jueves, 4 de diciembre de 2014
Viaje para encontrarla...
Esta historia tiene varios preámbulos, no sólo por la intensa naturaleza de la vivencia misma, sino porque también enmarca, desde muchas perspectivas, mi visión política de la vida, del mundo y del ser humano. Es la historia del nacimiento de mi bebé Anna.
El primero de los preámbulos tiene que ver la confrontación personal que tengo sobre la forma en la que la medicina occidental aborda las intervenciones que le competen y por ende el nacimiento. Al pensar en ello lo relaciono algo que me sucedió los primeros días de la gestación con otra historia que se remonta casi 8 años atrás y es la siguiente: el día que Leo y yo vimos que el "tablerito" de la prueba casera mostraba dos líneas decidimos ir a una institución médica para realizarnos una prueba de sangre que confirmara nuestro estado. Una vez allí pude ver una habitación llena de equipos médicos, entre ellos recuerdo haber centrado mi atención en el soporte metálico que sostiene la solución salina o suero cuando está conectado intravenosamente al paciente, al ver esta imagen pensé en el parto e inmediatamente me mareé, tuve que sentarme teniendo claro, en silencio y sin nombrarle nada a Leo, que no quería un parto en asistido como lo hace la medicina tradicional. Mi decisión se amparaba en el conocimiento del proceso atravesado por mi cuñada durante su embarazo dos años atrás, con ella supe lo que era un parto respetado y esa era la opción que yo quería considerar, ¿por qué? porque no sólo las historias de parto que he escuchado de otras mujeres sino mi propia relación con intervenciones médicas previas al embarazo, están cargadas de recuerdos en los que no se tiene en cuenta al paciente, sino que se le interviene sin siquiera preguntar su posición ni se le informa sobre los procedimientos de los que está siendo presa. Yo misma viví esta despersonalización cuando tuve un accidente en motocicleta, hace casi ocho años, y tuve que discutir con el médico encargado de mi caso porque se veía, según él, "saturado" con mis preguntas acerca de lo que sucedía con mi cuerpo y sobre los procedimientos que él realizaba sin decirme nada.
El segundo es un planteamiento tiene que ver con mi concepción de humanidad ya que, amparada en el preámbulo anterior, considero que la medicina occidental atenta (de formas sutiles y no tan sutiles) contra los seres humanos en el momento de nacer (aunque de aquí puede surgir otra disertación biennn laaaarga). Para poder pensar en un parto sin morirme de terror me era necesario visualizarlo considerando que los protagonistas del proceso seríamos, mi esposo, mi bebé y yo (ella sobre todo) y definitivamente tenía la certeza de que la parte realmente difícil sería para ella (llegaría indefensa, sin entender nada de lo que decíamos y dependiendo de que sus expresiones quedaran sujetas a las interpretaciones de aquellos que la recibiéramos). Tenía claro que quería un proceso en el que fuera mi cuerpo el que dictara los procedimientos y no los protocolos estandarizados. El parto para mí era un trabajo en equipo que nos correspondía realizar a los tres, además, yo como gestante, tenía la seguridad de que no estaba enferma y por ello no debía ser tratada como tal sino que debía tener la posibilidad de escoger si requería medicación o si por el contrario decidía de afrontar el dolor como mi cuerpo me dictase. En resumen quería que tener la posibilidad de decidir yo, contando con ayuda de expertos, en lugar de que ellos decidieran por mí dejándome de lado.
Y el tercero, es que consideraba que no podíamos permitir que se nos arrebataran de las manos el sueño de comenzar nuestro camino como familia juntos, sabía que mi esposo debía ser partícipe activo de la llegada de su bebé en lugar de tener que esperar inerme, aislado y ajeno mientras todo sucedía detrás de los muros.
Fue así como un día cualquiera le dije a mi esposo que quería un parto en casa, atendido por personas que respetaran el camino que debíamos recorrer para encontrarnos. Él se asustó un poco, pero después de escuchar mis argumentos y de discutir las posibles opciones me dijo que estaría muy dispuesto si contábamos con el acompañamiento de un profesional médico que trabajara con nosotros por nuestro propósito. Tiempo después, con ayuda de una intervención amiga (extrañamente oportuna) contactamos una gineco-obstetra que anda en el camino de desaprender un poco de los protocolos tradicionales y con la doula con quienes comenzamos un trabajo temprano de preparación para recibir a nuestra chiqui. Las condiciones eran claras: el embarazo debía ser normal y el parto no debía implicar riesgo alguno. Al final del embarazo pudimos ver con ánimo que nuestras expectativas y sueños se estaban realizando.
En la mitad de la semana 37 comencé a presentar las contracciones de Braxton Higs continuamente, pero nunca fueron cada 5 minutos y tampoco fuero dolorosas. Así estuve hasta la semana 39+3. El miércoles 5 de noviembre decidí visitar a un amigo médico que practica la neuroterapia para que me hiciera unos puntos que bloquearan el dolor de una hernia umbilical, que no sabía que tenía y que venía molestándome desde el fin de semana anterior, pero que por su incidencia durante las contracciones tenía claro que me afectaría durante en el parto. Caminé hasta su consultorio (1km más o menos) y de regreso a casa algunas de las contracciones comenzaron a hacerse más fuertes. Al llegar noté que algo me tenía inquieta y por eso decidí quedarme sola y a oscuras en el cuarto mientras Leo trabajaba en el escritorio. La bebé también parecía sentir algo extraño y lo evidenciaba removiendose inquieta y continuamente, por eso aproveché para conversar con ella largo rato. No sé a que horas me venció el cansancio y me quedé dormida.
El jueves 6 de noviembre me desperté a la 1:35am con un cólico fuerte, como si me estuviera llegando el periodo, me levanté despacio, pero el dolor hizo que me apoyara en la pared, al hacerlo pude sentir como un líquido caliente y viscoso salía de mí y caía en el piso o era absorbido por el pantalón de la pijama.
Las "aguas sagradas" habían comenzado a descender, claro aviso de que sólo faltaban algunas horas para mirar a los ojos a mi bebé. Obviamente entré en pánico...todo el embarazo había trabajado mis miedos sobre el parto, pero en realidad al enfrentarme al momento específico el miedo me invadió...sólo con el paso de los minutos fue llegando la calma y la certeza de que podía hacerlo. Fue cuestión de tener paciencia para poder ver como mi espíritu se llenaba de fortaleza y calma.
