miércoles, 25 de diciembre de 2013

Construyendo la historia


Mi pasado está marcado por periodos de tratando de vivir fuera de casa. Nunca cuando estuve fuera había tenido una navidad sin importar con quien viviese.
Este año la historia fue bastante diferente, ahora siento que es necesario edificar en mi hogar esos espacios para compartir que fabricaron millones de sensaciones en la infancia y que se quedaron a vivir conmigo, como parte constituyente de mi ser, que sólo retornan los fines de año.
Como estrategia de comenzar a construir traté de elaborar manualmente algunas de las cosas que no quería comprar procurando darme espacio para la creatividad y de aprender haciendo. Así que este año la navidad en nuestra casita no llegó de la tienda, la hicimos nosotros y los espacios para compartir se planearon y se disfrutaron sagradamente.
 
                                                   

Es la vida misma con su compañero inseparable el tiempo, la que opera estos cambios y su fruto ha sido el nivel de introspección, que viene aumentando en las fiestas de la natividad, que parece generar cierta disposición hacia los orígenes, hacia la memoria aliada a esa búsqueda de lo que soy, por eso retorno a las personas que acompañaron los primeros años de mi vida y a mis ancestros.

Simultáneamente se me hace necesario mirar el ahora para continuar la resignificación y la consecuente construcción de los vínculos que permanecen de forma voluntaria y los caminos de la sangre que se bifurcan: la pareja, los amigos y los nuevos integrantes de casa.
Agradezco infinitamente el año que termina ya que vino cargado de aprendizaje que se ve reflejado en una actitud diferente con la vida y por ende en la disposición misma para vivir.

Agradezco totalmente el proceso y la forma en la que se estructura mi camino. El aprendizaje sigue llegando!!!



 







jueves, 19 de diciembre de 2013

Hache dos O!

Yo no sé si ir a la piscina sea un viaje tan emocionante para todo el mundo como lo es para mí, no se si sea un super paseo o sólo un rato de esparcimiento, pero para mí es casi como ir a una cita romántica o a un encuentro con un alguien que mueve mis entrañas ¡es sencillamente emocionante!
Siempre es un buen día para ir a la piscina, aunque debo reconocer que existen contundentes excepciones: los días de tormenta eléctrica o los días en lo que hay disturbios en la universidad.
Todo lo que tiene que ver con ella es un ritual: dejar de tomar o comer cualquier cosa por lo menos 1 y 30 minutos antes, repartir el bloqueador por la piel un rato antes para que sea absorbido y caminar hasta la universidad por las calles de una ciudad lluviosa o soleada (no importa como).
Al llegar a la universidad los pasos se dirigen apresuradamente hacía el extremo noroccidental como una estrategia para calentar los músculos y después de cambiarme debo caminar desde el vestier hasta la piscina: unos días hay mucha gente, otros días hay muy poca pero siempre hay alguien, todo depende del clima, de la hora y hasta de los paros. Anteriormente me generaba un poco de vergüenza caminar medio desnuda en medio de un montón de gente vestida, pero con los años ésta ha ido menguando en la medida en la que ido llegando la aceptación y finalmente el amor por mi propio cuerpo.
Ya en el acceso a la piscina saludo al guarda y al salvavidas, entrego el carné y me ducho. Luego me desplazo hasta la piscina y busco un lugar entre los bañistas que ya están en el agua. 
Cuando encuentro un lugar el ritual se hace más tranquilo: me quito las sandalias y comienzo a estirar los pies: inicialmente los talones, luego las piernas y los muslos.
Comienzo a sentir esas partes de mi cuerpo de las que no soy consciente siempre.
Empieza a asaltarme la conciencia de que es mi cuerpo, que allí donde él está está mi vida y con la aceptación de mi cuerpo deviene el agradecimiento. Sólo soy yo, una  manifestación corpórea igual a todos los humanos en su particularidad única.
Sintiendo cada músculo suelo cerrar los ojos para sentir un poco más. Para sentirme y saber cómo estoy: es como una especie de saludo que mi cuerpo agradece y aprovecha para disponerse.
Me concentro más en la respiración.
Estiro la espalda, el abdomen y los laterales, aquí me detengo un poco en el estiramiento y aprovecho para mirar al cielo: unos días puedo ver el sol, otros puedo ver las nubes moverse y otro puedo ver y sentir la lluvia cayendo sobre mi cuerpo.
Finalmente estiro los brazos, los hombros y el cuello. De nuevo me hago consciente de mi respiración y trato de sentir los latidos de mi corazón.
Tomo asiento en el borde de la piscina y pongo los pies en el agua para aclimatarme.
Me pongo el gorro, limpio las gafas y les hecho un poco de saliva para que no se empañen. Me las pongo. Apoyo las manos en el borde (una junto a otra- con las palmas extendidas y los dedos apuntando hacia el lado opuesto a la piscina), doy media vuelta y mi cuerpo queda suspendido en el borde apoyado en las manos. Lentamente me dejo caer en el agua y me sumerjo completamente, para luego salir un coger un poco de aire y volver a sumergirme haciendo burbujas para tratar de regular la respiración.
Doy media vuelta y todo se torna de un color azulado y aquí y allí se ven las estelas de burbujitas que dejan los bañistas en su recorrido y que le dan al panorama un toque visual casi mágico mágico. 
Vuelvo a la superficie y me acomodo las gafas.
Me sumerjo nuevamente y flexiono las piernas, rápidamente las pongo en el muro, formando con éste un ángulo recto (pura exageración eufemística) y luego las estiro con fuerza para poder impulsarme y comenzar el desplazamiento.
Y empiezo a volar....a tratar de que mis brazos lleguen más lejos para arrastrar más agua y a dejar que mis piernas sepan acogerse al ritmo haciendo lo suyo.
Sólo escucho el sonido del agua, mi respiración y lentamente los latidos de mi corazón se van haciendo más perceptibles.
Nada de afán, sólo escuchar, respirar y por encima de todo: sentir. 
Y empiezo a encontrarme...a volar más alto...los parpados se ponen pesados y comienzan a cerrarse. Me abandono al ritmo de mi cuerpo.
En ocasiones comienzo a contar las idas y las vueltas (juntas son una piscina), otros días no cuento nada y solo nado viendo como las manos entran al agua dejando una estela de burbujas que luego se pierden debajo de mí, saco la cabeza al para aspirar aire y volverla al agua puedo ver el límite entre el agua, la tierra y el cielo. Otros días solo juego desplazándome sumergida casi en el fondo de la alberca y mirando la superficie.
Algunos días mis pensamientos vuelan, vienen y van. Otras veces se quedan conmigo quietos, agazapados en los inhóspitos recodos de la nada.

