Inmediatamente pregunté quién era y ella me dijo que Madre Sara, la mamá de su papá.
Me quedé absorta, detallando sus ojos, su nariz, su cabello, la forma de su rostro.
En vano traté de adivinar el color de sus ojos, estaba maravillada.
¡Por fin encontraba en la familia a alguien en quien veía rasgos de mi madre!
Creo que hasta en alguna época llegué a sentirme físicamente desconectada, porque no entendía muchas facciones de mi madre que no veía en mis abuelos.
En cambio, en este rostro, si había rasgos que me resultaban familiares, este era del eslabón perdido para encontrar en mi ancestra directa una conexión física con la historia. Es claro que comencé a buscar en ella a mi madre y a buscarme en ella yo también.
Ha sido tal mi conexión con esa fotografía que, a ratos todavía la busco, para volver a experimentar cierta nostalgia feliz de un tiempo que no viví, sensación que solo de traduzco en ganas de saber de un eslabón del que solo había escuchado, pero que nunca había visto.
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