El despertar fue casi gracioso. Comencé a decir, muy tranquila, que ya no era un ciborg. Una de las enfermeras me comentó que era muy bueno ver a alguien despertar tan calmada. Sin embargo, sentía una molestia al tragar, como un nudo en la garganta.
Ese despertar fue lento y pausado. Sentía que tardaba mucho en volver a mis cabales, que no lograba recuperar mi lucidez con rapidez. Pude darme cuenta de que, en estos días, debo retornar a la calma. Reconocer que, poco a poco, la prisa se ha ido infiltrando en mi vida... pero ya el doctorado terminó, ya no tengo que correr.
Esta semana fue necesario enfrentar el dolor y darme cuenta de que, en efecto, debo hacer el duelo por esa forma de habitar mi feminidad. Siempre creí que debía enfocarme en lo que pensaban los demás (sobre todo mis tías), pero ya no. Ya no tengo miedo de manifestar lo que considero digno y justo.
Agradezco la posibilidad de cerrar este proceso de manera tan tranquila y luminosa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario