Cuando llegaron yo estaba agazapada en la cama en posición fetal. Trabaja de sentir el viento que entraba por la ventana mientras miraba a la nada. De repente lo sentí...llegaba hasta mí con claridad un olor que se metió en mi bulbo olfativo y activó algún recuerdo específico. De inmediato fue como si estuviera bajo un hechizo. Anna se acostó a mí lado y comencé a olerla como si fuese un sabueso. Pero ella no era la fuente de aquel olor.
Él tardó un poco en acercarse, primero trajo el Mat y me pidió que me acostara bocabajo para hacerme un masaje en los talones. Puso el Mat bajo mis empeines y comenzó a masajear...oh dios, fue tan relajante!! Sin embargo seguía sientiéndolo. Cuando terminó ya ella yacía dormida a mí lado. Entonces pude comenzar a buscar la fuente de mi obsesión. Y la encontré en su barbilla.
No tengo idea que ocasionaba aquel olor en mí. Sentía que mi memoria divagaba en laberintos que no sabía que existían. Me sentía hechizada, embriagada y sin embargo también confundida. Era una sensación que me hacía sentir recuerdos increíblemente viejos. Maduros. Casi como la sensación que me produce el olor de las cápsulas de aceite de semillas de lino, pero percibo que es aún más viejo.
Mi sensacion no tenía asidero, pero era tan familiar. Es como si quisiera agarrar un recuerdo que sé que no voy a tener.
Hoy, por primera vez en mi vida, amé solo un fragmento de su cuerpo... porque generaba en mí evocaciones inefables.
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