martes, 10 de noviembre de 2020

Lectura colectiva

No hay nada más delicioso para mí, que sentarme (o acostarme) cerrar los ojos y escuchar mientras otra persona lee (lee para nosotros o para mí...).

Esta fue una ocasión de dar. Siempre que nos vemos alguien (o todos) tenemos que leer para ellos. 

sábado, 24 de octubre de 2020

Al volante

Hace 3 semanas estuvimos de nuevo en Cali. Tomar de nuevo el rumbo y meternos en la carretera pone mi nivel de estrés a tope. Me pongo irascible e intolerante y la persona que va al volante me sufre todo el tiempo. 

Para este viaje tenía el propósito de comenzar a trabajar ese miedo exacerbado y a tratar de poner todo mi empeño en volver a mirar desprevenida el paisaje para dejar que quién esté manejando se encargue de lo que le toca.

En el camino de ida, la fracción de camino de la Feliza en el departamento de Caldas hizo que se nos hiciera tarde. Y uno de los arranques de exceso de confianza de Leo hicieron que me atreviera a tomar el volante de nuevo. Llevaba aproximadamente dos años sin hacerlo. Fue así como conduje entre Pereira y Buga la Grande. La escaces de luz me obligó de nuevo al asiento de copiloto pero algo había cambiado en mí durante ese trayecto.

Solo volver a confiar, reaprender a soltar, a dejar que cada momento me pusiera en el trabajo de decidir tranquila cada movimiento. Solo mirar a mi miedo a los ojos me ayudó a encontrar la calma. Con el dolor me pasa lo contrario, enfocarme en él solo me llama a verlo más grande.

Llegamos a la capital del Valle a eso de las 12:30, felices y con ganas de dar ese abrazo que estuvimos esperando toda esta pandemia.
Pasamos una semana amorosa y llena de afecto.

De regreso, pude volver a mirar desprevenidamente el paisaje. Mi miedo había comenzado a abandonarme. 

Tramo entre Manizales y Pereira.

domingo, 18 de octubre de 2020

Tempestad

Relámpagos y rayos iluminaban constantemente el cielo. Llovía a torrentes. Los árboles de afuera se mecían fuertemente, parecía que en cualquier momento cederían frente al viento y se romperían. 
Anna y yo tuvimos que desconectar todo aquello que dependía del flujo eléctrico. Luego nos metimos en la cama y nos arropamos, pero no corrimos la cortina para poder seguir viendo, inermes, cómo se comportaba aquella tormenta.

Durante todo el año hemos estado viendo especiales sobre meteorología en los que hacemos seguimiento mensual a hechos ocasionados por fuerzas terrestres que, sumados  el actual virus invisible,nos recuerdan nuestra vulnerabilidad: huracanes, lluvias torrenciales, inundaciones, erupciones volcánicas, nevadas tempranas, entre otros. 
No he sido capaz de negarme a la posibilidad de ver eso con ella. No puedo negarle ver, desde ya, la compleja dinámica terrestre.

Durante la tormenta ella estuvo calmada pero con la claridad de que no estamos exentos de nada, de que las garantías no existen, de que ser mortales es una de nuestras condiciones vitales.

Sin embargo yo sabía que su miedo, aparentemente ausente, estaba ahí. Tampoco podía quitárselo. No sé si en mayor o menor escala yo también lo sentía. 

Está tarde en silencio pudimos acompañarnos, ver y escuchar los rayos constantes y cercanos, la lluvia torrencial que oscurecía el cielo de la tarde, sentirnos vulnerables y frágiles, pero juntas. 

jueves, 15 de octubre de 2020

Punto ciego de la memoria

Ellos llegaron a casa. Venían de la casa de mi suegra. Se habían quedado un rato con ellas para dejarme sola mientras descansaba. Estaba rendida. Había sido tarde de elaboración de conservas y había elegido el peor de los calzados para estar toda la tarde de pie. Me dolían muchísimo los talones.

Cuando llegaron yo estaba agazapada en la cama en posición fetal. Trabaja de sentir el viento que entraba por la ventana mientras miraba a la nada. De repente lo sentí...llegaba hasta mí con claridad un olor que se metió en mi bulbo olfativo y activó algún recuerdo específico. De inmediato fue como si estuviera bajo un hechizo. Anna se acostó a mí lado y comencé a olerla como si fuese un sabueso. Pero ella no era la fuente de aquel olor.

Él tardó un poco en acercarse, primero trajo el Mat y me pidió que me acostara bocabajo para hacerme un masaje en los talones. Puso el Mat bajo mis empeines y comenzó a masajear...oh dios, fue tan relajante!! Sin embargo seguía sientiéndolo. Cuando terminó ya ella yacía dormida a mí lado. Entonces pude comenzar a buscar la fuente de mi obsesión. Y la encontré en su barbilla. 

No tengo idea que ocasionaba aquel olor en mí. Sentía que mi memoria divagaba en laberintos que no sabía que existían. Me sentía hechizada, embriagada y sin embargo también confundida. Era una sensación que me hacía sentir recuerdos increíblemente viejos. Maduros. Casi como la sensación que me produce el olor de las cápsulas de aceite de semillas de lino, pero percibo que es aún más viejo. 

Mi sensacion no tenía asidero, pero era tan familiar. Es como si quisiera agarrar un recuerdo que sé que no voy a tener. 

