jueves, 5 de noviembre de 2015

You were within me...

Últimamente suelo confundirme con la ilusoria sensación de hallarme siempre levitando en un eterno presente (aunque pensar en el tiempo de forma lineal, tal y como me han enseñado, se me ha tornado cada vez más complicado, pero ese es un asunto un tanto complejo sobre el que no quiero ahondar) que, mal que bien, me ha permitido apersonarme de esas cosas que dependen de mí, para dejar fluir aquellas otras que no están en mis jurisdicciones, a pesar de ello existen profundas cicatrices en mi cerebro causadas por emociones específicas que llenaron mi ser con sus diversas texturas y matices, algunas de ellas son tan fuertes que hacen posible un eterno retorno voluntario, buscando revivir cada vez más detalles que permiten reavivar los instantes: casi siento que se generan agujeros temporales que me permiten retroceder sobre mis pasos.


Mañana en la madrugada cumplo un año de ejercer la maternidad. El sol ha dado una vuelta después de semejante aventura, aventura absolutamente vívida y entrañable.


Ya no tengo tanto tiempo para escribir, pero en cambio me sobran los motivos de inspiración que no siempre se cuajan en forma de letras.


Este escrito no tiene otro objetivo que plasmar en mi cerebro y en esta "línea" de tiempo el enorme agradecimiento por el camino recorrido.


Feliz cumpleaños a la viajera de mis días! No te imaginás cuánto he aprendido con vos!

domingo, 21 de junio de 2015

Agujero negro

Las ventanas se abren de par en par dejando pasar vientos fríos que calan hasta la médula.

Surge un vórtice energético que consume nuestra energía vital.

Parecemos caminar sobre el horizonte de sucesos.

En cualquier momento podremos caer o (milagrosamente) escapar.

Las lágrimas intempestivas se abren paso entre las sonrisas desprevenidas

.....................

No hay que perder la calma...

Es sólo un recordatorio de la fragilidad de la vida.

De la fugacidad del viaje.



lunes, 20 de abril de 2015

Time out

El viernes pasado mientras miraba por la ventanilla del bus del Metro Plus en el que me desplazaba rumbo a casa, sentí de repente, en los senos, los característicos "corrientazos" que advierten la urgente necesidad descarga. Tenían leche a rebozar. Después de reconfirmar mi apremiante necesidad tomé el teléfono y llamé a mi madre para pedirle que por favor no le diera a Anna biberón. -Ella está a punto de quedarse dormida- me dijo. Yo suplicante le pedí que no la dejara dormir mientras yo llegaba y le prometí que yo por mi parte trataría de llegar en la mayor brevedad posible. Me despedí y colgué. Todavía faltaban dos estaciones.
Respiré con alivio al llegar. Al salir de la estación miré al cielo gris y olfateé la humedad del aire. Estaba apunto de llover. Caminé rápidamente hacia el sur, tratando de dejar atrás el caos vehícular y a uno que otro transeúnte desprevenido. Al llegar al punto donde sabía que no corría el riesgo de atravesar calles principales, ni avenidas concurridas, agarré bien mi bolso y comencé a correr. Primero muy despacio, pero después mucho más rápido, tratando de encontrar mi propio ritmo. Zancada tras zancada mi respiración, inicialmente agitada, se fue acompasando al ritmo de mi carrera. Sentí como si volara.
En el camino un hombre quitó bruscamente de mi paso a una niña, que ni de lejos corría el riesgo de ser embestida, mientras le decía: ¡Ojo que se la lleva esa loca!. En la cuadra siguiente un par de obreros, desde la ventana de un edificio gritaron entre risas: ¡Ëlla fue, ella fue!, y unos cuantos metros más adelante un hombre con ropa deportiva salió a mi paso aplaudiendo enérgicamente mientras decía: ¡Cójanla, cójanla!
Finalmente doblé a la esquina de la calle de mi domicilio. Entonces apreté aún más el paso. Al llegar a casa abrí la puerta y subí rápidamente las escaleras. Casi sin aliento al ver a mi madre le pregunté: ¿a ver a Anna? Ella si despegar la vista de su costura me dijo: acaba de quedarse dormida. Time out.

