lunes, 28 de julio de 2014

Un viaje hacia el nacimiento...


Definitivamente el embarazo es un estado en que la conciencia se modifica y la percepción se altera. Mis historias son sólo hechos que confirma esa regla.

Estoy muy distraída y en varias sutuaciones he hecho algunas cosas sin pensar en mis actos:
En una ocasión debía presentar una prueba de inglés en el núcleo del río de la Unal, pero me fui sin titubear a la facultad de minas y perdí el examen por inasistencia.
En otra tenía una cita odontológica y no me percaté de que con el cambio de EPS la sede de atención no era la misma y me fui a la anterior, también perdí la ida.
Y por lo menos en dos ocasiones he trocado fechas de citas y por eso he dejado a algunas personas esperándome, pero obviamente según mis fechas ellas me han dejado previamente esperando a mí...
Nada de esto es normal, mi neurosis suele impedir que olvide cosas, pero en este momento me pasa regularmente.

Pero eso no es todo, mi estado de dispersión a veces trasciende a una especie de éxtasis en el que cosas que antes no me importaban ahora captan poderosamente mi atención: disfruto mucho saborear las cosas, ya me ha pasado la intolerancia con los olores y por eso ahora los disfruto (aunque no todos), puedo embelesarme mucho rato a apreciar el color azul del cielo entre el ocaso y el anochecer, añoro el silencio de la noche como nunca y me sumerjo con facilidad en fuerte latir de mi corazón que, ahora, parece retumbar en cada rincón de mi cuerpo.

Mi vientre prominente ahora tiene vida propia y exhibe la fuerza de la misma tejiéndose a través de mis entrañas. Se mueve todo el tiempo, a veces lenta y perezosamente y en otras parece tener ataques de efusividad que remueven dolorosamente el fondo de mi ser. Siempre responde a cualquier estímulo: adora comer porque parece dar las gracias en cada una de las comidas a través de suaves golpecitos, responde cuando su padre se acerca a hablarle diciéndole quién sabe qué tiernos secretos, se retuerce o se estira al son de las notas de música y patalea fuertemente cuando hago asanas invertidas en mis sesiones de yoga y no deja de moverse violentamente hasta que retorno a cualquier posición que sienta normal.

Cuando se me antoja la lectura me dejo guiar por mis instintos y busco en la biblioteca a ver qué cosa se me antoja...misteriosamente me he vuelto una afiebrada por cuentos infantiles de matemáticas y me he visto volcada a buscar tutoriales del tema que resuelvan dudas que nunca se habían removido en mi mente.

Es una sensación dulcísima sentir que la vida aflora a través de mi cuerpo y es increíblemente hermoso saber que ahora a donde vaya siempre alguien va conmigo.

miércoles, 9 de julio de 2014

Camino de bendiciones

Hace unos días se reunieron en a mí alrededor las mujeres más representativas de mi historia.


En torno al fuego revivimos historias milenarias: tejimos, conversamos, escuchamos y nos sentimos muy cerca.

Me rodearon y dejaron conmigo una dosis extra de energía femenina y vital, que me ha ayudado a reavivar la conciencia de mi capacidad de crear, de gestar, de parir, de dar y darme...capacidades que nos son comunes sólo por ser mujeres.


Vinieron a echarle leña al fuego creador y a ayudarme a fortalecer mi confianza.


Bendiciones a esas mujeres que han sido imprescindibles en mi historia, porque me han ayudado a edificarme, significar y resignificar mi feminidad todos los días.


Agradezco infinitamente su presencia en mi vida...

jueves, 3 de julio de 2014

A propósito del fútbol y de la realidad social

Nunca he sido amante del futbol.
Mi historia con el balón pie ha sido simple y se reduce a recuerdos que tengo de mi primer novio con quien iba al estadio en calidad de acompañante, él era un afiebrado hincha del DIM que heredó esa pasión de su padre, pasión que compartía alegremente conmigo y a la que nunca me opuse; sin embargo nunca me gustó mucho y esa pasión nunca logró contagiarme de forma contundente. Al finalizar esa historia nada hizo que mi negación a ver fútbol cambiara, sobre todo alimentada por la seguridad de hallarme en un país obsesivamente enfermo, y que además de otros males se ve aquejado por las desquiciadas emociones este deporte le suscita.

Pero este año no pude resistirme a la oleada de fiebre futbolística que parece ser alimentada por un fuero interno inexplicable para mí. Es increíble, pero la peque que llevo en mis entrañas patalea, brinca y se contorsiona (a veces dolorosamente) cuando escucha a su papá gritar al son que cada partido le toque. No obstante mi fiebre no trasciende los 90 (o más) minutos y por lo general mis temas de conversación posteriormente nunca tienen que ver con lo visto y sentido en esos instantes, pasa al olvido con facilidad.

A propósito de la fiebre futbolera si hay algunas cosas que se quedan dándome vueltas en la cabeza como cuando hace unos días (exactamente el 21 de junio) leía aterrorizada la columna publicada por el Espectador sobre el doloroso caso de Andrés Escobar, historia que ya cuenta con 20 años:

"http://www.elespectador.com/noticias/judicial/el-estremecedor-relato-del-fiscal-del-caso-de-andres-es-articulo-499808"

Columna a la que quiero referirme sólo por citar un ejemplo representativo y escalofriante de lo que sucede en el país, Un hecho fundamentado en la ciega y desmedida pasión cuyos resultados a nivel social, en muchas ocasiones, carecen de justificaciones humanas y racionales y cuyos desenlaces sirven como ejemplo para develar las infrahumanas condiciones de justicia y amparo en las que vive el pueblo colombiano, un pueblo adormecido por los argumentos que los medios diariamente se inventan para mantenerlo en vilo. Y eso que sólo estoy hablando de fútbol...