Hoy, por primera vez en mi vida, amé solo un fragmento de su cuerpo... porque generaba en mí evocaciones inefables.


miércoles, 15 de julio de 2020

Reglas de casa

Recuerdo que en casa, cuando nuestra vida estaba vuelta mierda y todo era oscuro, planteamos algunas reglas que se nos han ido metiendo lentamente en la vida. Una de ellas es no juzgar. No debo dedicarme a criticar al otro y todo lo que hace. No debo generar juicios de valor a su hacer, sobre todo porque si hablamos de subjetividades no tengo ni un poquito de idea de aquello que el otro vive, lo que conoce, ni de cómo la vida lo ha puesto en el lugar ni la situación que habita. 

Obviamente esta regla tiene excepciones, porque reconozco que si reniego de algunos dirigentes y administrativos que terminan direccionando el hacer colectivo de formas, para mí, absurdas, algunas veces esas personas terminan haciendo mucho daño. Pero eso más que criticando demanda de vehedurías ciudadanas serias y empoderadas. Por otro lado y, desecentrandome del seguimiento juicioso a la administración pública, es necesario preguntarme a la hora de juscagr sin clemencia: ¿quién soy yo para esperar que el otro actúe cómo yo? 

Esta mañana tuve una conversación con alguien que me hizo recordar tanto esa regla, y bueno, fundamentando uno de los conceptos que le dan piso a la tesis, justo me encuentro con esto: 

"¿Quién te ha nombrado pues fiscal general, el procurador implacable de la humanidad? ¿Por qué tomas el lugar de aquellos que condenan y que, algún día te juzgarán? ¿Qué resentimiento te empuja a la acusación perpetua de todos aquellos a los que te encuentras? ¿Con qué derecho te das el derecho de perseguir y denunciar?" 

La mayoría de las personas en las que pienso cuando leo estas preguntas, son personas que todo el tiempo están criticando o juzgando a los otros, pero suelen ser tímidos en su hacer. Casi nunca se han atrevido a equivocarse, porque tienen miedo de ser medidos con la misma regla con la que miden. Creo que en el fondo lo que aprendí en casa, es que ese juzgamiento debía ser inicialmente conmigo misma y a veces soy inclemente. Lo cual tampoco es bueno. No obstante, creo que después de todo tengo claro que Errare humanum est, pero para errar tengo que haber ensayado por lo menos, llegar a la acción sin quedarme solo en el verbo.

No voy a negar que muchas personas con este comportamiento terminan resultando pesadas y mi relación con ellas me termina hastiando hasta el hartazgo. Después del alejamiento termino sintiendo un alivio abrumador, como si viera la luz, como si se soltara cierto lastre que antes me impedía respirar.  ¿Por qué quedarme si ellos viven felices como son? ¿por qué quedarme si su felicidad para mí representa la pesadez? ¿por qué quedarme en un lugar o con quien ya no me siento feliz?

Con eso llego a otra de las reglas que teníamos, ahora formulada como una pregunta: ¿por qué quedarse en lugares (o con personas) lóbregos y sombríos en los que se sientes que se te seca el espíritu? Es demasiado riesgoso...y vivir en un culto por juzgar al otro es una forma de vida que impide concentrarse en crear otras formas de hacer y de vivir que solo surgen de forma espontánea, cuando uno se apasiona o empelicula con lo que hace uno y no cuando está empeliculado en juzgar lo que hace el otro.

Yo creo que me da miedo estar con personas que en lugar de crear se dedican a juzgar. Esa no es la forma de vida que quiero para mí. 

domingo, 12 de julio de 2020

jueves, 2 de julio de 2020

También hay otros soles

"Caninozado por la aplastante dignidad regia del día, nuestro saber erigía indebidamente al sistema solar, local, como ley general. Ahora bien, mediodía solo significa el principado de una enana próxima. Recibimos desde lejos la luz de otros soles, algunas veces gigantes, pero ahogados de sombra" Serres. El tercero instruído. Eso que creíamos el centro y lo importante, se desplaza de acuerdo a la jurisdicción de importancia que concedamos. Es época de mandar a la mierda muchas cosas, pero también de reconocer esos soles que, en silencio, y apesar de verse menguados por nuestra falta de atención, siguen iluminando. No es cuestión de desdeñar la luz que ciertos astros nos brindan, se trata de simultáneamente ver aquellos que, nos siguen iluminando en la distancia.