Cuando siento que ya no quiero seguir, me impulso y salgo del agua y vuelvo a mi estado terrestre, después de haberme sentido fluir e ir y venir a los distintos ritmos que llegan con los días.
Casi siempre salgo pensando que debo aprender a  fluir en la vida tal y como lo hago en el agua, sólo tengo que dejarme ir, aprender a confiar y a sentir tal y como lo hago cuando estoy en el agua.

sábado, 7 de diciembre de 2013

A los pollitos chillones...que se alejan por los meandros de la vida.


Verme en la necesidad de esbozar escritos que demandan toda mi emotividad hace que evoque situaciones que me permiten valorar, a la luz del presente, cosas que considero significativas. Fue así como para comenzar este escrito una situación simplemente vino a mi mente. No tengo como justificar su particularidad, sólo recordé algo y algunas reflexiones comenzaron a asaltarme. La expongo a continuación:
Un día, mientras ustedes presentaban un examen les dije que el planteamiento de ese tipo de pruebas tenía, por encima de cualquier otro propósito, el de enfrentarlos a situaciones en las que tuvieran que tomar decisiones valiéndose del conocimiento adquirido como su única arma.  Lo dije pensando que este tipo de pruebas pretenden simular situaciones problema, teóricas o prácticas, a las idealmente uno debe enfrentarse desnudo y siendo lo que se es. Por eso les decía que copiar sólo tiene sentido para un sistema censal, pero no para la vida, porque cuando nos enfrentamos a una situación problema, éstas suelen descubrirnos inermes en la intimidad de lo netamente personal y por lo general llegan para empujarnos a decidir, pero no hay forma de copiar. Este tipo de situaciones se van haciendo nuestro pan de cada día en la medida en la que vamos creciendo y superando escollos en la vida. Esa es una cosa que ustedes vienen viviendo en carne propia.
Pero ¿por qué hablo de las situaciones problemas y de la toma de decisiones? Porque creo que cuando el sistema educativo da a luz a las personas que atravesaron su camino, es porque idealmente los asume como personas que han superado procesos de formación que los hacen, por lo menos nominalmente; individuos aptos para tomar decisiones responsables en la medida en la que son capaces de analizar situaciones, reconocer contextos, identificar variables y hasta de formular propuestas respecto; las innumerables situaciones que la vida en comunidad representa. Por ente, y a través de este alumbramiento; les reconoce a ustedes como personas capaces de tomar decisiones importantes que determinarán su vida y las de las persona que los acompañan y que incluyen desde la decisión sobre una carrera hasta la decisión por la persona con la que decidan hacer apuestas de mirar juntos hacia un horizonte posible; eso sin saltarse las “pequeñas” decisiones que tomamos a diario y van desde como asumir un día de melancolía hasta el lente con el que miramos al mundo una tarde mientras vemos la lluvia caer.
Y es el asunto de la decisión en el que quiero centrarme, porque aunque sé que saben muchas cosas al respecto, considero fundamental recordarles algunas otras en un momento como este:
Vivimos para vernos a través de los ojos del otro y definitivamente, necesitamos de los otros para vivir. Siempre hay personas a nuestro alrededor y siempre, con cada movimiento que hacemos alguien se ve afectado, negativa o positivamente, pero afectado. Es necesario dejar de creerse esa mentira de que siempre no siempre somos conscientes de las consecuencias de nuestras determinaciones, la mayoría de las veces de antemano sabemos las cosas que hacemos y vislumbramos, aunque sea de soslayo, las posibles consecuencias que derivarán de ellas. Siempre, sin importar que muchas veces nos hagamos los locos las secuelas de nuestras decisiones están ahí, plasmadas en nosotros mismos, para asaltarnos cuando nos vemos a los ojos y para recordarnos cuando tenemos o no las cuentas claras con la vida. ¿Tiene sentido no escucharse sabiendo que lo que decidimos va a afectarnos y será nuestra entera responsabilidad, sabiendo además que no tenemos escapatoria de eso que va a determinarnos y que será el fruto de nuestras propias palabras y acciones? Escucharse es el único camino, la única manera de fluir. Tomar las decisiones pensando en las aprobaciones o siguiendo los ritmos de otros no tiene sentido puesto que hablamos de una senda que sólo nos pertenece a cada uno.
Dense siempre la obligación de decidir, pero al hacerlo recuerdo arroparse de humildad porque, a pesar de que queramos hacerlo muchas veces, la vida no se deja moldear por nuestros caprichos y somos nosotros quienes debemos dejarnos atravesar por ella…sin forzarla, sólo dejándola fluir y dejándonos llevar.
Retomando el tema de las situaciones problema quiero hablarles de una que ha atravesado mi existencia: ustedes como grupo noveno (bueno hablo de nuestro comienzo juntos). Porque mi historia con ustedes la recuerdo inicialmente como una situación problema que me generaba miedos y resistencias. Eran un grupo pesado que nos hizo pensar y re pensar estrategias, pero sobre todo pensarnos a nosotros como equipo de trabajo y, siento que personalmente fui muy atravesada por ese proceso. Al lanzarme a aceptar la coordinación de grupo, y recordando siempre las palabras de mi hermano cuando estábamos en dificultades, sabía que tenía dos alternativas a la hora de enfrentarme a ustedes: la primera era trabajar y ver el asunto sólo como eso, como si fueran un grupo más con el que ocuparía mi tiempo, o la segunda, y esta me remite a algunos diálogos con mi mejor amiga hace algunos años, cuando nos enfrentábamos discursos académicos que pugnaba por ayudarnos en el ejercicio de nuestra profesión sosteniendo que el contexto educativo es muy complejo y que para hacernos la vida fácil debíamos atender la premisa de no involucrarnos y permanecer al margen. Pero nosotras creíamos que no valía la pena hacer las cosas sin involucrarse, había que vivirlas, sentirlas y dejar que nos movilizaran y cuestionaran, después de todo son parte del camino, y la vida no es una camisa que te quitas cuando sales de casa y vuelves a ponerte cuando llegas del trabajo.
¿Cuál opción escogí? eso ustedes ya lo saben porque la vivieron y la sintieron. En esos días sabía y escuchaba muchas personas que más que contribuir a mi situación problema se engalanaban de los atributos de la experiencia de su camino y pero que olvidaban que ese proceso era único, por ser el nuestro, un proceso que solo era posible de encaminar a partir de los ángulos y arandelas con las que un caso único se gesta, y para acogerlo era necesario dejar por fuera las generalidades. Después de tomar la decisión me solté y dejé de vivir en la certeza, comencé a vivir con la dulce angustia de no saber lo que seguía, pero siempre sintiéndome responsable, con todos los ánimos y la voluntad de enfrentarme a lo que llegase. Creo que fue una de las decisiones más hermosas que he tomado, porque pude aplicar a mi vida esa teoría que me permitía posicionarme en un lugar algo horizontal del proceso de enseñanza, en lugar de ubicarme en la verticalidad de la autoridad. Sencillamente comencé a acompañarlos dejándome permear por esos instantes de vida que compartíamos y aprendí mucho en ese trasegar.
Debo confesar que hubo situaciones en las que no sabía si yo los acompañaba a ustedes o si ustedes me acompañaban a mí, porque a pesar de que nunca lo supieran la estadía con ustedes me hizo más fuerte, pero sobre todo me hizo saber que es posible meterse en la película de hacer las cosas como uno las considera correctas para enfrentarme al mundo poniendo la cara a través de los actos.
Ahora puedo decir que en momentos me resultó bastante emocionante, en otros angustiante, en otros divertido, decepcionante y hermoso, pero en todos los sentidos vivido hasta la médula. También debo decirles que, después de mi partida, al saber de ustedes, y escuchar de los procesos y las formas en las que lograron fortalecer vínculos, después de las segregaciones y escisiones que como grupo los determinaba, me alegraba enormemente, sobre todo al saber que lograron aprender a llevarse bien y a construir juntos partiendo de la aceptación de la diferencia, como en un principio nos tocó hacerlo. Es hora de llevarse ese aprendizaje y aplicarlo en todos los lugares donde estén, porque si en efecto lo aprendieron, ahora son responsables de ese conocimiento que los constituye. Tenga presente que el conocimiento genera responsabilidad.
Ya que pasaron los requisitos formativos, quiero decirles que me alegra poder verlos irse y perderse por los meandros de la vida, porque que sé que están preparados para tomar decisiones.
Para finalizar no quiero ni puedo darles consejos como dice Cabral: “nadie puede dar consejos, no hay hombre que sea tan viejo”, pero tal vez puedo atreverme a contarles algunas cosas que me han funcionado a mí y que han hecho de mi camino una historia hermosa…uno no sabe, a lo mejor les funcionen también:
Recuerden siempre que somos seres vivos, y que la vida es un hermoso proceso que no se detiene, no pretendan quedarse a vivir eternamente ninguno de esos momentos.
Amen mucho, busquen excusas para estar con los seres queridos, no para llenar los espacios de tiempo vacío, mejor búsquelos para vivir juntos intensamente las horas. Porque la felicidad está fabricada de esos instantes en los que nos sentimos cerca a los demás o de los instantes en los que nos percibimos íntimamente ligados a algo mucho más grande que nosotros mismos.
Lo reitero, amen mucho y agradezcan cada día de su vida y cada día que pueden compartir con los otros, porque recuerden: estamos vivos y no sabemos cuando acaba el viaje…
Y aunque, como dije antes, la vida está llena de incertezas hoy tenemos una y es que este tramo del viaje hasta aquí llega y yo agradezco infinitamente que nuestras sendas se cruzaran…. Feliz resto del viaje a los pollitos…los pollitos chillones.

