jueves, 16 de enero de 2020

Desviando la atención

Mis dedos, de un momento a otro, habían comenzado instintivamente a querer reducir la distancia que las vendas les imponían. Querían desesperadamente recuperar su postura natural. Pero todavía faltaban dos días para la cita con el ortopedista y por lo tanto no podía retirar la venda de acuerdo a mi voluntad.
Eran tarde e incapaz de dormir por causa del dolor que, sumado al de los huesos limados, imponían las vendas. 
Traté en vano de concentrarme y relajarme. Intenté meditar. Concentrarme en el vaiven de mi propia respiración, pero era incapaz. Algo desviaba mi atención. 
Nunca, nunca me había visto obligada a sentir dolor de forma tan consciente que me pareció descarnada. 
Sentí que casi podía acercarme y mirarlo, pero mientras más me concentraba en él parecía hacerse más fuerte. Se fortalecía con mi atención. 
Tuve que buscar desesperadamente mecanismos de distracción. Levantarme a leer y quedarme hasta la madrugada deambulando por la casa y huyendo de los zancudos, que parecen armar fiesta en la sala en estas noches calurosas. 
Ahora entiendo porque mi suegro prefería ir a trabajar, en lugar de quedarse en casa. Lo que definitivamente no puedo imaginar, es su dolor. 

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Hoy cumplo 41

Y me llegaron mensajes increíbles, que conmovieron mi espíritu. Estoy muy agradecida con este camino... ...