jueves, 25 de junio de 2020

Los puentes requieren dos lados para apoyarse

La soledad y el silencio que ha llegado a alojarse en casa desde que llegó la contingencia da cabida a procesos internos que se habían visto postergados. Yo creo que las cosas para nosotros en casa han sido bastante tranquilos, no hemos vivido el pánico, ni la paranoia, el miedo inicial que implica el desconocimiento de virus no nos llevó a la desesperación. Para Leo la cuarentena es su forma de vida "normal" y Anna tiene muchos episodios de querer estar en casa, aunque no poder compartir con amigos correr y encaramarse en árboles si ha sido complejo para ella. Sin embargo hemos venido atreviendonos a hacer algunas salidas en solitario, y con ayuda de "extrañas pero hermosas energías" hasta hemos obtenido permiso para movilizarnos fuera del municipio de Medellín, hacia el oriente. Entonces hemos caminado sobre la hierba, reposado sobre la hierba fresca y nos hemos dejado bañar por las frías aguas de aguas cristalinas y caudalosas, baños sagrados que han traido sociego. Pero el encierro de la contingencia también ha permitido saber que cicatrices no están sanas e identificar dolores todavía vivos o identificar heridas que creíamos vivas y pero ya están secas, sin conexiones nerviosas. Mi padre ha estado muy enfermo, creo que su pesimismo exacerbado terminó por tumbarlo y llevarlo justo al lugar en el que menos quería estar: el hospital. No voy a negar que su situación llegó a ser muy grave, pero con ella vinieron las preguntas sobre la vida y lo que la sustenta cuando nada de dignidad queda. Es claro que ya no hay una valoración ni una preocupación por sí mismo, su actitud parece indicar que siente que ya no puede con su vida y que por eso deben ser personas externas quien tomen las riendas y se encarguen. He visto empeorar esta situación con los años y ya me siento tan cansada de que viva crisis cada vez peores y que nada cambie. La unica variable es la gravedad de las situaciones a las que se lleva a sí mismo, pero la reflexión sigue ausente. Esta vez, después de que supe que su vida no estaba en peligro, me desligué completamente de la situación. Decidí ocuparme únicamente de lo monetario y de tener la claridad de que no iba a estar en calle, pero nada más. Estoy agotada y no voy a forzarme a hacer nada que no quiera. Y me siento tan insensibilizda que ya no quiero que después de vivir situaciones extremas venga a colmarme con su pesimismo y sus consideraciones de que todo puede ser peor. Lo extraño es que esta vez ya no siento culpa. Ya no me siento mal por manifestar lo que siento y tampoco pesa en mí la obligación de mostrar un interés que ya no existe, sólo porque es un arísta de mi origen, él lo ha extrangulado lenta y dolorosamente. Lo ha asesinado...y con ello me ha hecho algo "libre". No digo que ya no me importe, pero esto cambia mi relación con él, haciéndola mucho más liviana. Después de todo las actitudes del otro terminan por aniquilar el impulso (o nosotros el de otros) y las ganas que tenemos de estar a su lado. De eso también hay que hacerse cargo. Lo que me parece doloroso es ver morir esa parte mía que se ocupda del otro solo por sentir un vínculo familiar o amoroso. Ya ni los lazos de sangre me resultan una justificación válida para sostener puentes que deban apoyarse en un solo lado, después de todo, ni las leyes de la ingeniería osan proponer algo como eso. ¿o estoy equivicada al creer, como Cerati, que el amor también puede servir como puente?

domingo, 7 de junio de 2020

Hoy vendrá a casa, por primera vez el ratón Pérez. Y hoy por primera vez cambian los papeles, ella me peina a mí.

sevensevensevensevensev..

Vivo inmersa en una relación de la que puedo hablar poco.
Las personas no me creerían al escuchar lo que es posible vive con él otro, juntos, en una cofradía cómplice de preguntas a las que nos enseñaron a ponerles límites. Pero nosotros no lo hacemos.

En su compañía me he dado cuenta de que "la vida es maravillosa, si no se le tiene miedo".

Con él todo es tan fácil y llevadero...

Celebro muchas de mis decisiones vitales, pero él, definitivamente ha sido la mejor de todas. 

viernes, 15 de mayo de 2020

Emoción-ante regalo

Hace mucho no recibía un regalo que me emocionara hasta el punto de conmoverme. 

Es el día del profe y estaba inmersa entre juguetes, ejerciendo un poco de presión materna para que Anna organizara su cuarto. De pronto sonó mi celular. 
No quise contestar a la primera, pero ante la insistencia de un segundo llamado tuve que desplazarme a la cocina y constatar que en efecto no podía identificar quién era. Para colmo no tenía ganas de hablar.

Mi resistencia se quebró al tercer llamado. Era la madre de unos primos. Su voz armoniosa, segura y familiar me dijo que llamaba a entregar el regalo de la palabra que sus hijos querían compartirme y empezó a declamar una poesía sobre "el ser maestro". Tuve que quedarme muda. Al compás de sus palabras no pude más que dejar asomar las lágrimas que brotaron de forma natural. El efecto "lagrimón" fue instantáneo y lloré hasta que terminó aquella llamada.

¿Por qué lloraba? no lo sé, tal vez porque sentía que aquellas palabras hacían eco en mí y que en efecto amo lo que hago. Tal vez porque sabiendo lo antiguo de aquellas palabras, todavía podía saborear su significado y sentir su vigencia. Tal vez porque aquellas letras  también hablaban del contacto humano que ahora se ve amenazado por la "necesidad" de aislamiento social. Podría ser porque también fueron palabras que reconocían la constante necesidad que, a pesar de ser maestra, siempre tengo de aprender. Es claro que no tengo una respuesta y ¿por qué debería tenerla? Aquellas palabras me hicieron llorar de felicidad. Pude verme en ellas y eso fue suficiente. 

Tengo que reconocerlo, hace muchos años no recibía un regalo que me conmoviera de aquella forma ¿o será la cuarentena? Bahh! En todo caso fue un regalo que alegró mi día. Pude sentír a mis primos realmente cerca y, además, pude sentir su afecto, a pesar de la distancia.

