Acompañada de mi madre, removemos la tierra y desechamos algunas materas de barro ya corridas por la labor de los hongos y los seres vivos que generan ese microecosistema.
Pusimos materas blancas, de plástico. Esa fue una decisión de último momento porque el señor que me vendió las materas me decía que es más resistente, que no se quiebra y que no se deja ingresar por hongos tan fácilmente.
Las plantas suguieron erguidas y orgullosas, a pesar de estar recién podadas.
Después, conversamos con los abuelos y las primas...hablamos de todo un poco: de las cosas que nos generan asco, de fotos de hace muchos años y de cosas que nos gusta hacer.
También cantamos y comimos morcilla frita.
Fue una tarde llena de familia, historia y de tierra...
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