sábado, 24 de octubre de 2020

Al volante

Hace 3 semanas estuvimos de nuevo en Cali. Tomar de nuevo el rumbo y meternos en la carretera pone mi nivel de estrés a tope. Me pongo irascible e intolerante y la persona que va al volante me sufre todo el tiempo. 

Para este viaje tenía el propósito de comenzar a trabajar ese miedo exacerbado y a tratar de poner todo mi empeño en volver a mirar desprevenida el paisaje para dejar que quién esté manejando se encargue de lo que le toca.

En el camino de ida, la fracción de camino de la Feliza en el departamento de Caldas hizo que se nos hiciera tarde. Y uno de los arranques de exceso de confianza de Leo hicieron que me atreviera a tomar el volante de nuevo. Llevaba aproximadamente dos años sin hacerlo. Fue así como conduje entre Pereira y Buga la Grande. La escaces de luz me obligó de nuevo al asiento de copiloto pero algo había cambiado en mí durante ese trayecto.

Solo volver a confiar, reaprender a soltar, a dejar que cada momento me pusiera en el trabajo de decidir tranquila cada movimiento. Solo mirar a mi miedo a los ojos me ayudó a encontrar la calma. Con el dolor me pasa lo contrario, enfocarme en él solo me llama a verlo más grande.

Llegamos a la capital del Valle a eso de las 12:30, felices y con ganas de dar ese abrazo que estuvimos esperando toda esta pandemia.
Pasamos una semana amorosa y llena de afecto.

De regreso, pude volver a mirar desprevenidamente el paisaje. Mi miedo había comenzado a abandonarme. 

Tramo entre Manizales y Pereira.

domingo, 18 de octubre de 2020

Tempestad

Relámpagos y rayos iluminaban constantemente el cielo. Llovía a torrentes. Los árboles de afuera se mecían fuertemente, parecía que en cualquier momento cederían frente al viento y se romperían. 
Anna y yo tuvimos que desconectar todo aquello que dependía del flujo eléctrico. Luego nos metimos en la cama y nos arropamos, pero no corrimos la cortina para poder seguir viendo, inermes, cómo se comportaba aquella tormenta.

Durante todo el año hemos estado viendo especiales sobre meteorología en los que hacemos seguimiento mensual a hechos ocasionados por fuerzas terrestres que, sumados  el actual virus invisible,nos recuerdan nuestra vulnerabilidad: huracanes, lluvias torrenciales, inundaciones, erupciones volcánicas, nevadas tempranas, entre otros. 
No he sido capaz de negarme a la posibilidad de ver eso con ella. No puedo negarle ver, desde ya, la compleja dinámica terrestre.

Durante la tormenta ella estuvo calmada pero con la claridad de que no estamos exentos de nada, de que las garantías no existen, de que ser mortales es una de nuestras condiciones vitales.

Sin embargo yo sabía que su miedo, aparentemente ausente, estaba ahí. Tampoco podía quitárselo. No sé si en mayor o menor escala yo también lo sentía. 

Está tarde en silencio pudimos acompañarnos, ver y escuchar los rayos constantes y cercanos, la lluvia torrencial que oscurecía el cielo de la tarde, sentirnos vulnerables y frágiles, pero juntas. 

jueves, 15 de octubre de 2020

Punto ciego de la memoria

Ellos llegaron a casa. Venían de la casa de mi suegra. Se habían quedado un rato con ellas para dejarme sola mientras descansaba. Estaba rendida. Había sido tarde de elaboración de conservas y había elegido el peor de los calzados para estar toda la tarde de pie. Me dolían muchísimo los talones.

Cuando llegaron yo estaba agazapada en la cama en posición fetal. Trabaja de sentir el viento que entraba por la ventana mientras miraba a la nada. De repente lo sentí...llegaba hasta mí con claridad un olor que se metió en mi bulbo olfativo y activó algún recuerdo específico. De inmediato fue como si estuviera bajo un hechizo. Anna se acostó a mí lado y comencé a olerla como si fuese un sabueso. Pero ella no era la fuente de aquel olor.

Él tardó un poco en acercarse, primero trajo el Mat y me pidió que me acostara bocabajo para hacerme un masaje en los talones. Puso el Mat bajo mis empeines y comenzó a masajear...oh dios, fue tan relajante!! Sin embargo seguía sientiéndolo. Cuando terminó ya ella yacía dormida a mí lado. Entonces pude comenzar a buscar la fuente de mi obsesión. Y la encontré en su barbilla. 

No tengo idea que ocasionaba aquel olor en mí. Sentía que mi memoria divagaba en laberintos que no sabía que existían. Me sentía hechizada, embriagada y sin embargo también confundida. Era una sensación que me hacía sentir recuerdos increíblemente viejos. Maduros. Casi como la sensación que me produce el olor de las cápsulas de aceite de semillas de lino, pero percibo que es aún más viejo. 

Mi sensacion no tenía asidero, pero era tan familiar. Es como si quisiera agarrar un recuerdo que sé que no voy a tener. 

Hoy, por primera vez en mi vida, amé solo un fragmento de su cuerpo... porque generaba en mí evocaciones inefables.


Hoy cumplo 41

Y me llegaron mensajes increíbles, que conmovieron mi espíritu. Estoy muy agradecida con este camino... ...