Es claro, me gusta que me regalen palabras bonitas, bienintencionadas y llenas de sentido. 

martes, 28 de abril de 2020

Shaking chills

El estudio familiar juicioso de los datos nos cuestiona sobre lo que oficialmente implica la definición de Infecciones Respiratorias Graves Agudas (IRAG) "inusitadas".
No sabemos qué es lo que quieren decirnos en términos de pandemia, teniendo en cuenta la gravedad del término en relación a lo político.
Hemos indagado los datos de años previos en comparación a los datos relacionados con el comportamiento del virus y siguen existiendo datos que no cuadran.
En nuestro país ya vemos como se ingresa a la segunda etapa de manejo del virus y las dudas siguen surgiendo.
Sin embargo también vemos como, por cuestiones de la vivencia misma, la emoción derivada de la "realidad actual", termina por validar medidas de intervención social con fundamentos biopolíticos que justifican el "control".

jueves, 9 de abril de 2020

Antropocentrismo suicida

Serres, en su ensayo "el tercero instruido" dice que una de las características del hombre en su carrera miope por la supremacía, omite la necesidad de relacionarse, desde la humildad, con esos otros factores vivos de los cuales, no sólo depende, sino en medio de los cuales sobrevive o vive (él sigue, en sus reflexiones, otorgando a cada ser humano la posibilidad de escoger) y se desarrolla.

Textualmente dice:
"Perseverar sin cesar en su ser, ir incluso más allá de su perseverancia completamente desarrollada, rebasar conservándola, esta es la conducta de la locura. La paranoia podría definirse como la expansión de un rasgo local exasperado que vitrifica el espacio mental para no dejar ninguna posibilidad al crecimiento de otra variable. Presente, un psicótico erradica cualquier otra presencia, como en él la psicosis lo ha expulsado todo. Real, imperial, solar, persevera en su ser, se expande, convierte su entorno. La propagación de la patología rebasa todo lo que encuentra por delante y lo absorbe conservándose en ello (Serres, 1990, p.106). 

Si creemos en la balanza de la justicia, esa que justifica la existencia del derecho, deberíamos mínimamente observar al sujeto de derecho (tal como nosotros seríamos), que tenemos al frente. Ya no hombre, mujer, ni humano. Sino un ente natural que vive, respira y que ahora nos da mensajes claros.

Y si la balanza legislativa que regula las relaciones de lo vivo estuviera buscando el equilibrio, estamos jodidos, por esa psicopata omisión que caracteriza nuestro modo de vida.

Yo no sé de dónde salió el virus que ahora nos tiene en casa. Si es una construcción humana, es claro que está fuera de control y que los gobernantes más soberbios, frente a ese sujeto de derecho que sigue siendo anulado, están asistiendo a la desaparición de derechos que sólo surgen en sus imaginarios cuando se omite la existencia de ese otro. Lo cierto es que es un ser vivo que ya está entre nosotros y deberemos acostumbrarnos a su presencia porque, como cualquier retrovirus, mutará y llegará periódicamente a encontrarse con nosotros. Pero si en efecto, es una zoonosis que pasó de animales no humanos al humano, es un mensaje claro al hombre, de que su supremacía solo se ha fundamentado en soslayar a ese entorno, que no es sólo un escenario de desarrollo vital para sí y que su inteligencia ha pasado de largo sobre la necesaria humildad que poseen todos los seres que logran estar en la tierra y garantizando su estadía-aprendizaje por tiempos prolongados.

Estamos atravesando un momento histórico, en el que muchos deseamos que, como colectivo demos respuestas a esas preguntas que, por andar arrasando con el otro, veníamos postergando. El panorama es desolador, pero es necesario seguir poniendo lo que depende de nosotros para seguir apreciando la belleza de la vida (o acercarnos a la apreciación de Ghibran cuando dice que "la belleza es la vida), incluso en momentos en los que la vida como la concebimos, la antropocéntrica vida, está siendo cuestionada.

martes, 31 de marzo de 2020

El espíritu de los nuevos días

Se me hace un nudo en la garganta al pedirle que no se toque el rostro con las manitos y que por favor no se apoye en todo lo que se encuentra, mientras sacamos a los perros a dar la vuelta respectiva. Aunque aclaro que, en este momento no tengo claro si nosotros sacamos a los perros o ellos nos sacan a nosotros.

Tuve que explicarle que por estos días debía cambiar la costumbre de saludar a todos los niños que se encontrara en el camino y que, con mayor razón, no debía despedirse de ellos de beso y abrazo como tenía acostumbrado (mierda, me toca pedirle que se aleje del otro! :( ). 

Con el objetivo de cuidarla, cuidarnos (a todos), en estos días debemos jugar adentro. Entonces, los marcadores de tablero ahora sirven para hacer rayuelas en el piso, los vasos desechables son depositarios de pimpones y los closets son los escondites ya que no cabemos debajo de las camas, ni en la lavadora. 

No sé cómo enseñarle a crecer a una niña que debe estar encerrada todo el tiempo, ni sé cómo no sentirme mal por el hecho de pedirle que esté alejada de los otros. Estoy aprendiendo esto al mismo tiempo que ella, pero a mí parece dolerme más. 

Lo peor de todo es que ella siempre está de buen humor. Parece carecer de crisis existenciales que la angustien y hasta ahora ni siquiera pregunta cuándo va a pasar esto. Solo espera tranquila y amorosamente, el día que pueda salir a correr bajo el cielo sin que 20 minutos sean su límite (ahora legalmente) establecido.

Tengo tanto que aprender de ella...pero también sé que no hay enseñanza, ni aprendizaje sin ese auto-engendramiento que, muchas veces, está atravesado por el "dolor" del parto. 

miércoles, 25 de marzo de 2020

Extraños ritmos

Robert Musil dice, en el hombre sin atributos, que siempre que nos vemos forsozamente, desprovistos de nuestros ritmos, inmediatamente buscamos otros.

Es así como la cuarentena ha llegado y se ha llenado de ritmos inventados para llenar los días y seguir dándole sentido a cada amanecer. 

Los días llegan y se van y a cada momento, en vista de la incertidumbre de lo que seguirá, se le otorga parsimoniosamente su afán. 