martes, 3 de diciembre de 2013

Agradeçao

ÚÚltimamente siento como si acabara de nacer.
Como si tuviera que descubrir de nuevo todo.
Una necesidad imperante re-descubrirme en cada paso que doy.
En las mañanas,
cuando abro los ojos siento en mí la bendición de la vida
y la responsabilidad de saborearla hasta la médula,
agradeciendo cada instante como una posibilidad.
Extrañamente ha vuelto la sorpresa de las cosas cotidianas:
El atardecer
la lluvia
susurros de mamá por teléfono
la sonrisa de Leo en la mañana
los mimos de mis hermanos
los diálogos de Ary
los versos de los abuelos
la cercanía de amigos que se vuelven hermanos
sentir que vuelo mientras nado con los ojos cerrados...
Puede ser cierta apertura a la sensibilidad y
a la poesía que viene enredada en los frágiles hilos de la vida
que antes me resultaba invisible.
Ahora mi corazón se hinchan con relativa facilidad
y en silencio se conmociona.
La poesía y la sensibilidad están salvándome la vida.

domingo, 1 de diciembre de 2013

lunes, 18 de noviembre de 2013

Alguien quiere adueñarse de la casa


Es impresionante el sonido del viento buscando colarse a través de los recónditos espacios de la ventana...parece que fuera a quebrarse, dejándonos en la intemperie.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Mira en el interior de las caracolas


Hoy fue un día en el que los recuerdos se pusieron de acuerdo y volvieron a mí en bandada...

Fue así como en horas de la tarde, están en el estudio, detrás de las gafas y mirando concentrada el pc cuando algo afuera me distrajo. Vi algo en el cielo que captó mi atención. Pude ver las nubes formando un rostro infantil. La imagen dejaba apenas ver la forma de dos ojos y una parte de la nariz. Sólo eso. Era como si solo pudiese observar la franja que deja ver el Niqab de los rostros de las mujeres musulmanas. Inmediatamente, vino a mi mente una imagen que está presente en el siguiente este cuento.
Era un cuento que escuchaba con mis hermanos hace mucho tiempo, cuando probablemente miraba al cielo en una tarde cualquiera en el trópico, latitud donde podemos ver el hijo de sol casi todos los días. Aunque no siempre nos maravillemos al verlo despedirse de nosotros con un beso.







jueves, 31 de octubre de 2013

¿Inconformidad pasajera?