Le avisé a Leo que se levantó inmediatamente y comenzó a organizar el cuarto para el parto, él llamó a la doula Marcela y a la profesional médica, quienes se pusieron en camino, también comenzamos a tomar el tiempo entre las contracciones y a medir su duración. Marce fue la primera en llegar, cargada con todo su "arsenal" y con una indumentaria que yo decía que era un "pijama anticonceptivo" de color morado (un traje raro que si fuese de uso normal no inspiraría nada). 15 minutos más tarde llegó la medica y me hicieron la primera evaluación. Habían noticias que causaban preocupación y era que mi bebé se había hecho meconio (estando todavía en mi vientre), mi cérvix apenas comenzaba a borrarse y mi cuello apenas comenzaba a dilatar, lo que hacía que las cosas se tornaran complejas, eso sumado a que mis contracciones eran irregulares y por ello el trabajo de parto activo no tenía ni índices de comenzar. Entonces decidieron observarme unas horas más y para ello sugirieron tiempo de descanso buscando que la oxitocina se pusiera manos a la obra mientras yo me relajaba para dejarla actuar. Marce se acostó en la cama de la bebé y Leo y yo en el colchón de nuestra cama, la doctora fue a dictar una clase, pero quedó en llamar constantemente y de estar atenta a su teléfono por si se presentaba cualquier novedad. A eso de las 9am las contracciones no habían cambiado y por ello la doctora sugirió dar paso al plan B que consistía en ir a la clínica para que el proceso continuara después de ayudar un poco a mi cuerpo con algo de oxitocina sintética para que las contracciones arrancaran bien, además asegurar la posibilidad de intervención en el caso en el que la bebé comenzara a estresarse entre contracción y contracción. Un sentimiento de frustración me invadió y empecé a llorar. Marce me dejó a solas con Leo para que conversáramos al respecto y él comenzó a profesar palabras de calma y tranquilidad. Me decía que "habíamos hecho todo lo que de nosotros dependía y que debíamos también escuchar lo que la bebé necesitaba para su proceso", "que podía estar tranquila porque yo había hecho todo lo que de mí dependía". Es increíble la fuerza que puede llegar sólo a través de una voz específica, con su ayuda comencé a calmarme, aunque debo reconocer que fue sumamente doloroso para mí renunciar a la idea del parto en casa porque inicialmente me sentía algo culpable, sobre todo al pensar en las cosas que, según lo indicaba este hecho, no había elaborado durante el embarazo y que ahora eran un impedimento para el parto como lo soñaba, pero también comencé a entender que la primera lección que mi bebé me daba era "aprender a soltar aquello que no depende de mí" y a respetar su necesidades y decisiones. Antes de salir Marce nos pidió que saliéramos tranquilos, que escucháramos a la bebé y que dejáramos que ahora ella y mi cuerpo dictaran el transcurso de los acontecimientos. Finalmente nos contó que siempre que habían recurrido a la clínica terminaban en cirugía, pero que esta historia apenas se estaba escribiendo (comentario que, sin planearlo, sencillamente olvidé).
Rumbo a la clínica Leo y Marce conversaron todo el tiempo de cómo suceden este tipo de casos en la clínica primavera en Ecuador. Hablaron del proceso que se ha vivido allá para que el parto respetado tenga lugar y hablaron de los sueños que tienen en la organización a la que Marce pertenece, organización que buscan que los partos en Medellín tengan un perfil más humanizado y respetado. Hablaron todo el viaje, pero yo ya comenzaba a sentir como caía en un abismo de abstracción e ingravidez del que apenas un par de contracciones me hicieron retornar. Ya no tenía miedo...sabía que me enfrentaba a algo grande, quizá una de las vivencias más potentes de mi historia, pero el miedo ya no viajaba conmigo, me había abandonado.
Al llegar a la clínica viví calmada y tranquila algunas contracciones mientras Leo hacía el papeleo, pero cuando comenzó a hacer chistes y bromas tuve que decirle secamente que no continuara porque ya no estaba de humor para ello. El plan médico era ponerme un par de horas la oxitocina sintética para regular mis contracciones ayudando a mi cuerpo a dar inicio a la fase activa del parto. Si la reacción de mi cuerpo no era favorable sería necesario operar. Nos asignaron la habitación 306 y una vez llegamos Marce comenzó a sacar su "armamento" mientras las enfermeras de piso recolectaban mis datos, me ponían el cateter y me hacían firmar algunos cuantos papeles. Para poder tomar cualquier decisión la ginecóloga me hizo un nuevo tacto, en este caso las noticias fueron mejores, estaba en 3 de dilatación y eso nos daba a entender que mi cuerpo había comenzado a trabajar y por eso tendríamos tiempo extra que nos permitiera seguir el proceso natural, ahora dependeríamos de cómo reaccionara la chiquita. Hacia las 11am me pusieron una descarga de 15ml/hr de oxitocina y con eso comenzó mi trabajo de parto activo.
Las contracciones se hicieron más intensas, mucho más continuas y mi abstracción también se hizo más profunda. Marce comenzó a emplear calor, aromaterapia, aceites esenciales y consejos de ejercicios que me ayudaran a enfrentar cada contracción. De ahí en adelante mi percepción del tiempo, del espacio y de las personas fue bastante confusa. Me sumí en un estado lejanía que se hacía más profundo después de cada contracción, pero mi conciencia resurgía cuando sentía mi útero encogerse y el instantáneo estado de alerta me permitía ponerme activa. La mejor manera que encontré para enfrentar las contracciones era agachándome y haciendo sentadillas mientras respiraba al ritmo que mi cuerpo que demandaba. Al sentirme agotada intentaba asumirlas con empleando otras estrategias: apoyando la parte superior de mi cuerpo en algo mientras flexionaba y estiraba las rodillas, moviendo las caderas un lado al otro, colgándome de un fular amarrado a una puerta mientras dejaba que mis piernas descansaran y que la gravedad se hiciera cargo de mi cabeza, pero siempre retornaba a las sentadillas.
A eso de las 3pm me quitaron la Oxitocina y mi cuerpo continuó trabajando solo. Sin embargo las contracciones eran tan seguidas que comencé a sentirme agotada y a demandar algo de agua caliente que actuara como analgésico y que me diera algunos minutos de descanso, pero en la clínica no había agua caliente, estaba tibia, casi fría. En vista de mi implacable demanda la enfermera jefe ofreció cambiarnos de habitación a la 301 donde el agua tenía un par de grados más. Una vez allí me duché con ayuda de Marce mientras Leo, la médica y las enfermeras calentaban un poco más el agua de la ducha, para llenar la piscina, con ayuda de unas resistencias que Leo consiguió fuera de la clínica. Cuando la piscina tuvo el nivel mínimo me sumergí en ella y el dolor menguó someramente, entonces pude relajarme un poco.
A los pocos minutos (bueno...eso de tener claro el paso del tiempo no era lo mío en ese momento, así que sólo hablo de la extraña percepción que tengo ahora) comencé a tener ganas de pujar, pero todavía faltaba un poco para terminar de dilatar, entonces Marce me pidió que asumiera las contracciones soltando el aire como si tuviera un pitillo en la boca y fue ahí que comencé a vivir un verdadero martirio...las contracciones se volvieron insoportables y una hora más tarde estaba pidiendo anestesia. A pesar de los diferentes acotes de cada uno de mis acompañantes, acerca de lo adelante que iba en el proceso, no podía soportar la imposibilidad de pujar, entonces llegó a mí la sensación de que me estaban tomando el pelo y que no apoyarían mi decisión. Terminé discutiendo con Leo y secamente le dije que ya no quería verlo más (en la conversación de preparación a este tipo de parto la doula había advertido a Leo que yo podría tener este tipo de reacción, pero que no sería nada personal), así que él tuvo que abandonar la habitación y segundos después Marce y la médica llegaron a conversar sobre mi decisión, pero yo ya no estaba en condiciones de hablar y sólo confirme mi posición. Minutos después llegó la enfermera con la silla de ruedas y con ella Leo, al verla salí de la piscina, pero al hacerlo el frío comenzó a hacer de las suyas y una oleada de contracciones continuas no se hizo esperar. Una vez pasadas las primeras contracciones me puse la bata y me senté en la silla, pero inmediatamente vino otra contracción y tuve que pararme como un resorte y al hacerlo les dije que no me importaba nada que iba a pujar, y fue en ese momento que la médica dijo que miraría si mi periné ya estaba "abombándose", así que tuve que colgarme de Leo y asumir la posición de sentadilla dependiendo de él y pujar con todas mis fuerzas...el alivio fue inmediato y la doctora me dijo que en efecto el periné estaba abombado y que de ahora en adelante podría pujar. Con semejante noticia pude declinar de mi decisión de recibir anestesia.
