Es así como la cuarentena ha llegado y se ha llenado de ritmos inventados para llenar los días y seguir dándole sentido a cada amanecer.
Los días llegan y se van y a cada momento, en vista de la incertidumbre de lo que seguirá, se le otorga parsimoniosamente su afán.
Pero los días también llegan cargados de angustias y de nuevos sentimientos de vulnerabilidad. Algunas angustias, por ejemplo, toca dejarlas a un lado debido a la repugnancia que producen. Es tal el ejemplo de la atribución (conspiranioca o no) a aquellos capitalistas conservadores recalcitrantes, de semejante genocidio global. Se cansa uno de saber las estupideces que están dispuestos a producir los humanos para garantizar que es estatus quo siga intacto.
Genera una nueva, no por desconocida sino por no experimentada a este nivel, sensación de vulnerabilidad, saber (o recordar), que estamos a expensas de un ácido nucleico de cadena simple envuelto en una capa lipidica. Hemos vuelto a estar al alcance del mundo. No somos ningunos dioses.
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