamos y aprendí mucho en ese trasegar.
Debo confesar que hubo situaciones en las que no sabía si yo los acompañaba a ustedes o si ustedes me acompañaban a mí, porque a pesar de que nunca lo supieran la estadía con ustedes me hizo más fuerte, pero sobre todo me hizo saber que es posible meterse en la película de hacer las cosas como uno las considera correctas para enfrentarme al mundo poniendo la cara a través de los actos.
Ahora puedo decir que en momentos me resultó bastante emocionante, en otros angustiante, en otros divertido, decepcionante y hermoso, pero en todos los sentidos vivido hasta la médula. También debo decirles que, después de mi partida, al saber de ustedes, y escuchar de los procesos y las formas en las que lograron fortalecer vínculos, después de las segregaciones y escisiones que como grupo los determinaba, me alegraba enormemente, sobre todo al saber que lograron aprender a llevarse bien y a construir juntos partiendo de la aceptación de la diferencia, como en un principio nos tocó hacerlo. Es hora de llevarse ese aprendizaje y aplicarlo en todos los lugares donde estén, porque si en efecto lo aprendieron, ahora son responsables de ese conocimiento que los constituye. Tenga presente que el conocimiento genera responsabilidad.
Ya que pasaron los requisitos formativos, quiero decirles que me alegra poder verlos irse y perderse por los meandros de la vida, porque que sé que están preparados para tomar decisiones.
Para finalizar no quiero ni puedo darles consejos como dice Cabral: “nadie puede dar consejos, no hay hombre que sea tan viejo”, pero tal vez puedo atreverme a contarles algunas cosas que me han funcionado a mí y que han hecho de mi camino una historia hermosa…uno no sabe, a lo mejor les funcionen también:
Recuerden siempre que somos seres vivos, y que la vida es un hermoso proceso que no se detiene, no pretendan quedarse a vivir eternamente ninguno de esos momentos.
Amen mucho, busquen excusas para estar con los seres queridos, no para llenar los espacios de tiempo vacío, mejor búsquelos para vivir juntos intensamente las horas. Porque la felicidad está fabricada de esos instantes en los que nos sentimos cerca a los demás o de los instantes en los que nos percibimos íntimamente ligados a algo mucho más grande que nosotros mismos.
Lo reitero, amen mucho y agradezcan cada día de su vida y cada día que pueden compartir con los otros, porque recuerden: estamos vivos y no sabemos cuando acaba el viaje…
Y aunque, como dije antes, la vida está llena de incertezas hoy tenemos una y es que este tramo del viaje hasta aquí llega y yo agradezco infinitamente que nuestras sendas se cruzaran…. Feliz resto del viaje a los pollitos…los pollitos chillones.