Hoy me di cuenta que aprobé la y prueba escrita y por eso sigo en el concurso docente.

Debería estar feliz...pero no lo estoy.
Debería sentirme alagada por semejantes oportunidades, pero lo único que hacen esas aprobaciones es mostrarme un camino que, por ahora, no quiero seguir. Se vuelven un peso.
No sé si sea malagradecida, pero no todas las cosas que me llegan encuentran un lugar en mis convicciones de lo que debo hacer.

Últimamente mi quehacer ha estado centrado en la educación pública desde diferentes frentes y además he estado impartiendo unos cursos sobre investigación en el aula a docentes de primaria de instituciones oficiales, lo que me ha permitido una inmersión un poco más cercana en su realidad en las aulas. Compartiendo con ellas y ellos siento, más que nunca, que la mayoría de las personas que ostentan dichos cargos están ahí por las garantías  de estabilidad ofrecidas por el magisterio y no porque de verdad sueñan hacer de la educación un proceso de cuestionamiento y enriquecimiento vital que transforme nuestra ciudadanía y de paso la cultura.

Hablar con muchos de ellos, y sobre todo acerca de los cuestionamientos y proyecciones que direccionan su labor, me hace sentirlos acomodados, pero sobre todo temerosos. No quieren salirse de la fila y en esa medida tampoco quieren que los estudiantes lo hagan, porque ya eso implica cuestionar el funcionamiento de un entramado que, en lugar de reconocer y potenciar las diferencias que como humano nos constituyen, excluye a todo aquel que se muestre cuestionador y sugenrente, pero acepta a quienes pretenden reproducirlo a cabalidad. 

Pero no puedo ser tan osada y generalizar diciendo que esta sea una realidad totalitaria que acoge a todos y todas las docentes. Sin embargo son muchos más de los que creí. Tal vez sea esa mínima parte a la que debo contribuir y en la que debo poner mis esfuerzos en caso de ser favorecida...no obstante, el día el hoy, el panorama, al mirarlo de soslayo, no me resulta el más atractivo.

Puede ser que no sea el lugar donde deba ejercer. Puede que sea el mejor y desde el cual más pueda contribuir. Puede que mañana piense diferente y lo que el posible lugar que hoy me resulta pesado mañana me resulte un lugar bondadoso y abierto a los cuestionamientos e inconformidades de otro ser humano que sueña con las utopías.

Esperaré, afortunadamente no tengo que decidir hoy, y el tiempo siempre es el mejor aliado a la hora de tomar decisiones.




miércoles, 30 de octubre de 2013

Que se quede en la caja...


Durante mucho tiempo sentí que siempre había que esperar algo bueno del futuro...si, esperar, subrayando el verbo y lo que éste implica. De esta manera fundamentaba mi vida en la esperanza del futuro...algo bueno había de venir y esta "dulce espera" alimentaba mi quehacer. Supongo que esta creencia ferviente en el devenir la tomé del mito de la caja de Pandora leído repetidas veces en la infancia y que, al parecer, me caló hasta la médula. 

Por ningún motivo había que perder la esperanza y de hecho nunca la perdí. 

Con el tiempo, creo que después de los 25, comencé a pensar que no había nada bueno que esperar, era necesario hacer y hacerlo ahora, no podía dejar que la vida se me pasara esperando que las cosas buenas surgieran al rayar el alba de la mañana siguiente como fruto de la acción de otros.

Un día equis, saliendo de la Universidad Nacional, coincidí con un amigo (casi hermano) al que le expuse lo que tenía en la cabeza y él me dijo que la esperanza podía ser uno de los peores males de la humanidad, precisamente por que al abandonarse a ella se deja de lado la posibilidad de la acción que es determinante para que las cosas sucedan. Por un momento sentí que todo lo que viví previamente estuvo mal fundamentado y ante el miedo de  encontrarme con el vacío argumentativo de un sinrazón traté de justificarme y buscarle el lado bueno al asunto para omitir cierto sentimiento de culpa que me invadió, pero fue en vano. Entonces fue necesario deshacer mis pasos para reconocer que lo que él condensaba en palabras no me era ajeno en elaboración mental, era algo que ya venía sintiendo de un tiempo para acá...como si hubiese sido necesaria fase de entrega a la espera, mientras mi espíritu maduraba a fuego lento esa construcción ideológica que fundamenta y posibilita la acción. Sólo ese proceso pudo construir en mí la conciencia de la importancia de la creación a través de una acción consciente que, ahora, trato de ejecutar en el acto de la vida misma. 

Por eso ya no espero.

martes, 15 de octubre de 2013

Espero que sepa...


Nunca voy a olvidar la cara que hizo al verme entre la multitud de personas que ingresaban al Parque. 
Vino lentamente hacia mí en brazos de mi hermano, y estando ya cerquita se sonrío y volteo su mirada coqueta hacia otro lugar. 
Parecía saber quién era yo. Como si adivinara cierta familiaridad...

lunes, 7 de octubre de 2013

Espiritualidad???

Últimamente he leído y también he escuchado a muchas personas declararse como "personas espirituales". Dicen alimentar y cuidar bien de su alma y su cuerpo y para sentirse un poco más cercanas a no se qué y definen este estado como espiritualidad. Sin embargo, los textos que me circundan actualmente (esto de manera personal) tratan a toda costa de cerrar, verbalmente incluso, un poco esa brecha que los occidentales seguimos tendiendo entre el cuerpo y las otras dimensiones que constituyen nuestra humanidad. Pareciera que los autores quisieran sugerirme (por ser la lectora) que lo mejor es borrar esas fracturas que históricamente he establecido, tal y como me han enseñado, entre las diferentes caras que me constituyen como un todo; como si fuese necesario desmontar cualquier posible escisión entre ellas.