De ahí en adelante mi abstracción fue en aumento de manera vertiginosa...si ya estaba en algún lugar lejano, ahora iba camino al infinito y más allá.
Me senté en la silla de partos y comencé a pujar en cada contracción, fue en esos momentos donde me agradecí a mi misma tener el hábito de nadar, ya que la respiración que asumí para enfrentar los pujos me permitía asumir con fortaleza cada impulso de mi útero.
Pujé sentada en la silla de partos donde Marcela me ayudaba a sostenerme, luego en la piscina donde me fui acostando después de cada pujo, entonces me pidieron que me pusiera en posición más vertical, tuve que cambiar de posición abrazando a Leo que estaba fuera de la piscina para que me ayudara a sostenerme, luego nos dieron un trapo con unos nudos raros y en cada pujo él tiraba hacia sí y yo hacía lo mismo en cada arremetida. Finalmente sentí que algo descendía y al introducir un poco los dedos en el canal vaginal sentía algo duro que me bloqueaba el paso. Agotada les pedí que me ayudaran a salir para caminar hasta la silla de partos de nuevo, al caminar hacia ella mis piernas temblaban como si estuvieran a punto de abandonarme, entonces al ver la silla tan bajita y sabiendo que mis rodillas no resistirían para apoyarme en ella cambié de decisión, giré hacia la camilla y me anclé en ella, con las rodillas rígidas, pedí que la subieran un poco y pegué la cabeza del colchón apoyándome en los antebrazos mientras el resto de mi cuerpo seguía en posición erguida. Una vez allí después del primer pujo pude sentir claramente el descenso de mi bebé...no podía creerlo, esta sensación me dió fuerzas de donde no tenía para pujar. Ya ella no se devolvía, seguía allí hasta donde mis fuerzas y las contracciones de mi útero la llevaban. Comencé a sentir como me abría. Leo dijo que podía verla, y la médica me dijo que podía tocarla, así que puse una de las manos entre mis piernas y pude sentir su piel mojada, su cabello y la forma de su coronilla, fue impresionante. Con la siguiente contracción pude sentir claramente lo que llamaban el círculo de fuego y recordé todo lo que había leído sobre desgarros y el dolor que implica pujar inconteniblemente en ese punto, así que con la siguiente contracción pujé despacio para que su coronilla pasara lentamente hasta que sentí que mi piel iba a partirse, entonces dejé de pujar y a pesar de que la contracción seguía no la dejé moverse más. En ese momento(cuenta mi esposo porque yo no lo recuerdo)la médica puso su mano en mi periné para ayudarme a protegerlo, pero yo inmediatamente grité furiosa diciendo que "nadie me tocara". Cuando la contracción se fue pregunté si tenía que esperar a la siguiente contracción para poder pujar pero la médica me dijo podría hacerlo en ese instante, sin embargo decidí esperar. Respiré, me relajé un poco y al sentir que llegaba la otra "cresta de la ola" pujé con todas las fuerzas que me quedaban y pude sentir como salía suavemente el resto de la cabeza y el cuerpo de mi chiquita. Respiré con alivio...agotada y feliz. Al volver la cabeza pude ver a Leo detrás de mí sosteniendo un cuerpo diminuto que emitió dos suaves chillidos cuando pudo respirar. Perdí la noción de mi cuerpo. No sé en qué momento, pero sé que rápidamente me subieron a la camilla y me recostaron antes de que me desvaneciera. Segundos después tenía sobre mi pecho un cuerpecito diminuto y silencioso que con movimientos torpes reptaba lentamente hacia atrás, buscando mi seno.
Finalmente pude ver sus ojos. Durante largo rato ella pareció mirarme fijamente, detallarme y atravesarme con su mirada.
Un rato después respetuosamente se la llevaron y Leo vino a abrazarme y a decirme feliz que lo habíamos logrado...que tal y como lo habíamos planeado habíamos comenzado a caminar como una familia y que justo como lo considerábamos pertinente el viaje lo habíamos comenzado los tres juntos juntos.
domingo, 12 de octubre de 2014
Cercanía al puerto
Nuestro viaje juntas, en un sólo cuerpo, va llegando a su final. Ambas podemos sentirlo. Debo enjugarme los ojos con emoción y agradecerte el tiempo que has habitado en mi. Tengo que agradecerte por todas las cosas que has movilizado y por todos los aprendizajes que van a quedarme.
Jamás volveré a ser igual.
Siempre le pedí a la vida la apertura y la sensibilidad para escuchar a mi cuerpo cuando otro ser lo habitara y así fue como comenzó nuestro viaje juntas. Un día simplemente tenía muchas ganas de hacer un móvil de papel y pasaba las horas doblando papelitos de colores que formaron las figuras que ahora cuelgan de los hilos que adornan el que ahora es tu cuarto. Estaba poniendo adornos infantiles en un cuarto habitado por mis fantasías y presentimientos. Luego vino el tiempo de comprobar si en efecto estabas aquí, pero mis extrañas certezas "infundamentadas" y mis sueños confirmaban una presencia que la razón todavía no daba por sentada. Fue así como antes de hacerme la prueba, soñé que me hacía la prueba y pude ver dos hilos entrecruzarse armoniosamente para decirme que allí estabas. Al despertar tuve que correr a mi bolso para confirmar que en efecto aún no me había hecho la prueba, pero que ya sabía cuál sería el resultado.
Y comenzaron las "vicisitudes" estomacales (si puedo llamarlas así, porque en realidad no fueron complejas de afrontar). Nada de mareos, nada de nauseas, tal vez un par de ascos y una que otra vez la imperiosa necesidad de tomar soda después de la comida para contrarrestar el malestar.
Mas tarde vinieron las ganas de recordar la infancia y de volver a entonar esas canciones que cantaba cuando era niña. Pero también vino la necesidad de recordar esa niña que fui y que dejé atrás, olvidando las cosas que me importaban, lo que me hacía feliz y hasta las cosas que me dolían. Tuve que obligarme a leer lo qué es un niño y a simultáneamente tratar de buscarme a tientas en medio de pasadizos olvidados de mis recuerdos. Y allí estaba...esa niña nunca se fue, sólo fue necesario querer verla de nuevo...encontrarla me permitió querer volver a jugar, querer volver a cantar, a jugar a las adivinanzas y hasta pedirle a mis hermanos y a mis abuelos que me recordaran esos juegos de palabras que leíamos en los cuentos o que simplemente aprendí porque hacían parte de una tradición oral familiar que me enseñó tempranamente a jugar con las palabras.
