sábado, 10 de marzo de 2018

sábado, 3 de marzo de 2018

Escucha lo que dicen las caracolas

Era una noche fría de sábado a principios de marzo.
Mamá había estado trabajando todo el día en su clase de epistemología.
pero ahora estaban juntos los tres
(papá, mamá y tú).
Sentados, al pie de tu cama
mami te pidió que les revelaras lo que te decían las caracolas.


Tomaste una entre tus manos
(una de esas roídas que trajiste de Sapzurro)
y dijiste:
"Dicen que...
...gracias por el tiempo"...

Volver la mirada


Hoy fuimos al verde de nuevo
escuchamos el silencio
recogimos plantas
conversamos con los seres queridos
compartimos el fuego
servimos la mesa
hablamos de política
sentimos pesimismo
pero también nos llenamos de fe.
El tiempo pasó deprisa, silencioso
tan tranquilo...

¿Tú? no recordabas muchas cosas de lo que viviste allí.
¿Yo? sentí mucha añoranza.

martes, 13 de febrero de 2018

Inherentemente volátil

Fue tiempo de volar.
Pude vivir en carne propia la fugacidad.
En tres años pasé por tres colegios distintos.
Del primero salí a los nueve meses.
Unos jíbaros que se pasaban al frente del colegio me encañonaron.
Iban en dos motos, 
Rodearon el carro y me mostraron sus armas. 

Yo había vivido en esa comunidad toda mi vida y nunca me había pasado nada de esa índole.

Cuando la jefe del núcleo me preguntaba qué era lo que más me preocupaba, 
Yo le decía que sentía que me habían quitado un pedazo de ciudad
Que quedaba justo en el ingreso a mi lugar de trabajo.
Era una mujer sencilla pero muy solidaria.
Ella misma solicitó mi traslado.
La segunda institución acogía una población, en su mayoría, desplazada por la violencia,
Sin embargo los estudiantes eran acogedores y amables,
Si se les trataba con respeto y exigencia se generaban procesos movilizadores y constructivos, tanto para ellos como para mí.
Fue una institución donde conocí un equipo de trabajo muy bondadoso,
En términos de humanidad,
Nunca había trabajado con personas como ellos.
Sin embargo, el rector, era bastante complejo,
Y parecía mediar las relaciones con sus subalternos a partir de la empatía.
Yo no hacía mucho esfuerzo por caerle bien.
Sólo hacía mi trabajo de la mejor manera que podía y creía,
Participaba de proyectos a nivel de ciudad,
Movilizaba acciones de participación de los chicos.
Asumía de forma conciliadora las dificultades
Y era bastante mediadora.
Nunca hubo quejas mías.
En una ocasión, una estudiante,
a quien decidí reportar a psicología por la cantidad de problemáticas en las que parecía estar envuelta,
Me confesó que había matado a dos personas y que por eso la estaban buscando para matarla a ella.
Le pedí ayuda al coordinador.
Ella pidió que llamáramos a la policía.
Dijo que no quería hablar y por eso tuve que decirle a la policía, con ella aferrada a mi brazo, lo que ella me había acabado de decir y después tuve que repetirle lo mismo a "organismos superiores de seguridad".
En vista de la escasa asesoría tuve que recurrir a mi jefe de la universidad para que me indicara si había hecho lo correcto.
A la semana siguiente la estudiante estaba en el colegio
Buscándome por los pasillos
Como si nada hubiera pasado.
Tuve que decirle al coordinador que si no se hacía ningún proceso desde la IE (acompañamiento a ella, de algún tipo) yo iba a pedir incapacidad desde psicología porque así me sentía incapaz de trabajar.
Sólo así el rector se manifestó.
Yo por mi parte no buscaba, desde lo personal, generar espacios de cercanía.
Esto derivaba de manera terrible en mi evaluación de desempeño
Y eso me indignaba.
Un día me llamaron de una institución bastante destacada de la ciudad,
Me decían que les gustaba mucho mi trabajo y que me querían con ellos.
Lo pensé un rato y llamé a mi esposo.
Él me decía que por favor tuviera en cuenta la historia del acompañamiento a procesos complejos.
Me habló de la valoración que tenía que hacer yo misma de mi propio trabajo.
Que si era sensata me daría cuenta de que no había argumentos para declinar a dicha propuesta.
Entonces hice la carta de voluntad de traslado.
Dos semanas después, al decirle a mi jefe que me iba,
Que en otra institución querían trabajar conmigo
Su trato hacia mí cambió
Fue como si de repente comenzara a verme.


Pero ya era tarde.
Ya me había ido.

sábado, 6 de enero de 2018

Despedidas

Con los años despedirse de hace cada vez más complejo: de sentir, de manifestar y de ejecutar.

Sé que para volverme a encontrar con los otros antes tuvo que haber una despedida.

Y uno va cogiendo cayo de despedirse. Sin embargo no es fácil. Cada vez el nudo en la garganta es más fuerte y menos fácil de disolver.