Entonces, al pensar en esa afirmación, me surgen algunas preguntas: ¿decir que soy una persona espiritual no segrega o deja de lado las otras facetas que me componen y que no pueden separarse ya que se complementan unas con otras? cuando se habla de espiritualidad ¿se habla de una faceta más fuerte y más importante que las demás? ¿no se supone que la articulación de ese todo se amplia en todas las magnitudes posibles y en todas sus diferentes manifestaciones?¿ por qué dejar de lado eso que conozco en la medida en la que me abro a algo nuevo que llega para hacerme sentir más completa y menos segmentada? 

Entiendo que nuestra racionalidad occidental, que fue la que nos crío, tiende desde su concepción positivista a fragmentar todo buscando con ello poder estudiar complejos fenómenos que se generan, entre y al interior, de diferentes sistemas articulados entre sí, los cuales a su vez constituyen sistemas más complejos. Este abordaje de los sistemas como aislados y conceptualizados a partir de sus niveles de complejidad nos permite entender o mínimamente dilucidar lo que podemos concebir como realidad, de la cual también tenemos, de acuerdo a nuestros sistemas de percepción, una interpretación  fragmentada.

Pero hablando de nuestro contacto con el mundo y estableciendo un límite entre los sistemas externos y el interno, específicamente del ser respecto al mundo(delimitándolo al cuerpo, o bueno de mi cuerpo porque estoy hablando de mí) ¿también necesito seguir fragmentándome para poder aprehenderme y establecer una imagen y un concepto de lo que soy?

En la medida en la que vamos accediendo, a través de la experiencia y del conocimiento propio, a otras facetas (¿o sistemas, por qué no?) del yo que nos resultan novedosas y desconocidas ¿no deberíamos acercarnos un poco más a ese todo (holístico) que somos? O ¿es que al sentir que nuestra sensibilidad se abre frente a ciertos estímulos omite otros? En esta medida; ¿decir que soy un "ser espiritual" no deja (por lo menos conceptualmente) de lado a mi cuerpo y a mis emociones? ¿no estoy cayendo de nuevo en esa tendencia a fragmentar de la que pareciera querer escapar?


miércoles, 18 de septiembre de 2013

¿Cadena trófica?


En nuestra situación capitalista, biológicamente hablando, unos cuantos pretenden mantener las condiciones en las cuales el más "adaptado" a esta realidad es el único que puede sacar el "mayor "provecho.
Para esto es necesario que las condiciones continúen como se encuentran. Inmutables. 
Principio de conservación de la pirámide.

martes, 17 de septiembre de 2013

Ciudad dormida...

Se escuchan sirenas pasar velozmente y se observan helicópteros sobrevolando la ciudad.
Los pitos de los carros se escuchan cerca y a lo lejos.
La ciudad ruge. Siempre ha rugido, pero nunca como lo ha hecho hoy.
En momentos se escuchan explosiones lejanas.
Yo la escucho como si estuviera distante. Aunque sé que sólo estoy en un bunker, en medio del rugido.
Entrada la tarde la ciudad cae aturdida y agotada, en medio de un sueño pesado.
Siente sus entrañas arder  y la resaca que queda después de que los gases lacrimógenos se colaran entre los edificios.
Jamás en mi historia recuerdo que hubiese ocurrido algo semejante....

Pero eso fue en otros días. Días en los que el pueblo se levantó para manifestar su inconformidad frente a directrices absurdas que lastiman las filigranas de su vitalidad.

Hoy duerme. Ya no ruge.
A veces llega el lejano rugir de las papas de las manifestaciones universitarias que se debaten por hacerse oír en medio de la lluvia. Someros rugidos de inconformidad.
Pero la ciudad ha vuelto a dormir, para dejar que los monstruos que crea en sus sueños, sigan arrebatándole los jugos del alma.




miércoles, 31 de julio de 2013

Hábitos que se van metiendo en nuestra vida


Atendiendo a la invitación de conectarnos con nuestro cuerpo. Sintiéndonos, y agradeciendo que gracias a él podemos seguir vivos!

lunes, 29 de julio de 2013

El encuentro con el profeta


Creo que no exagero al afirmar que desde niños mis hermanos y yo hemos estado conectados a la lectura en voz alta. Mamá nos leía cuentos antes de dormir y papá nos leía de todo!! política, religión, historias espeluznantes y hasta la sección de "la risa remedio infalible" de una famosa revista que él compraba cada mes.
Este hábito se nos fue metiendo en la existencia y al crecer no lo dejamos atrás. Cuando papá ya no estuvo para leer con nosotros, mis hermanos y yo buscábamos espacios aleatorios para compartirnos alguna lectura que nos había llamado la atención, leíamos juntos las noticias y a veces hasta compartíamos algunas copas de vino en torno a algún texto que lograba divertirnos o movernos algunas tuercas del cerebro, que por lo general cada vez estaban más flojas.
Aún hoy, cuando mi hermano viene de visita con su esposa y su hija, tenemos la costumbre de reunirnos compartirnos textos entre todos. Ahora somos una cofradía familiar de lectores más grande.
Mi matrimonio no podía ser la excepción. Leo se ha apropiado hasta la médula de este hábito y busca constantemente material que podamos leer juntos y que nos saque temporalmente de los textos académicos que abundan en el escritorio en época de estudio. 
Hace poco llegó a casa cargado de libros que su amigo Victor le prestó para tal fin. Llegó contándome historias sobre los contenidos de 4 o 5 mamotretos con cuentos de Chéjov, Kundera y un par de ladrillos sobre "the social network" para su tesis. Sin embargo esta vez trajo un libro empacado en una bolsa y en un sobre de manila simultáneamente. Mientras lo extraía de los paquetes que lo envolvían en me dijo: "Victor me dice que esta lectura será un regalo para ambos, y nos lo presta, muy especialmente para que lo leamos juntos".
Lo que nunca me imaginé fue que se tratara de un préstamo semejante. El libro habla de un hombre sabio que es desterrado de su tierra (aún no sé si literalmente exiliado o debe partir definitivamente de la vida) y antes de partir baja a la plaza a despedirse de su gente. Entonces su pueblo lo acoge cariñosamente y comienza a pedirle que hable de temas como: el amor, los niños, el matrimonio, el dolor, la alegría, entre otros. 
Ahora, todas las noches, Leo y yo tratamos de sentarnos a leer juntos con la excusa de avanzar en este hermoso entramado. Y en cada lectura nos dejamos embriagar de mensajes cortos y contundentes que nos dejan pensando o saboreando el sentido de sus palabras y de paso para sentir cuan lejanas o cercanas nos resultan. 
Ha valido mucho la pena leerlo.