Con los meses ha venido mi "crecimiento pa´todos los lados" sobre todo el corazoncito...las contracciones inesperadas que carecen de frecuencia, el reflujo y tus patadas en las costillas, justo cuando más cómoda me encuentro. El dolor en la pelvis, el aprisionamiento de mi vejiga y la certeza de que todo eso son señales de que se acerca el día en el que podré por fin mirarte a los ojos.
La conciencia de la importancia de mi apertura al juego, a la palabra...al amor, se aumenta en la medida en la que tu llegada está en ciernes. Ahora siento que puedo enfrentarme al miedo y a la incertidumbre que inicialmente me generaba mi rol de madre. Me has enseñado a encarar el miedo que me producía, me has ayudado a liberarme de la presión autoimpuesta de ser la mejor...ahora sólo quiero ser tu mamá y entregarme confiada, sabiendo que tu llegada es la confirmación de que los tres: papito, vos y yo, tenemos muchas cosas que aprender juntos.
Estamos listos amor, tus papás te esperan. Y mamita agradece el increíble viaje que nos dimos juntas.
Jamás volveré a ser igual.
Siempre le pedí a la vida la apertura y la sensibilidad para escuchar a mi cuerpo cuando otro ser lo habitara y así fue como comenzó nuestro viaje juntas. Un día simplemente tenía muchas ganas de hacer un móvil de papel y pasaba las horas doblando papelitos de colores que formaron las figuras que ahora cuelgan de los hilos que adornan el que ahora es tu cuarto. Estaba poniendo adornos infantiles en un cuarto habitado por mis fantasías y presentimientos. Luego vino el tiempo de comprobar si en efecto estabas aquí, pero mis extrañas certezas "infundamentadas" y mis sueños confirmaban una presencia que la razón todavía no daba por sentada. Fue así como antes de hacerme la prueba, soñé que me hacía la prueba y pude ver dos hilos entrecruzarse armoniosamente para decirme que allí estabas. Al despertar tuve que correr a mi bolso para confirmar que en efecto aún no me había hecho la prueba, pero que ya sabía cuál sería el resultado.
Y comenzaron las "vicisitudes" estomacales (si puedo llamarlas así, porque en realidad no fueron complejas de afrontar). Nada de mareos, nada de nauseas, tal vez un par de ascos y una que otra vez la imperiosa necesidad de tomar soda después de la comida para contrarrestar el malestar.
Mas tarde vinieron las ganas de recordar la infancia y de volver a entonar esas canciones que cantaba cuando era niña. Pero también vino la necesidad de recordar esa niña que fui y que dejé atrás, olvidando las cosas que me importaban, lo que me hacía feliz y hasta las cosas que me dolían. Tuve que obligarme a leer lo qué es un niño y a simultáneamente tratar de buscarme a tientas en medio de pasadizos olvidados de mis recuerdos. Y allí estaba...esa niña nunca se fue, sólo fue necesario querer verla de nuevo...encontrarla me permitió querer volver a jugar, querer volver a cantar, a jugar a las adivinanzas y hasta pedirle a mis hermanos y a mis abuelos que me recordaran esos juegos de palabras que leíamos en los cuentos o que simplemente aprendí porque hacían parte de una tradición oral familiar que me enseñó tempranamente a jugar con las palabras.
Con los meses ha venido mi "crecimiento pa´todos los lados" sobre todo el corazoncito...las contracciones inesperadas que carecen de frecuencia, el reflujo y tus patadas en las costillas, justo cuando más cómoda me encuentro. El dolor en la pelvis, el aprisionamiento de mi vejiga y la certeza de que todo eso son señales de que se acerca el día en el que podré por fin mirarte a los ojos.
La conciencia de la importancia de mi apertura al juego, a la palabra...al amor, se aumenta en la medida en la que tu llegada está en ciernes. Ahora siento que puedo enfrentarme al miedo y a la incertidumbre que inicialmente me generaba mi rol de madre. Me has enseñado a encarar el miedo que me producía, me has ayudado a liberarme de la presión autoimpuesta de ser la mejor...ahora sólo quiero ser tu mamá y entregarme confiada, sabiendo que tu llegada es la confirmación de que los tres: papito, vos y yo, tenemos muchas cosas que aprender juntos.
Estamos listos amor, tus papás te esperan. Y mamita agradece el increíble viaje que nos dimos juntas.
domingo, 5 de octubre de 2014
...Is near...
Ya casi es tiempo y siento que la cabeza me da vueltas.
En ocasiones puedo sentir como mi nivel hormonal o de despiste o de...no sé que sea esto, me levanta del piso, me lleva a dimensiones desconocidas y me deja ausente del mundo...abstraída, alejada, ensimismada.
A veces siento mucha alegría, otras veces me siento muy abrumada y otras veces me siento realmente asustada, pero siempre muy agradecida (contigo, con la vida, con el universo mismo)...siento como la vida me quema las venas y pugna por manifestarse...a pesar de todo el desorden que tengo en la cabeza, cada vez siento que soy más consciente de tu presencia...cada vez eres más palpable y perceptible, como si fueses una realidad que surgida de una ensoñación y lentamente te hubieses hecho carne...como si fuese invadida por un crescendo musical que me envuelve desde adentro. Es tan hermoso.
Hermosa, tenme paciencia, mami tiene está increíblemente sensible y abrumada...pero te ama tanto.
En ocasiones puedo sentir como mi nivel hormonal o de despiste o de...no sé que sea esto, me levanta del piso, me lleva a dimensiones desconocidas y me deja ausente del mundo...abstraída, alejada, ensimismada.
A veces siento mucha alegría, otras veces me siento muy abrumada y otras veces me siento realmente asustada, pero siempre muy agradecida (contigo, con la vida, con el universo mismo)...siento como la vida me quema las venas y pugna por manifestarse...a pesar de todo el desorden que tengo en la cabeza, cada vez siento que soy más consciente de tu presencia...cada vez eres más palpable y perceptible, como si fueses una realidad que surgida de una ensoñación y lentamente te hubieses hecho carne...como si fuese invadida por un crescendo musical que me envuelve desde adentro. Es tan hermoso.
Hermosa, tenme paciencia, mami tiene está increíblemente sensible y abrumada...pero te ama tanto.
miércoles, 24 de septiembre de 2014
Ya no sólo dar...darse.
A pesar de que las intensas oleadas de calor que vienen alternándose con noches y madrugadas frías (y aveces lluviosas), casi siempre el meridiano llega con un sol radiante y ardientísimo que convoca a una ducha fría o a la siesta después del almuerzo. Casi todos los días llego a casa al medio día y el calor lo único que hace es reforzar mi cansancio, justificado en 8 kilos adicionales a mi peso normal.
Ahora mis caminatas diarias se ven mediadas por la sensación de ensanchamiento y estiramiento del útero y, por si fuera poco, el incremento de peso sobre mi vejiga genera una constante necesidad de micción que no discrimina lugar ni horario...
El dolor en mis costados y en los músculos lumbares, consecuencias del reflujo que me recuerda que ahora debo dormir con mi tórax formando un ángulo con mis piernas y no en posición horizontal, aqueja mis horas de concentración frente al pc y ralentizan la ansiada culminación de la tesis.