martes, 17 de marzo de 2015

Más allá de la niebla


Cuando tenía apróximandamente cinco años, fui con mi familia de paseo a San José de la Montaña, la tierra natal de mi abuela materna. En uno de los días que pasamos allí, cuando casi llegaba la noche, fuimos de caminando a la casa de uno de los hermanos de mi abuela, su casa que quedaba en el filo de una montaña altísima (bueno, así la recuerdo). Mientras subíamos trabajosamente "calló" la niebla. Una niebla densa que nos impedía ver un poco más allá de nuestras narices. Jamás había visto algo semejante. El miedo se apoderó de mí. Al cuestionar deseperadamente a los adultos a cargo (cosa que ni después de muchos años he dejado de hacer), las respuestas fueron aterradoras (e irresponsablemente falsas, cuando lo descubrí tuve mucha rabia, pero bueno, mi rabia tanto como la niebla de ese día son asuntos del pasado): Si la niebla y la noche se unían antes de que llegáramos a casa, nos quedaríamos pegados al suelo de por vida...¡¡¡nada más aterrador!!!. ¿Mi deseo constante de caminar, de ver y vivir el cambio de paisaje, de correr tras un horizonte cambiante, se irían sólo por no llegar a nuestro destino antes de que la niebla y la oscuridad de la noche coincidieran? jamás!!! ese día todos los chicos (mis primos, que no son pocos y un par de tíos menores) corrimos desesperadamente en busca del tan anhelado refugio.

...Aterradora niebla...

Los años y la vida fueron arrastrando mi miedo a la niebla, pero nunca se han llevado mi fascinación.

Hace un par de años llegó a mis manos un libro encantador en el que la niebla, para el protagonista, era como esa línea borde que separaba sus recuerdos de aquello que, gracias a un accidente neural, no podía recordar: La misteriosa llama de la reina Loana (adorado libro!!). Después de leerlo jamás he logrado arrancar de mi cabeza esa historia, sobre todo porque creo que establezco un paralelo entre ella y la situación actual de mi abuela paterna, uno de los personajes centrales de mi infancia, quien vive su cotidianidad sumergida en la niebla.

...Misteriosa niebla...

Hace pocos días tuve el placer de sumergirme en ella como cuando era niña. En las horas de la tarde, en una población a las afueras de Medellín, pude sentarme (bien abrigadita, eso si) a verla descender, llegar y absorverme. Por unos minutos todo se desvaneció a mi vista. Estaba sola en un paraje desolado y habitado por los artilugios de mi mente desbocada...mi cabeza estaba a mil!!! Desaparecí para el mundo por unos instantes y el mundo desapareció para mí. Fue hermoso!!!

Pero tan rápidamente como llegó, la niebla se esfumó. Entonces volví a habitar el mundo y el mundo volvió a acogerme. Logré retornar ilesa. No me quedé pegada al suelo, y aún conservo la mayoría de mis recuerdos, aunque que ahora tengo uno más...el acceso a un particular mundo de fantasías y miedos al que sólo puedo llegar a travesando la niebla.

...Fantástica niebla...

domingo, 8 de marzo de 2015

La super batería

Ahora supongo, jamás lo había siquiera pensado,
que tenemos un espacio especial en la memoria emotiva
perfectamente diseñado para guardar todos los besos que nos da mamá.

Debe ser como una especie de batería con superenergía que se recarga y nunca se agota.

O una fuente de inexplicable alegría para cuando estamos tristes y requerimos motivos para levantarnos.

Tal vez un reservorio de amor para echarle mano cuando el mundo parece darnos la espalda.

En fin...nunca había siquiera pensado en tooodos los besos que recibimos de mami cuando chic@s...tampoco sé con certeza si en lugar de recordarlos directamente los guardamos de alguna forma especial, no lo sé.

Pero por si las moscas, estoy juiciosamente haciendo mi tarea...y no me canso.

martes, 3 de marzo de 2015


"Todos los días tienen un amanecer y un atardecer.
Tú decides si estás ahí para ellos.
Puedes ponerte en el camino de la belleza" Wild.

viernes, 13 de febrero de 2015

Con las tetas afuera!