A continuación comparto un fragmento del escrito sobre "El enseñar". A propósito de mi profesión.

"Nadie puede revelarnos más de lo que reposa ya dormido a medias en el alba de nuestro conocimiento.
El maestro camina en la sombra del templo, en medio de sus discípulos  no les da su sabiduría, sino más bien, su fe y su afecto.
Si él es sabio de verdad, no os pedirá que entréis en la casa de su sabiduría, sino que os guiará, más bien, hasta el umbral de vuestro propio espíritu.
El astrónomo puede hablaros de su comprensión sobre el espacio, pero no puede daros ese conocimiento.
El músico puede entonaros el ritmo que existe en todo ámbito, pero no puede daros el ritmo que tiene, ni la voz que le hace eco. Y el que es versado en la ciencia de los número puede hablaros de las regiones del peso y la medición, pero no puede conduciros a ellas. Porque la visión de un hombre no presta sus alas a otro hombre.
Y, así como cada uno de vosotros se halla solo ante el conocimiento de Dios, así debe cada uno estar solo en su comprensión de Dios y en su conocimiento de la tierra".

Texto El Profeta de Khalil Gibrán (el arte de la paz).

viernes, 26 de julio de 2013

A la espera de la poesía


Escribir es una labor compleja que madura y se de-construye a sí misma, reflejando lo que tiene en la cabeza (lo que es) el autor.
Mi historia tiene diversos vertientes que atraviesan generaciones anteriores, contemporáneas y fraternales de personajes que escriben y se expresan en verso con fluidez.
Yo no he podido. Aún se me escurre la poesía de las manos. 
Y aunque quiera no puedo corretearla, eso sólo puede ahuyentarla más.


miércoles, 26 de junio de 2013

Finales transitorios


Ella está malhumorada, y en medio de su malestar ha mandado a todo el mundo a comer mierda. Para sí misma piensa en todas las justificaciones a sus arranques de mal genio: las hormonas, sus condiciones laborales inestables, el marasmo de sentimientos incomprensibles que la abarcan. Todos ellos argumentos inútiles que siempre la llevan a sentirse responsable de arrastrar a otros a sus caídas temporales. En medio de su caos mental sabe que el acelere característico de su personalidad, y que creyó haber dejado atrás, debe seguir elaborándose .

Al finalizar la tarde,en medio de la calma, se abate sobre ella la certeza de que siempre hay y habrá mucho por hacer por su entorno y por ella misma. Ésta será una responsabilidad que sólo acabará cuando su vida se apague. Así que por ahora, no caben los puntos finales...sólo los finales transitorios. 
Al anochecer sabe que su temperamento ni aún ahora, después de tanto tiempo, es un asunto definido y terminado. Le queda mucho por hacer.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Mañana sureña de bohemia

Hay días en los que desde que me levanto llega a mi nariz el olor de las mieles de los taninos madereros añejados o el suave olor del lúpulo de la cebada.  El olor de los beberajes (1) embriagantes y catalizadores del contacto con los sueños y los recuerdos. Esos días grises en los que los el pasado me persigue con nombres específicos  y cubiertos de canciones que antaño sonaban en la radio. No hay como abanicarme. Los recuerdos me alcanzan, me achuman (2), y me obligan a asirlos y a remanyarlos (3). 

Ese fue uno de esos lunes grises en los que el olor del licor se metió en mi nariz desde la mañana, un día de esos en los que las nubes se sublevaron y embagayaron (4) al sol. En la nevera había cerveza y la red estaba plagada de canciones que se mezclaban en un collage de recuerdos. Por si fuera poco, de la biblioteca un libro que recopilaba canciones de tango se dejó caer inermemente desde los estantes altos, tocando violentamente el piso, abriendo sus hojas y dejando ver sus letras para luego cerrarse nuevamente cayendo sobre uno de sus lomos. Instantes después las yemas de los dedos teclearon torpemente los nombres plasmados en esas páginas recientemente aireadas y surgió un marasmo de notas musicales que comenzaron a impregnar el ambiente y se mezclaron con el olor del pescado y del limón que aromatizaban el aire para pregonar precozmente la composición del almuerzo.

La bordona (5) y el fueye (6) llegaron con "las cuarenta", "se va la vida", "muchacho", "naranjo en flor" y las apetecidas "Libertango" y "adiós Nonino". Las letras de Abel Aznar, Cátulo Castillo, Francisco García y Homero Manzi me arremolinaron en el despecho y en el recuerdo de amores ajenos y distantes. Como consecuencia llegaron las ganas de entrancarme (7) y de dejarme llevar por esos impulsos fuleros (8) que llegan con el licor. Finalmente los recuerdos batieron sus alas y volaron hacia el sur, hasta las calles calurosas y vacías donde suena "la llamada" y se baila la milonga y llegó la añoranza.

Las notas se metieron en la habitación hasta bien entrada la tarde, cuando el sol se despedía tímidamente de la montaña con un beso. Llegó el frío y con el partir del sol llegaron las ansias del amante. El deseo de sumergirme ahora en el olor de su cuerpo para elaborar recuerdos que impregnarán días venideros en los que el olor del licor me embriague desde el amanecer.


Fue un lunes de puta madre!!!