Puras nimiedades comparadas con el hecho de saberte conmigo, con el hecho de poder sentir tus tiernos pataleos en mis costillas o los manotazos en mi vejiga para saludar a papá. Poca cosa son el doloroso rozamiento de tus pequeños pies con mis costados o los abruptos golpes a la hora de manifestar tu hambre, comparados con el logro de haber transformado cualquier vestigio de tendencia egoísta, comparados con la posibilidad de reconocer que antes sólo sabía dar... vos me estás enseñando a entregarme.
Ahora mis caminatas diarias se ven mediadas por la sensación de ensanchamiento y estiramiento del útero y, por si fuera poco, el incremento de peso sobre mi vejiga genera una constante necesidad de micción que no discrimina lugar ni horario...
El dolor en mis costados y en los músculos lumbares, consecuencias del reflujo que me recuerda que ahora debo dormir con mi tórax formando un ángulo con mis piernas y no en posición horizontal, aqueja mis horas de concentración frente al pc y ralentizan la ansiada culminación de la tesis.
Puras nimiedades comparadas con el hecho de saberte conmigo, con el hecho de poder sentir tus tiernos pataleos en mis costillas o los manotazos en mi vejiga para saludar a papá. Poca cosa son el doloroso rozamiento de tus pequeños pies con mis costados o los abruptos golpes a la hora de manifestar tu hambre, comparados con el logro de haber transformado cualquier vestigio de tendencia egoísta, comparados con la posibilidad de reconocer que antes sólo sabía dar... vos me estás enseñando a entregarme.
domingo, 14 de septiembre de 2014
Adorables paradojas
Desde principios del pregrado me enamoré de un gato simplemente porque escapaba a mi comprensión...
martes, 9 de septiembre de 2014
lunes, 8 de septiembre de 2014
Lecturas "recomendadas"
Al comenzar el embarazo mis ganas de leer disminuyeron.
Los tres primeros meses todo lo que implicaba alguna actividad me producía mucha pereza. sólo quería nadar, descansar y a veces dormir. Pasaba horas tendida en la cama pensando en quién sabe qué y esperando que me llegara alguna iluminación para saber como enfrentarme a mi desubique.
Con los días vinieron algunas ganas sutiles de leer, los "antojos" que me asaltaron a veces eran de lo más díscolos y descabellados, pero en muchas ocasiones los textos con los que me encontraba parecían dar respuestas a mis preguntas:
Primero se me atravesó en el camino "Revelación Mesmérica" un cuento de Poe que me hizo pensar en asuntos de la encarnación y de la desencarnación.
Luego vinieron algunos fragmentos específicos del Silmarillion de JRR Tolkien. Reminiscencias de mi adolescencia que combinaban de una forma extraña con las referencias del cuento previamente nombrado.
Despues me volví sedienta de matemáticas infantiles y vino a mis manos el diablo de los números, matemágicas y algunos escritos sobre geometría sagrada.
Al enfrentarme a la decisión de hacer un texto de reflexión sobre nuestra relación con el entorno natural, se me cruzó en el camino "el contrato natural" de Serres, libro que agradezco a la vida por la cantidad de tranquilidad que regó sobre mi angustia.
También manual para el desarrollo temprano, como aperitivo para recordar cómo fortalecer habilidades motrices...y para reconocer que tristemente no sé nada de niños...como si mi yo misma no hubiese sido una niña.
Y finalmente, con el que ando a pasos leeeennnntoooos: En busca de la política de Bauman.
Hermosa mía, tu presencia en mi vida ha traído a mi gourmet literario toda una combinación extraña de temas que no puedo explicar desde lo racional, cada uno de los textos encontrados en su momento ha saciado mi sed...sed momentánea que todos los días se renueva a través de preguntas y respuestas que me acompañan mientras camino hacia el instante en el tu piel se encuentre con la mía.
miércoles, 3 de septiembre de 2014
Vamos a cumplir 31 semanas juntas y mis niveles de estrés están normales, pero están.
Pero no te preocupes, nada que ver contigo, bueno por lo menos puedo decirte que tu no me estresas. Lo que si debo reconocer es que tu llegada está en ciernes y eso acorta mi tiempo para entregar la tesis de la maestría, pero finalizarla antes de tu llegada nos garantiza que todo mi tiempo sea tuyo lo que espero hacer en menos de un mes.
Así que te cuento que mis días transcurren entre los quehaceres hogareños, el trabajo, los informes, la tesis, la tesis, la tesis y al final o al principio del día siempre saco tiempo para sentirme muuuuy embarazada y conectarme mucho contigo, hacer ejercicios juntas y sentir mucho tu presencia en mí.
Eso a veces me hace sentir mal conmigo misma, me reclamo no poder sentarme tooodo el día en silencio, disfrutando ese especie de telepatía en la que me siento extraordinariamente conectada contigo "hablándote sin decir nada" o cantándote nanas o diciéndote lo muy feliz que me siento de que estés conmigo, pero no, también debo aprender desde ahora que debo repartir mi tiempo y organizar prioridades que nos beneficien como el equipo que ahora somos.
martes, 26 de agosto de 2014
A mi Anna...
Mi Anna...desde que llegaste a mi vida has comenzado a establecer filtros que han depurado todo aquello que creía y que, según me han mostrado los hechos, se fundamentaba en un condicionamiento de lo que fui. Tú sola presencia ha tamizado mis pasos y ha ido alejando de mi senda personas que antes caminaban conmigo pero que parecen rehusarse a ver la vida fluir a través mío, como si su vida fuera una negación de la vida y en esa medida sólo pudiesen estar rodeados de personas que apoyan y fortalecen esa negación. Te lo confieso, me ha dolido verlos partir, pero tenlo por seguro hermosa, se van acompañados de todo el amor que les entregué mientras acompañaron a mami en su trasegar.
Sin embargo también has actuado como imán para otros que comparten mi alegría de tenerte conmigo y eso ha fortalecido lazos en todas las direcciones en las que mi alma se moviliza, regalándome la presencia de personas amorosas y que se alegran honestamente por tu presencia en nuestras vidas.
En cuanto a mí...has transformado mi realidad de forma contundente, sentirte crecer dentro de mí me ha recordado lo vulnerable que soy y me ha hecho consciente de mi capacidad creadora. Me has recordado la fragilidad de la vida como una condición fundamental para agradecer cada día y me has recordado que caminar tras la utopía hace que cada día se tenga el ánimo para seguir apostándole a vivir buscando la ración de poesía cotidiana.
Siempre valoré y cuidé mi soledad, ahora valoro y cuido tu compañía, adoro cada cosa que provocas en mi cuerpo y en mi mente y agradezco esos detalles sutiles que colman mis días y en ocasiones que me arrebatan algunas sonrisas solitarias. Quiero nombrar un par de ellos que no quiero perder de mi memoria:
La primera fue hace unos días cuando en la visita prenatal escuchábamos atentamente tu corazón, de pronto tu padre se acercó a mi estómago y te saludó calurosamente, inmediatamente tu corazón se aceleró y comenzaste a moverte vigorosamente. Estamos enamoradas del mismo hombre.