Pero los días también llegan cargados de angustias y de nuevos sentimientos de vulnerabilidad. Algunas angustias, por ejemplo, toca dejarlas a un lado debido a la repugnancia que producen. Es tal el ejemplo de la atribución (conspiranioca o no) a aquellos capitalistas conservadores recalcitrantes, de semejante genocidio global. Se cansa uno de saber las estupideces que están dispuestos a producir los humanos para garantizar que es estatus quo siga intacto. 

Genera una nueva, no por desconocida sino por no experimentada a este nivel, sensación de vulnerabilidad, saber (o recordar), que estamos a expensas de un ácido nucleico de cadena simple envuelto en una capa lipidica. Hemos vuelto a estar al alcance del mundo. No somos ningunos dioses.


sábado, 21 de marzo de 2020

Biohazard

Cuando escribí esto (a mano) llevaba 3 días en cuarentena. Una reacción lenta para mí, pero muy oportuno a los ojos de la Secretaría de Educación.
Pero las vivencias de estos días, definitivamente ponen en relieve preguntas sobre lo que cada cual considera fundamental, y con la naturaleza de los acontecimientos, ese tipo de preguntas pasan a llenar demasiados momentos continuos y en este momento quiero recordar algunos de ellos. Porque para mí esta historia comienza un mes antes de que llegaramos a la cuarentena.

Un día viernes, de febrero, mientras yo padecía un cuadro de gripe atípica, estuve escuchando a Leo tocando su guitarra en el estudio, cuando me leyó algunas de las narraciones de Ian, un chino que conocimos gracias a Camilo (un amigo de infancia de Leo), en Miami hace ya casi 4 años. Ian ahora vive en su ciudad natal, un puedo cerca al Tibet, y al parecer en sus últimas historias, viene describiendo la situación que vive su país, como consecuencia del un retrovirus bastante contagioso que tiene a su país en cuarentena. Que lejana me sonó aquella historia en esos días.

Una semana y media más tarde, conversaba con Leo, con mi gripe sin menguar y sentada en el mesón de la cocina, cuando Camilo escribió de nuevo. Mostrando una foto de víveres que su compañero y él habían decidido comprar, puesto que Ian le pedía comenzar a prepararse para lo que era una inminente amenaza para Occidente. Con tono incrédulo Leo y yo hicimos una lista de víveres para las posibles compras de la mañana siguiente, pero finalmente sólo concretamos la compra de las medicinas para la alergia de Anna (en vista de la resistencia que viene adquiriendo, cada vez compramos menos).

Media semana después, el tema salió a flote de nuevo, Camilo nos pedía ver noticias de Europa y tomarnos en serio lo que estaba pasando. No podíamos creerlo. Nuestros vínculos afectivos con Europa, todavía no nos daban voces de alerta, pero el crecimiento de los casos en los noticiarios, en efecto, iba en aumento. El 13 de marzo, un día después, siendo el primer aniversario de la muerte de mi suegro, estábamos con mi suegra en casa y haciendo una lista de víveres que compraríamos a la mañana siguiente. Decidimos no esperar más ¿Qué podíamos perder al ser precavidos ante tan insistente llamado? A las 6 am estábamos en la Mayoritaria, comprando cosas que, en ocasiones normales, no compraría (árroz, fríjoles secos, entre otras cosas). Compramos un mercado de los que mi abuela Fili siempre decía que uno tenía que comprar, porque uno no sabe cuando llega la época de escasez.

Con la llegada del sol, comenzaron a llegar los mensajes del viejo continente. Mensajes duros, tristes y desesperanzados que le daba todo el sentido a nuestra inusual compra. Entonces comencé a agradecer en silencio los mensajes de aquellas advertencias previas, pero sobre todo a agradecer la insistencia amorosa de quienes sabían que tenemos una nena en casa. Sin embargo, a nuestro alrededor, las personas sólo parecían querer comprar lo de siempre y llevar muuucho jabón para manos y muuucho gel desinfectante. Estábamos escuchando ecos de voces frente a los cuales todo el mundo era ajeno.

A la mañana del domingo, los mensajes desde Italia de Faiver se recrudecieron y nos Wilmar en Alemania nos confirmaba que estaban en cuarentena declarada. Ese día comencé a solicitarle a mi jefe, por WA, que suspendiera las clases del día siguiente, mientras los docentes tomábamos decisiones sobre medidas de contingencia, respecto a lo que se nos estaba viniendo encima. Pero ella me pidió mesura...

¿Mesura? yo siento que he escuchado esa petición un previamente un par de veces, y siempre me parecieron sensatas (sin embargo no quiero entrar en detalles), pero este no era el caso. Fue cuando comenzaron a llegar esas preguntas de las que hablaba inicialmente: ¿Quién de nosotros había vivido una pandemia antes? nadie! ¿Quién tenía en el radar tomar decisiones pensando en consecuencias colectivas y no pensando en los riesgos que corre únicamente su pellejo? Por supuesto, ella no! ¿Cómo conservar la calma, cuando de mis determinaciones éticas y políticas depende una comunidad de más de 500 personas?, pero no! siempre es necesario seguir siendo obediente, incluso en este tipo de casos!

Era claro que ella era incapaz de escuchar, de leer y de pensar. Mis mensajes eran para ella cantos de sirena. Y para conservar la cordura, debía seguir amarrada al mástil que le evitara la tentación de escuchar cuentos de terror infundamentados, de una loca que escucha ecos que le llegan de más allá del mar.