(1) Beberajes: bebida, especialmente alcohólica.
(2) Achumarse: embriagarse.
(3) Remanyar: percibir, conocer o comprender una cosa, reconocer,mirar deliberadamente en un objeto.
(4) Embagayar: Embolver, empaquetar.
(5) Bordona: Guitarra.
(6) Fueye: bandoneón.
(7) Entrancarse: embriagarse.
(8) Fulero: malo, que carece de bondad, que debe tener, según su naturaleza y destino, falso, que imita maliciosamente a lo genuino,pobre, feo, barato.

miércoles, 24 de abril de 2013

Lluvia de abril




Estos días, por cuestiones de desempleo, ando con mucho tiempo libre. Con mucho tiempo para mí. Con tiempo para leer. Con tiempo para dejar pasar el tiempo y dejar que el silencio se apropie del espacio. Con tiempo para cocinar. Con tiempo para dormir. Con tiempo para pensar. Con tiempo para mirar las nubes..ahhhhh!!…con tiempo para mirar las nubes. Con tiempo para verlas moverse por el cielo algunas veces rápido y otras veces lento. En ocasiones con tiempo para verlas amontonarse como bolas de helado que dejan pasar algunos cuantos rayos de luz al atardecer. Y he tenido tiempo para abstraerme y observar cuando el ambiente permite que se generen esos instantes íntimos en los que se recarga mi energía y que hacen que vibren esas filigranas delgadas, minúsculas y profundamente mías… es el tiempo en el que las nubes se a tornan grises y el aire se impregna de agua. Cuando la lluvia se hace inminente.
En estos días, y por cuestiones de desempleo, ando con mucho tiempo libre. Con tiempo para mí. Con tiempo para oler el aire y mirar al cielo. Y cuando va a llover salgo a caminar. Sola, sin sombrilla. Expectante de sentir como caen las primeras gotas, de sentir como el asfalto comienza a desprender ese olor a asfalto mojado húmedo y la hierba desprende ese olor a hierba mojada. Entonces el color de las calles se vuelve más oscuro, y la gente se refugia en sus casas dejando la calle solo para mí y para mi henchida felicidad.
En estos días he tenido tiempo para sentir la cortina de nubes de abril que siguen al sol después del equinoccio. Todas las tardes el cielo se torna gris y mi felicidad comienza a crecer. Después de mucho  tiempo, tengo tiempo para salir a caminar y sentir de nuevo la lluvia caer sobre mi cuerpo. Nadie me espera, no tengo afán de estar en ningún lado y al llegar a casa la ropa mojada deja de ser un problema.
Ayer, mientras escuchábamos caer la lluvia, mi madre recordaba como mi hermano menor y yo teníamos el ritual de quedarnos bajo la lluvia cuando éramos niños. Corríamos, saltábamos y en medio de sonrisas dejábamos que el agua se nos metiera entre la ropa. Es inexplicable, siempre ha hecho parte de mí.
Ahora es tarde, y las nubes han empezado a tornarse grises, ya viene la lluvia, debo salir a caminar.

martes, 23 de abril de 2013

Walking together


Después de 3 meses de planeación y espera por fin losjuimosjueputa! Y como todos los viajes tienen un comienzo debo tratar de plasmarlo comenzando, tradicionalmente, por el principio. Leo y yo llegamos temprano al aeropuerto Jesús María Córdoba en Rionegro, y comenzamos a hacer la fila para el Check in. Stephie, Carlotta y Wilmar llegaron un poco más tarde debido a que se vararon en el camino.

El vuelo tardó media hora adicional porque el cielo en Bogotá estaba nublado y eso afectaría nuestro arribo. El segundo vuelo con rumbo a Santa Martha se retrasó 1 hora así que tuvimos tiempo de sobra para mirarnos las caras y de paso las de los demás viajeros que estaban en la sala de espera. Ya en Santa Marta sólo fue necesario salir del avión para que sintiéramos un violento choque de calor que nos acompañaría buena parte del viaje. Nos quedamos en un apartamento a media cuadra del Rodadero. Allí pasamos 3 días, tiempo que literalmente empleamos para relajarnos, escuchar mucha música, hacer silencio, mirar las personas que pasaban, caminar por la playa, mirar el cielo y tomar muuuucchhha cerveeezzaaa!!

Espacios sencillos y llenos de familiaridad comenzaron a ocupar nuestros días. La sensación hermosa de conocer nuevas personas que vienen cargadas de historia, cargadas de vida, hacen que tu rutina se transforme. Con la interacción comenzaron a llegar sorpresas y la primera para mí fue a través de una novedosa osadía para abrirme paso torpe y abrupto para el diálogo en inglés. No fue difícil olvidar la pena, hablar y sentir la imposibilidad de comunicarme. Pero el que quiere puede y yo creía que, aunque torpemente, me hacía entender. La primera noche tomamos cerveza en el balcón hasta el cansancio. Bailamos, reímos y comimos hasta que el cansancio nos envió a la cama. El segundo día fue el día de la locha libre!!! Y el tercero nos llevó a Playa Cristales, lugar al que para llegar es necesario atravesar en una panga diminuta que sale desde Taganga, trayecto en el que el mar es super violento y en una ocasión hasta estuvimos a punto de volcarnos. 

Stephie rió con nerviosismo todo el tiempo y para amainar sus nervios tomamos cerveza llena de goticas de agua salada que saltaban constantemente sobre nosotros y obviamente sobre la lata de cerveza. Fue un lugar increíble de playas solitarias y aguas cristalinas llenas de vida. 
El cuarto día nos levantamos temprano, preparamos los equipajes y salimos del apartamento. Fue un viaje larguísimo a través de lo que para mí fue tooooda la ciudad. Al dejarla atrás estuve pensando mucho en ella. Es una ciudad desordenada donde la recolección de basuras no parece ser muy eficiente, la gente no parece preguntarse por el destino de los dineros públicos y la inversión en la infraestructura en poco evidente. La señalización de las calles no existe y la gente no parece pensar en eso…pero después de mucho ver peros me sobrevino la pregunta: ¿Qué hago yo para que en mi ciudad la historia sea diferente? Y con la pregunta vinieron miles de justificaciones a las que mi conciencia no cedió. La pregunta me acompañaría hasta muchos días después del viaje. 
Ese día llegamos hasta el Tayrona, pero en el trayecto hasta allá el bus se varó dos veces, tiempo en el que Stephie y yo salímos a fumar y huyendo del calor del bus. Es muy raro pero esa carretera me producía un miedo raro. Una zozobra inexplicable que me llevaba pronto a buscar refugio de nuevo en el caluroso bus.
Al llegar al Tayrona decidimos quedarnos en el segundo campamento, Cabo San Juan del Guía al que llegamos luego de 2 horas de camino a pie bordeando el mar. Tiempo en el hermosos paisajes se abrieron ante nosotros…debo dar gracias a la vida por permitirme ver aquello