Y la segunda me parece hermosamente especial. Algunas noches antes de quedarme dormida puedo sentir el latir de mi corazón retumbando en todo el cuerpo, es tan fuerte! y algunas de esas veces tu acompasas ese palpitar emitiendo suaves golpecitos que hacen retumbar mi vientre, es como si trataras de imitar el ritmo.
Sin embargo también has actuado como imán para otros que comparten mi alegría de tenerte conmigo y eso ha fortalecido lazos en todas las direcciones en las que mi alma se moviliza, regalándome la presencia de personas amorosas y que se alegran honestamente por tu presencia en nuestras vidas.
En cuanto a mí...has transformado mi realidad de forma contundente, sentirte crecer dentro de mí me ha recordado lo vulnerable que soy y me ha hecho consciente de mi capacidad creadora. Me has recordado la fragilidad de la vida como una condición fundamental para agradecer cada día y me has recordado que caminar tras la utopía hace que cada día se tenga el ánimo para seguir apostándole a vivir buscando la ración de poesía cotidiana.
Siempre valoré y cuidé mi soledad, ahora valoro y cuido tu compañía, adoro cada cosa que provocas en mi cuerpo y en mi mente y agradezco esos detalles sutiles que colman mis días y en ocasiones que me arrebatan algunas sonrisas solitarias. Quiero nombrar un par de ellos que no quiero perder de mi memoria:
La primera fue hace unos días cuando en la visita prenatal escuchábamos atentamente tu corazón, de pronto tu padre se acercó a mi estómago y te saludó calurosamente, inmediatamente tu corazón se aceleró y comenzaste a moverte vigorosamente. Estamos enamoradas del mismo hombre.
Y la segunda me parece hermosamente especial. Algunas noches antes de quedarme dormida puedo sentir el latir de mi corazón retumbando en todo el cuerpo, es tan fuerte! y algunas de esas veces tu acompasas ese palpitar emitiendo suaves golpecitos que hacen retumbar mi vientre, es como si trataras de imitar el ritmo.
lunes, 11 de agosto de 2014
lunes, 28 de julio de 2014
Un viaje hacia el nacimiento...
Definitivamente el embarazo es un estado en que la conciencia se modifica y la percepción se altera. Mis historias son sólo hechos que confirma esa regla.
Estoy muy distraída y en varias sutuaciones he hecho algunas cosas sin pensar en mis actos:
En una ocasión debía presentar una prueba de inglés en el núcleo del río de la Unal, pero me fui sin titubear a la facultad de minas y perdí el examen por inasistencia.
En otra tenía una cita odontológica y no me percaté de que con el cambio de EPS la sede de atención no era la misma y me fui a la anterior, también perdí la ida.
Y por lo menos en dos ocasiones he trocado fechas de citas y por eso he dejado a algunas personas esperándome, pero obviamente según mis fechas ellas me han dejado previamente esperando a mí...
Nada de esto es normal, mi neurosis suele impedir que olvide cosas, pero en este momento me pasa regularmente.
Pero eso no es todo, mi estado de dispersión a veces trasciende a una especie de éxtasis en el que cosas que antes no me importaban ahora captan poderosamente mi atención: disfruto mucho saborear las cosas, ya me ha pasado la intolerancia con los olores y por eso ahora los disfruto (aunque no todos), puedo embelesarme mucho rato a apreciar el color azul del cielo entre el ocaso y el anochecer, añoro el silencio de la noche como nunca y me sumerjo con facilidad en fuerte latir de mi corazón que, ahora, parece retumbar en cada rincón de mi cuerpo.
Mi vientre prominente ahora tiene vida propia y exhibe la fuerza de la misma tejiéndose a través de mis entrañas. Se mueve todo el tiempo, a veces lenta y perezosamente y en otras parece tener ataques de efusividad que remueven dolorosamente el fondo de mi ser. Siempre responde a cualquier estímulo: adora comer porque parece dar las gracias en cada una de las comidas a través de suaves golpecitos, responde cuando su padre se acerca a hablarle diciéndole quién sabe qué tiernos secretos, se retuerce o se estira al son de las notas de música y patalea fuertemente cuando hago asanas invertidas en mis sesiones de yoga y no deja de moverse violentamente hasta que retorno a cualquier posición que sienta normal.
Cuando se me antoja la lectura me dejo guiar por mis instintos y busco en la biblioteca a ver qué cosa se me antoja...misteriosamente me he vuelto una afiebrada por cuentos infantiles de matemáticas y me he visto volcada a buscar tutoriales del tema que resuelvan dudas que nunca se habían removido en mi mente.
Es una sensación dulcísima sentir que la vida aflora a través de mi cuerpo y es increíblemente hermoso saber que ahora a donde vaya siempre alguien va conmigo.
miércoles, 9 de julio de 2014
Camino de bendiciones
Hace unos días se reunieron en a mí alrededor las mujeres más representativas de mi historia.
En torno al fuego revivimos historias milenarias: tejimos, conversamos, escuchamos y nos sentimos muy cerca.
Me rodearon y dejaron conmigo una dosis extra de energía femenina y vital, que me ha ayudado a reavivar la conciencia de mi capacidad de crear, de gestar, de parir, de dar y darme...capacidades que nos son comunes sólo por ser mujeres.
Vinieron a echarle leña al fuego creador y a ayudarme a fortalecer mi confianza.
Bendiciones a esas mujeres que han sido imprescindibles en mi historia, porque me han ayudado a edificarme, significar y resignificar mi feminidad todos los días.
Agradezco infinitamente su presencia en mi vida...
En torno al fuego revivimos historias milenarias: tejimos, conversamos, escuchamos y nos sentimos muy cerca.
Me rodearon y dejaron conmigo una dosis extra de energía femenina y vital, que me ha ayudado a reavivar la conciencia de mi capacidad de crear, de gestar, de parir, de dar y darme...capacidades que nos son comunes sólo por ser mujeres.
Vinieron a echarle leña al fuego creador y a ayudarme a fortalecer mi confianza.
Bendiciones a esas mujeres que han sido imprescindibles en mi historia, porque me han ayudado a edificarme, significar y resignificar mi feminidad todos los días.
Agradezco infinitamente su presencia en mi vida...
jueves, 3 de julio de 2014
A propósito del fútbol y de la realidad social
Nunca he sido amante del futbol.
Mi historia con el balón pie ha sido simple y se reduce a recuerdos que tengo de mi primer novio con quien iba al estadio en calidad de acompañante, él era un afiebrado hincha del DIM que heredó esa pasión de su padre, pasión que compartía alegremente conmigo y a la que nunca me opuse; sin embargo nunca me gustó mucho y esa pasión nunca logró contagiarme de forma contundente. Al finalizar esa historia nada hizo que mi negación a ver fútbol cambiara, sobre todo alimentada por la seguridad de hallarme en un país obsesivamente enfermo, y que además de otros males se ve aquejado por las desquiciadas emociones este deporte le suscita.
Pero este año no pude resistirme a la oleada de fiebre futbolística que parece ser alimentada por un fuero interno inexplicable para mí. Es increíble, pero la peque que llevo en mis entrañas patalea, brinca y se contorsiona (a veces dolorosamente) cuando escucha a su papá gritar al son que cada partido le toque. No obstante mi fiebre no trasciende los 90 (o más) minutos y por lo general mis temas de conversación posteriormente nunca tienen que ver con lo visto y sentido en esos instantes, pasa al olvido con facilidad.