Es día recordé algo que en otros momentos he tenido claro, pero que ahora podía sentirlo a flor de piel de nuevo: soy incapaz de admirar a alguien obediente. Incapaz de no cuestionar a aquellos que siguen órdenes sin pensar siquiera si de verdad esas instrucciones se conjugan con sus posturas personales. Es como si no se vieran atravesados por ellas. Porque, mierda, esta es una situación que ninguno de nosotros ha vivido, pero demanda poner encima de la mesa, incluso sobre la visión del "onmipresente" estado, esas cosas que claramente ponen en riesgo lo humano. Pero, estas personas no parecen escuchar esa vos interna que yo siento que me hace preguntas en situaciones como estas y en otras. Ellos la tienen apagada. Por eso parecen escuchar solo voces externas, y en este caso la de cualquier idiota que está más arriba en el organigrama laboral. Sin embargo, me surge la pregunta ¿están dispuestos a asumir las consecuencias de una obediencia ciega?

Estamos en manos de imbéciles! A pequeña y grande escala!

Tantos años creciendo, formándonos y envejeciendo, para seguir dándole el poder de nuestra vida a otros! ¿Cómo pretendemos formar mujeres distintas entonces?

Yo, en cambio, he visto, últimamente, niñas y jóvenes, enarbolar su criterio frente a la posturas conservadoras y atemorizadas del cambio. Las he visto esgrimir sus argumentos y darse batallas políticas, en un mundo que parece no preparado a escucharlas (hasta ahora, ya no sabemos que sigue y ni siquiera sabemos si sigue). Pero ante situaciones como estas ¿cuál es el miedo a poner sobre la bandeja lo que verdaderamente nos importa, si ya no tenemos opción?


Ahora, llevo 5 días en cuarentena y ayer comenzó el toque de queda. Y mientras más pasan los días, las preguntas sobre lo qué es fundamental para mí se recrudecen. He tenido tiempo para rumiar...y esas estoy.



domingo, 8 de marzo de 2020

Descarga

La ciudad es una isla de calor llena de polución.
Fue necesario subir al frío de la montaña, para descargar la pesadez y refrescarme levitando en el fluido vital. 

domingo, 23 de febrero de 2020

Canción para decir adiós

Estábamos tomándonos una copas de vino, cuando no pude contenerme, bajar la cabeza y decirle en medio de pucheros- estoy cansada.
Con solo comenzar a decirlo, no pude parar y dejé salir de mí un montón de frases cargadas que comenzaron a alivianar mi peso en la medida en la que las vomitaba:
-Estoy cansada- continué- cansada de algunas personas a mi alrededor que creen que el amor es una cosa obvia y que no es necesario hacerle saber al otro, de alguna manera, que se le quiere.
Estoy cansada de esas personas que creen que porque se ganaron un pedacito del corazón de uno, ya lo tienen escriturado vitaliciamente, y que por eso no deben hacer nada para la manutención de esa fracción afectiva, así sea mínima.
¿Que qué hago yo? Yo me esfuerzo, llamo, hago detalles en medio de tiempos en los que, al parecer, faltan los motivos. Gestos simples cargados mensajes que a veces no puedo decir a través de palabras. Acompaño, animo, escucho, visito, me abro a compartir.
¿Qué si he metido las patas? muchas veces, muuchas. Pero trato de hacerle saber al otro de mi reflexión, de expresarle mi malestar ante los dolores que les causo y hasta he tenido que tomar medida drásticas para cambiar comportamientos que dañan a los que quiero. Pero eso sí, siempre manifiesto y busco la posibilidad del diálogo la concertación o la honesta manifestación de mi posición, sin asumir que debemos llegar a consensos. Creo que en el fondo lo que no me gusta que quede en duda es el afecto que sienta, a pesar de las diferencias.
Siempre después de cualquiera de mis manifestación me aislo y agazapada espero. Cualquier manifestación es válida. Pero hay personas con las que no pasa nada.
Antes había ecos, someros que sin ser claros yo asumía como mensajes. Muuuuy esporádicos. Y ahora, desde hace tiempo, ya no se escucha ni se siente nada.
Hace muchos años que no hay un solo ruido, solo nada...
Y siento que sigo esperando nada, en un paraje en el que creo estar acompañada, pero solo hay alguien envuelto en su caparazón, y que claramente no quiere salir.
¿Entonces porque debo quedarme? ¿los años de amistad por si solos son el motivo? para mí ya no es suficiente. Y estoy cansada.
¿Es una sola persona de la que hablo? no, creo que son varias (aunque hay una de ellas que me duele particularmente, porque creí que iba a estar muchos años conmigo), pero todas tienen algunas características muy similares:
Están tan envueltas en ellas mismas que no les interesa el otro. Sin embargo parecen creer que el otro, cualquiera que sea, debe entender que tienen dolores y que sus reacciones egoístas y mezquinas parecen estar justificadas. Y no importa que tanto se esfuercen, parecen tener la voluntad de vivir sin ver al otro.
Suelen ser pesimistas y ver todo el tiempo lo defectos del otro y lo que el otro hace mal, pero son incapaces de ver que su mundo es una manifestación de ellos mismos. Y que así como a ellos los han lastimado, ellos también lastiman.
Algunos tienen tanto dolor con sus padres o con su historia o con ellos mismos, que parecen olvidar que todos sentimos dolor, pero al mismo tiempo parecen disfrutar de su angustia y parecen ser dependientes del drama que causan a su alrededor.
Dicen que disfrutan estar aislados, pero responsabilizan al otro de su aislamiento. Son incapaces de disculparse, a pesar de que saben que con su acciones dañan a los otros. Pero están prestos a quejarse y señalar las actitudes de las demás personas. Son ciegos ante la impresionante carga de rencor y resentimiento que sale, sobre todo, de ellos mismos y que parece ser su motor vital.
-¿Qué dices? ¿Qué yo también soy responsable de seguir ahí? Absolutamente, yo he tenido el problema de haberme hecho la importaculista de haberme acercado. Por que no ha importado qué tan amable sea, ni que tanto espere para verlos, son incapaces de romper su propio caparazón.
También he tenido que hacerme la pregunta de por qué me acerco y por qué me sostengo. La única ayuda para responder esa pregunta ha sido el tiempo, mi siempre emprendedora actitud, mi batería de solidaridad y hasta algo de empatía por su causa (porque yo también he sentido ese dolor, pero no como el motor que me ayuda a sostenerme). Sin embargo, y extrañamente, casi como si fuera un episodio de mi vida que debo cerrar, siento que esos seres que han sido tan queridos para mí, y que entre ellos son tan similares, ya no me despiertan el amor ni las ganas para justificar en desde mí misma la estadía. Debo partir y dudo siquiera que puedan notarlo.
-¿Qué qué ha pasado conmigo para que ya no quiera estar? Tal vez dejé de ser una niña, estoy envejeciendo o tal vez es solo un cansancio exacerbado. Lo cierto es que algo ha pasado conmigo, no sé si dejé de creer que algo en ellos podría ser diferente y ya no quiero esperar. Lo que si he sentido es que esos "compañeros de vida" todavía parecen dudar de la certeza de la muerte, y parecen creer que pueden esperar hasta el último día para manifestarse (conmigo o con cualquier persona). Yo solo sé que no sé cuándo deba irme, y que en un solo día no podría abrazar a todos los que quiero, ni darles todos los abrazos que les tengo. No quiero gastar ni un segundo con alguien que todavía espera otra oportunidad para abrazar al otro, olvidando la posibilidad de cada instante mientras gasta el tiempo lamiendo en silencio sus heridas. Si para ellos es clara su decisión, ahora (casi que no) yo también tengo clara la mía, entonces deberé salir de la vida de aquellos que no quieren untarse ni transformarse con el otro inmovilizados por el miedo, el rencor o el dolor. No puedo seguir esparciendo mi energía vital en tierras áridas.