Llegamos casi al anochecer y montamos carpa en casi una hora!! esto por ser una carpa desconocida para nosotros, por la forma el que se forra así misma en su sobrecarpa y de paso por no tener luz para reconocerla. Finalmente fue buena nuestra terquedad de armarla completa. 
Al terminar de organizar el campamento, Leo y yo fuimos a comprar algo de comida y luego fuimos a la playa a escuchar las olas llegar y sentir la brisa que llegaba a a la costa. Todo era muy oscuro y por ello a duras penas adivinábamos la cercanía del otro gracias a las palabras. Tuvimos una de esas conversaciones deliciosas que me hacen sentirlo cerca y que  me hacen agradecer al universo su presencia en mi vida. Hablamos del hecho de sentir la energía de la gente, sobre las ocupaciones y preocupaciones que el sistema nos impone y la forma sumisa en la que las aceptamos. Esgrimimos argumentos sobre por qué estamos siempre con la necesidad de seguir indicaciones de la iglesia o la publicidad y el mercado. Hablamos sobre la veracidad de las supuestas resistencias que creemos encarnar y sobre la eficiencia de nuestro auto-cuestionamiento y nuestra capacidad para conectarnos con nosotros mismos. Hablamos de mi labor docente y sobre mi falta de fe en torno a  innumerables aristas de un sistema educativo en el que ya no creo, debido a sus propósitos homogenizantes arrasadores. En esos días mi fe estaba hundiéndose con el mundo. Esa Noche llovió a torrentes y por eso agradecimos a nuestra terquedad de armar a oscuras la carpa con todas las de la ley. El agua jamás nos tocó y gracias a ello dormimos secos aunque absortos en nuestros pensamientos, escuchando el arrullo del agua y del mar en medio de la tormenta.
Al día siguiente fuimos a la playa nudista. Un lugar donde pudimos bañarnos en el mar sin trapitos, toditos de cuerpo al sol. Allí el viento se llevó cualquier tapujo, vergüenza y uno que otro temor al escarnio público o a que, como dice Mafalda:  la fuerza pública nos llevara presos por salir a la calle sin vestido. Delicioso lapso de desnudes!
Ese día dormimos temprano gracias a un amague de lluvia que vimos en las nubes y que sentimos inocentemente en el ambiente. Esa madrugada desperté por el llamado insistente de Wilmar insistiéndo que saliéramos de la carpa porque acababa de ingresar un cangrejo. Salimos de inmediato para darnos cuenta de que en efecto un hermoso cangrejo azul y enorme se hallaba en medio de nuestras cobijas. Me temo que no fuimos conscientes de que armamos la carpa sobre su casa…lamenté mucho nuestro descuido. En la mañana empacamos nuestros morrales y salimos del parque. Fue una caminata hermosa en la que recorrimos parajes que no habíamos atravesado antes. Siempre en silencio…observando y agradeciendo por la fortuna de apreciar semejante cantidad de vida junta. Sencillamente hermoso!!
Retornamos a Santa Marta y nos hospedamos en un hotel en el que pasamos la tarde y del que salimos en horas de la noche rumbo a la terminal. La pregunta sobre el ejercicio de mi ciudadanía volvió a taladrar mi  cerebro, cuestionamiento que ahora reflexiono a la luz de un juzgamiento que Settembrini hace a Hans Castorp en la Montaña mágica: “(…)quien se acostumbra a formular críticas fácilmente acaba perdiendo contacto con la vida, con la forma de vida para la que ha nacido (…)” Quedo abierta al cuestionamiento, la observación  y la necesidad de acción.
Llegamos a Bucaramanga a eso de las 6:30am y de allí partimos rápidamente hacia San Gil y allí nos encontramos con una enorme oferta de actividades que demandaban dosis enormes de energía y adrenalina y como buenos aguafiestas que solo tienen ganas de tranquilidad corrimos a refugiarnos a Barichara, un pueblo a 30 minutos de allí.

Aquel es un pueblo hermoso, tranquilo, colonial y sospechosamente tranquilo. Esto lo digo porque en esos días desconocía cualquier asunto referente a lo social, histórico o político del lugar.  Escogimos un hotel a las afueras del pueblo, un lugar hermoso en que sólo estábamos alojados nosotros. Esa noche fue una noche de cerveza, mucha conversación, música y una que otra canción que unía nuestras voces desacompasadas. Dormimos tranquilos en medio de una noche de leyenda. Era el día que la humanidad tanto esperaba para presenciar el fin del mundo, pero nosotros dormimos con tranquilidad.
Al día siguiente después de comprar algunos suvenires al llegar al hotel Wilmar me guió hasta un sendero trazado con pétalos de flores amarillas. Seguí el sendero con la mirada y vi que al final me esperaba Leo acompañado por un trío de cuerdas que entonaba una serenata que inmediatamente me remitió las noches en las que escuchaba cantar a mis abuelos paternos música tradicional colombiana. Dudé un momento y Wil me dijo que debía avanzar. En medio del camino comencé a encontrarme con fotos de amigos, de nuestras familias y de nosotros. Pude ver pasar un buen tramo de mi vida ante mis ojos. Finalmente me encontré con él extasiada por semejante sorpresa, pero le dije que no estaba cumpliendo años. Entonces él se arrodilló y me pidió que me casara con él (…). Esa noche dormí tranquila y expectante. Mañana el sol brillaría de nuevo, una nueva promesa me invitaba a esperarlo con ojos distintos.
Al día siguiente partimos rumbo a Medellín, con la promesa de vivir navidad en un ambiente más hogareño. Fue un viaje largo y tranquilo, que me permitió pensar mucho, cuestionar mucho y pensar en formas de acción, participación y decisión. 


 Debo agradecer al cosmos, a la vida… y debo seguir teniendo cuidado con las cosas que deseo, pues la vida me ha mostrado que siempre que deseo algo de corazón las cosas llegan.

Hoy cumplo 41

Y me llegaron mensajes increíbles, que conmovieron mi espíritu. Estoy muy agradecida con este camino... ...