Pedí dejar atrás las noches de trasnocho para dejarme arrullar por el río, mientras me envolvían los cantos de los pájaros en un paraje distante y metido en el bosque.
Este año solo quería sentir cerca de nuevo a esa familia de la selva, esa familia que acompaña amorosamente en la conexión con sigo mismo.
Y los encontramos...nos recibieron, nos envolvieron con su magia, nos abrazaron y nos hablaron del espíritu. Nos sentimos en casa.
Me alegró estar en calma, para sentir el llamado y poder, con pasos seguros, volver.