Al comentarle a mi madre ella me dijo que la abuela siempre espantaba a las tórtolas cuando comenzaban a hacer nido, porque cuando los huevos no eclosionaban se echaban a perder y se llenaban de gusanos que terminaban acabando con la planta. Medio atemorizados Leo y yo convenimos en dejarla ahí, pero estar muy pendientes de que si la madre abandonaba en algún momento el nido debíamos limpiar la planta con rapidez garantizando su supervivencia.
Era dificil para mí, como animal gestante, ahuyentar una madre en proceso de espera y mucho más ahora que yo estoy en las mismas...Así que comprometidamente vigilamos a la madre y a la planta.
Nunca dejamos de regar las plantas, de hecho, la madre inquilina se acostumbró a nuestra presencia y al principio huía cuando nos disponíamos a regar la planta, pero al ver que sus huevos seguían intactos fue tomando confianza de tal forma, que ni siquiera cuando llegábamos con el agua y nos hallábamos peligrosamente cerca, huía.
Leo contaba los días y consultó el tiempo de espera prudente para el nacimiento (16 días apróximadamente), así que estuvo pendiente tooodo el tiempo. A las tres semanas comenzó a ponerse impaciente y a preocuparse por la planta, pero ¿qué podíamos hacer?
Ayer, lunes festivo en la mañana, la madre salió del nido por primera vez y de forma voluntaria. Al acercarnos a mirar el estado de los huevos pudimos ver dos pichones juntos, sin plumas y desorientados que parecieron desconocer nuestra presencia. Quedamos encantados y felices de que en casa el proceso de una de las dos madres haya llegado a feliz término, además de agradecidos por poder presenciar semejante milagro de vida simultáneo al nuestro.
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