Con la familia el asunto es más complejo.
Verlos irse después de un encuentro tan entrañable me pone en el humbral de las emociones. Me siento tan feliz, tan cargada de amor y de vida, pero también me siento triste, nostálgica y añorante.

Silvio Rodríguez dice que todos fuimos expulsados sin saber de la infancia. Con ellos siento el leve deseo de retornar en el tiempo, de volver a vivir juntos, de que las cosas sean como en algún momento fueron.

Hace parte del camino esto que siento y que fortuna vivirlo, incluso, con sus matices dicotómicos.

sábado, 23 de diciembre de 2017

Rabo de paja...

En medio de una conversación cercana y tranquila le dije que la idea de hacerme una cirugía a mí no me calaba por ningún lado.
Le dije calmada y mirándola a los ojos que yo sabía que ella se ponía en las manos de médicos experimentados y en clínicas donde se preocupaban, honestamente, por la salud de sus pacientes.
Pero esta vez me fue imposible callar, me fue imposible no decirle que lo que me preocupaba era su discurso y su aceptación de la diversidad.
Que lo que su acción mostraba era la apropiación de ideales de belleza estereotipados y que la humanidad era todo menos eso.
Le dije que una decisión como esa estaba amparada en una idealización de cómo debe ser nuestro cuerpo, una perspectiva de lo armónico en consonancia con lo homogéneo.
Entonces, sin pestañear, le pregunté que tipo de discurso pensaba darle a la niña, cuando en la adolescencia llegaran quejándose de las manifestaciones segregadoras de aquellos que la consideren diferente.
Sentí que se me partía el alma al espetarle aquello, pero era consciente de que al hablar de posibilidades futuras la miopía no justificará la falta de argumentos sostenidos a través de la carne.
Pero, sin sentirme juez, le plantee que yo no podía pedirle a "ella" en un futuro, que se acepte diferente si yo misma no esgrimo mis argumentos a través de cuerpo.
Ella me dijo que verse bien era un motivo de felicidad y me pidió que no la cuestionara ni la juzgara.
Yo le dí todas las garantías. Incluso me ofrecí a cuidarla. Sin embargo tuve que pedirle que tuviera en cuenta que yo nunca le hubiese planteado lo que pensaba sino fuera porque tenemos en proceso el cuidado y la crianza de una chiquita y, que por ser familia, nuestros discursos habrían de ponerse en evidencia en algún momento.

Unos días después me es inevitable sentir que esos discursos se ponen en evidencia todo el tiempo, a través de lo que somos, decimos y hacemos. En ese caso, todos tenemos rabo de paja. Todos tenemos comportamientos extraños a los ojos de otros y tomamos decisiones cuestionables. Y "ella" sabe eso, su infancia no la hace ciega. Todo lo contrario.

martes, 5 de diciembre de 2017

Miedo

Estaba aterrorizada.

Solo pensar que debía irme me helaba la sangre.

Quería cualquier cosa menos estar lejos.

Pero debía irme.



El vuelo se retrasó 4 horas y pacientemente esperé sin discutir ni pronunciar palabra.

Los demás pasajeros se revelaron a los asistentes de embarque y como respuesta la aerolínea nos dio un pase para redimir en un próximo vuelo con ellos y pagaron el desayuno de todos los pasajeros.

Yo, lo único que quería era tiempo para estar en mi ciudad.

Tiempo para estar "cerca" de mi familia (aunque no podía moverme del aeropuerto y estaba sola).


Ya estando en Quibdó, todo se organizó (a petición de los estudiantes del curso) para que el programa se desarrollara en torno a asesorías personalizadas.

Entonces decidí ir al aeropuerto y pedir que adelantaran mi viaje de regreso.

En vista de que me había visto "afectada" por el retraso inicial no me cobraron multa.



Salí en el último vuelo del día siguiente.

Fue increíble en lo que el miedo puede convertirnos.

Estuve allá, llena de miedo "injustificado" y completamente intuitivo. Fueron horas mirando el reloj y trabajando como loca para aprovechar el tiempo. No sabía porque, pero saltándome todas las reglas de contratación organicé todo para retornar a casa lo más pronto posible.

No quería nada más que estar cerca de aquellos que amo.

De regreso todo me daba vueltas, tenía mucho miedo al avión y a pesar de que fue uno de los vuelos más tranquilos de mi vida, solo pude respirar aliviada al encontrarme en mi tierra natal.

Una vez allí; no me importó nada...

Solo quería amar en la cercanía y disfrutar el encuentro.

Se que no fue lo más ético. Sin embargo y, respecto a mi apremiante sensación, era lo único que sentía que debía hacer.

Además, si soy honesta, fue una sensación poco usual. Al sentir algo así, creo que sólo queda dejarse llevar por la intuición y la sensibilidad.

Hoy cumplo 41

Y me llegaron mensajes increíbles, que conmovieron mi espíritu. Estoy muy agradecida con este camino... ...