Ella me dice que entiende mi cansancio, incluso agrega- Es claro que los años siguen llegando, los días se van volviendo cada vez más solitarios y conocer gente valiosa con la que congeniemos de formas mágicas se va haciendo más difícil mientras envejecemos. Por eso entiendo tu cansancio, yo misma no puedo quedarme acompañando a quien, acorazado aguarda, hecho un ovillo, el día en el que lleguen los supuestos argumentos para compartir. Prefiero acoger a aquellos que si quieren estar y valorar a aquellos que, apesar del dolor no se inmovilizan y quieren seguir disfrutando de la presencia del otro mientras pasan los días.

viernes, 7 de febrero de 2020

Recuerdos caídos

En Homecenter venden una cinta doble faz que vale 11mil 3 metros. Días después de comprar un tamborcito de dicha cinta me encuentro en la UdeA 5 metros por 2milqui!
De la de HC todavía quedan resagos en la puerta del closet de Anna. 
Con la de la U todas mis postales se han ido cayendo lentamente. 
Lo barato sale caro! Pero... Cada que una de ellas se cae, puedo leer sus mensajes ocultos y se me alegran los días.
Esta fue la que se cayó ayer:

domingo, 2 de febrero de 2020

Respira profundo

Se hace cada vez más doloroso.
Respirar, dar un fuerte abrazo y hacerse a un lado para que aquellos seres queridos se vayan tranquilos y llenos de amor... Para que se vayan a seguir caminando lejos de nosotros. Pero no por eso ausentes de nosotros. 

martes, 28 de enero de 2020

Arañando...

Siento que si puedo escoger quiero aprovechar cada rasguño.
Quiero meter mis dedos en el tiempo y sentir como sus segundos se dresgranan a cada paso de mis uñas.
Quiero sentir cada segundo y poder disfrutar de sus presencias, de su voz y de sus abrazos...antes de que se vayan o me vaya. 

jueves, 16 de enero de 2020

Desviando la atención

Mis dedos, de un momento a otro, habían comenzado instintivamente a querer reducir la distancia que las vendas les imponían. Querían desesperadamente recuperar su postura natural. Pero todavía faltaban dos días para la cita con el ortopedista y por lo tanto no podía retirar la venda de acuerdo a mi voluntad.
Eran tarde e incapaz de dormir por causa del dolor que, sumado al de los huesos limados, imponían las vendas. 
Traté en vano de concentrarme y relajarme. Intenté meditar. Concentrarme en el vaiven de mi propia respiración, pero era incapaz. Algo desviaba mi atención. 
Nunca, nunca me había visto obligada a sentir dolor de forma tan consciente que me pareció descarnada. 
Sentí que casi podía acercarme y mirarlo, pero mientras más me concentraba en él parecía hacerse más fuerte. Se fortalecía con mi atención. 
Tuve que buscar desesperadamente mecanismos de distracción. Levantarme a leer y quedarme hasta la madrugada deambulando por la casa y huyendo de los zancudos, que parecen armar fiesta en la sala en estas noches calurosas. 
Ahora entiendo porque mi suegro prefería ir a trabajar, en lugar de quedarse en casa. Lo que definitivamente no puedo imaginar, es su dolor. 

