domingo, 8 de enero de 2017

Por la carretera

Los últimos días de diciembre Leo pudo pedir unos días para estar fuera de la oficina. Salimos de la ciudad, rumbo al sur, buscando ese pedazo de corazón que habita en el Valle.

Fue un viaje extraño. En el tramo del cañón del Cauca llovió muchas veces. Por  ahí 7 y no exagero.

Durante el recorrido vimos llover al tiempo que escuchábamos música y conversábamos.

Nos detuvimos en Santa Rosa de Cabal y en la mañana fuimos a los termales de Santa Vicente. Un regalo de mimitos.

En la tarde llegamos al Valle y nos dedicamos a estar en familia. A cantarle e cumpleaños a Ary y a ver y vivir las interacciones de estos chicos en crecimiento.

Siempre es entrañable. Las palabras me fallan para describir esos encuentros. Al regresar siempre tengo un nudo en la garganta que sólo se va menguado con las horas.

A veces pienso que, después de estar junto a las personas con las que crecí me invade aquella entrañable sensación de estar en casa, en un lugar seguro. Pero a la hora de partir, a pesar de saber que mi lugar ya es otro, siempre se me abre ese espacio en las entrañas. Sé que nunca va a dejar de pasarme.

El regreso fue increíble. Al parecer nadie tiene ganas de viajar los primeros de enero y en esa medida la carretera fue nuestra.

Tomar la carrera fue una forma increíble de comenzar el año, y estar con los que amo fue la mejor forma de terminar el que se fue.

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Y me llegaron mensajes increíbles, que conmovieron mi espíritu. Estoy muy agradecida con este camino... ...