Me siento como toda una aguafiestas cuando en lugar de olvidar el trago amargo que deja el artículo y pensar en el sabor dulzón que pueda traerle a la historia patria el partido de la selección nacional mañana enfrentada a la selección anfitrona de la actual fiesta mundial, no puedo sacarme de la cabeza las afirmaciones del fiscal del caso citado, puesto que no deja de preocuparme la situación paupérrima que enfrenta y ha enfrentado históricamente la justicia en el país en el que nacerá mi esperanza. Cito algunas de esas afirmaciones textualmente:

"Ese día aprendí el poder de un Estado: si tiene voluntad y decisión es posible descubrir hasta el más planeado de los crímenes. El poder del Estado es infinito. Para resolver este caso hubo un despliegue de poder pocas veces visto en Colombia, quizás en dos o tres crímenes. Entendí entonces que el Estado lo puede todo, lo que pasa es que no le da la gana o la negligencia es total".

"En Colombia las tragedias humanas están en gran parte relacionadas con unas actitudes de negligencia eterna y absoluta de las autoridades. Es horrible la cantidad de muertos que este país ha puesto por esa manera tan negligente y displicente con que suelen asumir las autoridades los procesos judiciales".

"Colombia todavía vive el oscurantismo de esa anticultura que sigue disponiendo de la vida humana de la misma manera, con la misma frialdad, con la misma indiferencia y con ese silencio oficial. Las causas de esta muerte están vivas aún. ¡Esto no ha cambiado! Es que aquí se bajan de un carro y le van disparando a alguien como si fuera cualquier animal. Aquí la vida no vale nada. Colombia sigue siendo eso, todavía no lo hemos superado. Cualquier cristiano que revise la historia de este país se dará cuenta de que el Estado y la sociedad colombiana han sido de una contemplación eterna con esas expresiones de violencia".

Semejantes afirmaciones, por su vigencia y actualidad avivan el siempre presente dolor por la patria del realismo mágico, donde las cosas tienden a seguir iguales. Pero a pesar del dolor, debe permanecer el compromiso personal de actuar acorde a esos valores "arcaicos" enseñados en casa y que parecen sólo funcionar en esas microesféras sociales en las que nos movilizamos cotidianamente, pero que simultáneamente nos hacen actuar con convicción, con la certeza de que en esos ámbitos las cosas pueden ser diferentes y de que esa es nuestra contribución cotidiana al cambio por el que tanto pugnamos.




martes, 1 de julio de 2014

Maternidad simultánea

Hace más de quince días Leo estuvo regando las plantas del balcón y de pronto llegó diciéndome: "Una tórtola está haciendo nido en una de las plantas". Inmediatamente me dirigí a la "malamadre" (así la llamó Nelson cuando nos regaló uno de sus retoños, pero es una falsa orquidea Neomarica gracilis) y en efecto pude ver una aglomeración organizada de ramitas. Era un incipiente nido. "Dejémosla ahí y esperemos a ver qué pasa" le dije y eso acordamos.

Al comentarle a mi madre ella me dijo que la abuela siempre espantaba a las tórtolas cuando comenzaban a hacer nido, porque cuando los huevos no eclosionaban se echaban a perder y se llenaban de gusanos que terminaban acabando con la planta. Medio atemorizados Leo y yo convenimos en dejarla ahí, pero estar muy pendientes de que si la madre abandonaba en algún momento el nido debíamos limpiar la planta con rapidez garantizando su supervivencia.

Era dificil para mí, como animal gestante, ahuyentar una madre en proceso de espera y mucho más ahora que yo estoy en las mismas...Así que comprometidamente vigilamos a la madre y a la planta.

Nunca dejamos de regar las plantas, de hecho, la madre inquilina se acostumbró a nuestra presencia y al principio huía cuando nos disponíamos a regar la planta, pero al ver que sus huevos seguían intactos fue tomando confianza de tal forma, que ni siquiera cuando llegábamos con el agua y nos hallábamos peligrosamente cerca, huía.

Leo contaba los días y consultó el tiempo de espera prudente para el nacimiento (16 días apróximadamente), así que estuvo pendiente tooodo el tiempo. A las tres semanas comenzó a ponerse impaciente y a preocuparse por la planta, pero ¿qué podíamos hacer?

Ayer, lunes festivo en la mañana, la madre salió del nido por primera vez y de forma voluntaria. Al acercarnos a mirar el estado de los huevos pudimos ver dos pichones juntos, sin plumas y desorientados que parecieron desconocer nuestra presencia. Quedamos encantados y felices de que en casa el proceso de una de las dos madres haya llegado a feliz término, además de agradecidos por poder presenciar semejante milagro de vida simultáneo al nuestro.

Hoy cumplo 41

Y me llegaron mensajes increíbles, que conmovieron mi espíritu. Estoy muy agradecida con este camino... ...