Al principio fue muy angustiante.
Muchas personas creían que pronto volveríamos a la normalidad, pero yo tenía la certeza de que iba a durar mucho tiempo y que las consecuencias económicas y mentales serían complejas.
Al principio tuve mucho miedo.
Pero con los días tras los muros fue llegando el sociego, solo atraído por esos pequeños rituales que fueron llenando nuestros días de fortalecimiento de los vínculos con aquellos que están lejos, pero que, aún hoy, nos acompañan en el ejercicio de reconocer el valor de la vida y la importancia de sentir al otro cerca, sin importar la distancia.
Hoy de nuevo estamos encerrados y esperando el ansiado encuentro visual con la sonrisa virtual de aquellos que nos llenan el corazón.
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