Hace años, cuando comencé a ir a la piscina de la U, me escandalizaba un poco cuando veía algunas mujeres pasearse desnudas por el vestier. No podía entender dónde dejaban la vergüenza de exhibir sus cuerpos sencillos, nada voluptuosos, algunos envejecidos y sobre todo exageradamente humanos, pero con el tiempo fui entendiendo que se trataba de mujeres que habían superado los paradigmas y estereotipos que nuestra cultura demanda a los cuerpos femeninos. Empecé a sospechar que eran mujeres que sabían que sus cuerpos eran perfectos por el sólo hecho de ser y de estar. Me tardé un poco pero lentamente pude vislumbrar aquello de lo que tan orgullosas se sentían de exhibir: su descarnada humanidad, libre de moldes homogenizadores que deformaran su ser.

Años después, a pesar de todo, nunca he sido capas de caminar desnuda por el vestier como ellas, el pudor enseñado en casa- y al que le he bajado de nivel a mi medida- me lo impide, sin embargo ya no las observo como bichos raros ni me siento envidiosa de su fluidez...creo que logré llegar al punto de aceptación de su forma de hacer y de la mía, sin forzarme a hacer lo que no me hace sentir bien.

Pero nada dura para siempre y después del parto mi vergüenza ha menguado y ahora me siento orgullosa y feliz de mi cuerpo, pero sobre todo agradecida por la increíble forma en la que hace el trabajo de permitirme vivir cumpliendo sus funciones diligente y equilibradamente.

Actualmente mi posición de mamifera de lactante me permite exhibir ese orgullo cada vez que mi bebé lo requiere en el momento y lugar que lo necesita.


Sin embargo también he tenido que dejar de lado cualquier postura orgullosa y encantada de mi condición en la medida en la que me he topado con miradas extrañadas, curiosas y, en muchos casos morbosas de los transeúntes, caminantes o pasajeros que han coincidido conmigo mientras amamanto a Anna, me han hecho sentir en carne propia- como muchas otras veces- la cosificación que nuestra cultura enarbola del cuerpo femenino, y esto ha devenido en una imposibilidad de desnudarme y, por ende, de disfrutar el contacto piel a piel con ella cuando debo amamantarla en lugares públicos.

Es casi como si tuviera que esconderme para ocultarle al mundo una escena tan hermosamente humana.


Entendiendo que por comodidad el acto ha tenido que dejar de ser público, ahora busco la tranquilidad y la soledad para yacer cómoda, tranquila y en silencio, generando las condiciones para poder disfrutar tanto como ella esos instantes de conexión. Instantes en los que puedo apreciar como su torpeza motriz lentamente se convierte en destreza para acoger mi pecho en sus manitas.
Para ver como todo aquello que observa y que se refleja en sus ojos.
Para ver como se agranda su pupila al enfocar mi rostro.
Para sentir su saciedad o su avidez.
Para sentirla cerca, muy cerca.


Ya no importa- como alguna vez me importó- si mi cuerpo se adapta a los paradigmas hegemónicos de belleza. Ahora lo sé menos voluptuoso, más sencillo y también más maduro, pero también reconozco la perfección con la que cumple su labor:no sólo me da la posibilidad de sentir la vida que cotidianamente me atraviesa las venas, llena cada célula y hasta me sale por los poros; sino que también se encuentra en toda la capacidad para llevar vida a otro cuerpo.


Agradezco a cada de las partes de mi cuerpo (como un todo) por la posibilidad que me genera diariamente, la posibilidad de la vida.

miércoles, 21 de enero de 2015

Anoche tuve un sueño...



Anoche tuve un sueño...

Un amigo venía a casa de visita,
venía acompañado de su familia y de unos amigos.
Fue una velada dulce y extraordinariamente memorable.

Al despedirse nos pidió a Leo y a mí que nos sentáramos juntos para darnos un presente como agradecimiento:
hizo una maqueta diminuta de nuestra casa
y recreó en ella momentos que aseguraba se llevaba en el corazón.
Lloré mucho de agradecimiento
lloré al sentirme rodeada del amor de personas que se convierten en "hermanos por elección".

Al despertar le hablé a mi esposo de lo agradecida al sentirme rodeada de tanto amor.
Entonces nos miramos a los ojos, sonreímos en silencio y cómplices enjugamos nuestros ojos...
lágrimas de felicidad.

Ya casi termina otra hermosa vuelta al sol,
y sigue la fiesta de mi vida.
Agradezco por todo.

Hoy cumplo 41

Y me llegaron mensajes increíbles, que conmovieron mi espíritu. Estoy muy agradecida con este camino... ...