A propósito de la fiebre futbolera si hay algunas cosas que se quedan dándome vueltas en la cabeza como cuando hace unos días (exactamente el 21 de junio) leía aterrorizada la columna publicada por el Espectador sobre el doloroso caso de Andrés Escobar, historia que ya cuenta con 20 años:
"http://www.elespectador.com/noticias/judicial/el-estremecedor-relato-del-fiscal-del-caso-de-andres-es-articulo-499808"
Columna a la que quiero referirme sólo por citar un ejemplo representativo y escalofriante de lo que sucede en el país, Un hecho fundamentado en la ciega y desmedida pasión cuyos resultados a nivel social, en muchas ocasiones, carecen de justificaciones humanas y racionales y cuyos desenlaces sirven como ejemplo para develar las infrahumanas condiciones de justicia y amparo en las que vive el pueblo colombiano, un pueblo adormecido por los argumentos que los medios diariamente se inventan para mantenerlo en vilo. Y eso que sólo estoy hablando de fútbol...
Me siento como toda una aguafiestas cuando en lugar de olvidar el trago amargo que deja el artículo y pensar en el sabor dulzón que pueda traerle a la historia patria el partido de la selección nacional mañana enfrentada a la selección anfitrona de la actual fiesta mundial, no puedo sacarme de la cabeza las afirmaciones del fiscal del caso citado, puesto que no deja de preocuparme la situación paupérrima que enfrenta y ha enfrentado históricamente la justicia en el país en el que nacerá mi esperanza. Cito algunas de esas afirmaciones textualmente:
"Ese día aprendí el poder de un Estado: si tiene voluntad y decisión es posible descubrir hasta el más planeado de los crímenes. El poder del Estado es infinito. Para resolver este caso hubo un despliegue de poder pocas veces visto en Colombia, quizás en dos o tres crímenes. Entendí entonces que el Estado lo puede todo, lo que pasa es que no le da la gana o la negligencia es total".
"En Colombia las tragedias humanas están en gran parte relacionadas con unas actitudes de negligencia eterna y absoluta de las autoridades. Es horrible la cantidad de muertos que este país ha puesto por esa manera tan negligente y displicente con que suelen asumir las autoridades los procesos judiciales".
"Colombia todavía vive el oscurantismo de esa anticultura que sigue disponiendo de la vida humana de la misma manera, con la misma frialdad, con la misma indiferencia y con ese silencio oficial. Las causas de esta muerte están vivas aún. ¡Esto no ha cambiado! Es que aquí se bajan de un carro y le van disparando a alguien como si fuera cualquier animal. Aquí la vida no vale nada. Colombia sigue siendo eso, todavía no lo hemos superado. Cualquier cristiano que revise la historia de este país se dará cuenta de que el Estado y la sociedad colombiana han sido de una contemplación eterna con esas expresiones de violencia".
Semejantes afirmaciones, por su vigencia y actualidad avivan el siempre presente dolor por la patria del realismo mágico, donde las cosas tienden a seguir iguales. Pero a pesar del dolor, debe permanecer el compromiso personal de actuar acorde a esos valores "arcaicos" enseñados en casa y que parecen sólo funcionar en esas microesféras sociales en las que nos movilizamos cotidianamente, pero que simultáneamente nos hacen actuar con convicción, con la certeza de que en esos ámbitos las cosas pueden ser diferentes y de que esa es nuestra contribución cotidiana al cambio por el que tanto pugnamos.
Mi historia con el balón pie ha sido simple y se reduce a recuerdos que tengo de mi primer novio con quien iba al estadio en calidad de acompañante, él era un afiebrado hincha del DIM que heredó esa pasión de su padre, pasión que compartía alegremente conmigo y a la que nunca me opuse; sin embargo nunca me gustó mucho y esa pasión nunca logró contagiarme de forma contundente. Al finalizar esa historia nada hizo que mi negación a ver fútbol cambiara, sobre todo alimentada por la seguridad de hallarme en un país obsesivamente enfermo, y que además de otros males se ve aquejado por las desquiciadas emociones este deporte le suscita.
Pero este año no pude resistirme a la oleada de fiebre futbolística que parece ser alimentada por un fuero interno inexplicable para mí. Es increíble, pero la peque que llevo en mis entrañas patalea, brinca y se contorsiona (a veces dolorosamente) cuando escucha a su papá gritar al son que cada partido le toque. No obstante mi fiebre no trasciende los 90 (o más) minutos y por lo general mis temas de conversación posteriormente nunca tienen que ver con lo visto y sentido en esos instantes, pasa al olvido con facilidad.
A propósito de la fiebre futbolera si hay algunas cosas que se quedan dándome vueltas en la cabeza como cuando hace unos días (exactamente el 21 de junio) leía aterrorizada la columna publicada por el Espectador sobre el doloroso caso de Andrés Escobar, historia que ya cuenta con 20 años:
"http://www.elespectador.com/noticias/judicial/el-estremecedor-relato-del-fiscal-del-caso-de-andres-es-articulo-499808"
Columna a la que quiero referirme sólo por citar un ejemplo representativo y escalofriante de lo que sucede en el país, Un hecho fundamentado en la ciega y desmedida pasión cuyos resultados a nivel social, en muchas ocasiones, carecen de justificaciones humanas y racionales y cuyos desenlaces sirven como ejemplo para develar las infrahumanas condiciones de justicia y amparo en las que vive el pueblo colombiano, un pueblo adormecido por los argumentos que los medios diariamente se inventan para mantenerlo en vilo. Y eso que sólo estoy hablando de fútbol...
Me siento como toda una aguafiestas cuando en lugar de olvidar el trago amargo que deja el artículo y pensar en el sabor dulzón que pueda traerle a la historia patria el partido de la selección nacional mañana enfrentada a la selección anfitrona de la actual fiesta mundial, no puedo sacarme de la cabeza las afirmaciones del fiscal del caso citado, puesto que no deja de preocuparme la situación paupérrima que enfrenta y ha enfrentado históricamente la justicia en el país en el que nacerá mi esperanza. Cito algunas de esas afirmaciones textualmente:
"Ese día aprendí el poder de un Estado: si tiene voluntad y decisión es posible descubrir hasta el más planeado de los crímenes. El poder del Estado es infinito. Para resolver este caso hubo un despliegue de poder pocas veces visto en Colombia, quizás en dos o tres crímenes. Entendí entonces que el Estado lo puede todo, lo que pasa es que no le da la gana o la negligencia es total".
"En Colombia las tragedias humanas están en gran parte relacionadas con unas actitudes de negligencia eterna y absoluta de las autoridades. Es horrible la cantidad de muertos que este país ha puesto por esa manera tan negligente y displicente con que suelen asumir las autoridades los procesos judiciales".
"Colombia todavía vive el oscurantismo de esa anticultura que sigue disponiendo de la vida humana de la misma manera, con la misma frialdad, con la misma indiferencia y con ese silencio oficial. Las causas de esta muerte están vivas aún. ¡Esto no ha cambiado! Es que aquí se bajan de un carro y le van disparando a alguien como si fuera cualquier animal. Aquí la vida no vale nada. Colombia sigue siendo eso, todavía no lo hemos superado. Cualquier cristiano que revise la historia de este país se dará cuenta de que el Estado y la sociedad colombiana han sido de una contemplación eterna con esas expresiones de violencia".