Turn back

Entre el rebujo, se hallan pedazos de los amores del pasado que, afortunadamente, siguen latiendo y fortaleciéndose.

domingo, 12 de enero de 2020

Pacífico

La salida de fin de año estuvo propuesta para recibir juntos a Moro. Este año vino por primera vez de visita y dejó su hábitat en Melbourne 2 meses para estar con nosotros.

Verlo de nuevo, ha sido una chispita para el corazón. Y sentir cómo la distancia lo ha hecho empoderarse de su vida, de sus procesos reflexivos y de sus acciones es verdaderamente deslumbrante. Sus palabras dejan ver su madurez y sin embargo parece haber decidido no dejar de ser un niño (cosa que me encanta). Hacía mucho tiempo no me paraba en la ventana a reirme, sin poder controlar ni moderar mis carcajadas. Cuánto extraño eso...

Estuvimos juntos desde el 2 de diciembre en Medellín y el 26 de diciembre salimos en la noche (Leo, Anna, mi madre, él y yo) rumbo a Santa Rosa de Cabal, para darnos unos mimitos colectivos en los termales de San Vicente.


El 27 salimos relajados hacia Santiago de Cali, donde pasamos el cumpleaños de Ary armando juegos callejeros con sus abuelos (Luis y Ana), su tía Grey y unos niños vecinos. Fue otro escenario donde la emotiva explosión de nuestra niñez fue posible. Con los años cada vez es más clara la sensación de gusto por el juego y me dispongo claramente a "brinconear" como si todavía fuera una niña (en el fondo creo que nunca voy a dejar de serlo).

El 29 de diciembre salimos a las 4:30am rumbo a Buenaventura. Dejamos los carros parqueados en el hotel Cosmos Pacífico y salimos rumbo a Bahía Málaga. A orillas del pacífico.


Fue impresionante ver la disposición de los muelles y los buques llenarse de carga para después zarpar hacia el océano. Mientras nos alejábamos de la ciudad en lancha, pudimos ver barcos del ejercito y edificios de carga atiborrados de continers llenos de mercancía.

Llegamos a Juanchaco y de ahí tomamos otra lancha hacia la Barra donde nos esperaba la Casa Majagua.


Después de algunos viajes, es claro para mí que adoro la combinación selva-mar. Me llena de vida ver los acantilados y playas rebosantes de vegetación. Guardianes de la promesa de no sentir el sonido de los motores de los carros. Lugares alejados del mundo y de su confort. Sin embargo después del accidente del 2018, ha venido creciendo el miedo. Saberme tan conscientemente vulnerable me hace pensar constantemente en la muerte y en las formas en las que esta puede llegar, sobre todo cuando estoy de viaje.

En las noches, ya acostada, me impresionaba saber que estábamos a orillas del océano más grande del planeta (nada más las ter cuartas partes) y que si había un tsunami, nada podría sacarnos de allí. Por otro lado, sabía que al otro lado de la playa se extendía la frondosa selva Chocoana y que allí tampoco había caminos o lugares que nos garantizaran la supervivencia a la que estamos acostumbrados: cómodamente, sin esfuerzo y sólo ayudados por el dinero.

En el día llegaba la calma. El mar tiene ese efecto sedante y tranquilizador en mí y su arrullo era un remedio inefable para mis temores nocturnos. Sólo con tumbarme en la orilla del mar, ver el movimiento del sol, escuchar las olas mezcladas con el canto de los pájaros, grillos, sapos y el viento, me despojaba de cualquier temor. Además, ver y vivir las mareas me recordó la importancia de reconocer los ritmos vitales: esa cantidad de agua avanza y retrocede de formas complejas y poco comprensibles para mí. No obstante era imposible no maravillarse con el ímpetu, la fuerza y la paciencia del agua. Pero a pesar de ello me queda claro que el pacífico no es nada pacífico.


Aquel lugar era misterioso. Emanaba de él una invitación a la solidaridad, a la conversación con el otro, al juego infantil, al romanticismo y al sosiego. Cuántas preguntas que había acallado durante el año tuve que responderme...

De regreso a casa, traje conmigo mucha calma y agradecimiento.

Por otro lado ya no somos una familia tan dispuesta al consumo y en esa medida la estancia en aquel lugar estuvo llena una tranquilidad que antes desconocíamos y vivirla nos permitió un completo descanso.

Ya rumbo a Medellín, tuve que hacer frente de nuevo a mi temor a la carretera. Pero ese es otro cuento, en el que hasta voy a necesitar apoyo externo. Porque mi miedo sigue ahí y yo me resisto a darle el espacio para que me inmovilice.

miércoles, 8 de enero de 2020

Monsters

No hay escapatoria. Siempre tenemos que enfrentar nuestros demonios cuando nos salen al paso. No hay opción. Si los franqueamos aparecen de nuevo, con otros rostros, siendo esencialmente los mismos. Y en las verdaderas batallas uno de los dos adversarios debe morir.

Cohen decía "los amantes de la poesía sería nunca se ponen violentos. Pero he estado en viligias suicidas" (Soy tu hombre. p, 66). Lo confieso, en ocasiones he querido acabar fragmentos míos, acabando con los vínculos que me unen a los otros. Tratando de aniquilar simbólicamente lo que representan. 




Hoy cumplo 41

Y me llegaron mensajes increíbles, que conmovieron mi espíritu. Estoy muy agradecida con este camino... ...