Semejantes afirmaciones, por su vigencia y actualidad avivan el siempre presente dolor por la patria del realismo mágico, donde las cosas tienden a seguir iguales. Pero a pesar del dolor, debe permanecer el compromiso personal de actuar acorde a esos valores "arcaicos" enseñados en casa y que parecen sólo funcionar en esas microesféras sociales en las que nos movilizamos cotidianamente, pero que simultáneamente nos hacen actuar con convicción, con la certeza de que en esos ámbitos las cosas pueden ser diferentes y de que esa es nuestra contribución cotidiana al cambio por el que tanto pugnamos.
martes, 1 de julio de 2014
Maternidad simultánea
Hace más de quince días Leo estuvo regando las plantas del balcón y de pronto llegó diciéndome: "Una tórtola está haciendo nido en una de las plantas". Inmediatamente me dirigí a la "malamadre" (así la llamó Nelson cuando nos regaló uno de sus retoños, pero es una falsa orquidea Neomarica gracilis) y en efecto pude ver una aglomeración organizada de ramitas. Era un incipiente nido. "Dejémosla ahí y esperemos a ver qué pasa" le dije y eso acordamos.
Al comentarle a mi madre ella me dijo que la abuela siempre espantaba a las tórtolas cuando comenzaban a hacer nido, porque cuando los huevos no eclosionaban se echaban a perder y se llenaban de gusanos que terminaban acabando con la planta. Medio atemorizados Leo y yo convenimos en dejarla ahí, pero estar muy pendientes de que si la madre abandonaba en algún momento el nido debíamos limpiar la planta con rapidez garantizando su supervivencia.
Era dificil para mí, como animal gestante, ahuyentar una madre en proceso de espera y mucho más ahora que yo estoy en las mismas...Así que comprometidamente vigilamos a la madre y a la planta.
Nunca dejamos de regar las plantas, de hecho, la madre inquilina se acostumbró a nuestra presencia y al principio huía cuando nos disponíamos a regar la planta, pero al ver que sus huevos seguían intactos fue tomando confianza de tal forma, que ni siquiera cuando llegábamos con el agua y nos hallábamos peligrosamente cerca, huía.
Leo contaba los días y consultó el tiempo de espera prudente para el nacimiento (16 días apróximadamente), así que estuvo pendiente tooodo el tiempo. A las tres semanas comenzó a ponerse impaciente y a preocuparse por la planta, pero ¿qué podíamos hacer?
Ayer, lunes festivo en la mañana, la madre salió del nido por primera vez y de forma voluntaria. Al acercarnos a mirar el estado de los huevos pudimos ver dos pichones juntos, sin plumas y desorientados que parecieron desconocer nuestra presencia. Quedamos encantados y felices de que en casa el proceso de una de las dos madres haya llegado a feliz término, además de agradecidos por poder presenciar semejante milagro de vida simultáneo al nuestro.
Al comentarle a mi madre ella me dijo que la abuela siempre espantaba a las tórtolas cuando comenzaban a hacer nido, porque cuando los huevos no eclosionaban se echaban a perder y se llenaban de gusanos que terminaban acabando con la planta. Medio atemorizados Leo y yo convenimos en dejarla ahí, pero estar muy pendientes de que si la madre abandonaba en algún momento el nido debíamos limpiar la planta con rapidez garantizando su supervivencia.
Era dificil para mí, como animal gestante, ahuyentar una madre en proceso de espera y mucho más ahora que yo estoy en las mismas...Así que comprometidamente vigilamos a la madre y a la planta.
Nunca dejamos de regar las plantas, de hecho, la madre inquilina se acostumbró a nuestra presencia y al principio huía cuando nos disponíamos a regar la planta, pero al ver que sus huevos seguían intactos fue tomando confianza de tal forma, que ni siquiera cuando llegábamos con el agua y nos hallábamos peligrosamente cerca, huía.
Leo contaba los días y consultó el tiempo de espera prudente para el nacimiento (16 días apróximadamente), así que estuvo pendiente tooodo el tiempo. A las tres semanas comenzó a ponerse impaciente y a preocuparse por la planta, pero ¿qué podíamos hacer?
Ayer, lunes festivo en la mañana, la madre salió del nido por primera vez y de forma voluntaria. Al acercarnos a mirar el estado de los huevos pudimos ver dos pichones juntos, sin plumas y desorientados que parecieron desconocer nuestra presencia. Quedamos encantados y felices de que en casa el proceso de una de las dos madres haya llegado a feliz término, además de agradecidos por poder presenciar semejante milagro de vida simultáneo al nuestro.
miércoles, 11 de junio de 2014
martes, 10 de junio de 2014
A las urnas de nuevo
Este fin de semana tendremos que acudir por segunda vez en menos de dos meses a las urnas.
Vamos, supuestamente, a manifestar nuestra elección de lo que creemos será un "mejor" país en el que puedas habitar.
Pero en realidad vamos a descartar, a tratar de que en medio de las posibilidades neoliberales disponibles se monte en el poder la menos peor.
Mi peque, espero que mi mano no sufra muchos traumatismos psicológicos después de la terrible "equis" que tendrá que marcar.
Vamos, supuestamente, a manifestar nuestra elección de lo que creemos será un "mejor" país en el que puedas habitar.
Pero en realidad vamos a descartar, a tratar de que en medio de las posibilidades neoliberales disponibles se monte en el poder la menos peor.
Mi peque, espero que mi mano no sufra muchos traumatismos psicológicos después de la terrible "equis" que tendrá que marcar.
lunes, 2 de junio de 2014
viernes, 30 de mayo de 2014
Vamos a caminar
En mis meditaciones puedo verte...a veces me acompañas a caminar a mi lugar secreto.
En ocasiones no quieres caminar y debo llevarte cargad@...pero siempre vas conmigo.
En ocasiones no quieres caminar y debo llevarte cargad@...pero siempre vas conmigo.
miércoles, 21 de mayo de 2014
¿Tripofobia?
Cuando era pequeña y tenía fiebre soñaba que recorría levitando un camino que me llevaba fuera de un agujero oscuro, al salir de éste y alejarme podía ver que me hallaba en un espacio lleno de agujeros oscuros de diferentes tamaños expuestos de manera irregular pero continua a lo largo y ancho de un paisaje que se extendía hasta donde mi visión lo permitía y cuyas bocas o aperturas a la superficie eran superiores al resto de relieve del terreno, parecía como si tuviesen una carnosidad prominente que rodeaba sus diminutas salidas. Era un vasto espacio que me hacía experimentar una extraña sensación de lividez a la que se sumaba mi certeza de ser una partícula infinitamente pequeña. En esa medida odiaba tener fiebre, porque cualquier incremento en mi termostáto natural me transportaba misteriosamente a aquel paisaje de visiones aterradoras.
Por mucho tiempo olvidé esa sensación. Necesitaba evadir el malestar que me producía.
En la medida que crecía hubo momentos específicos, pero espaciados, en los que volví a tener esas visiones acompañadas por esa particular sensación que me remitía irremediablemente a la infancia y, obviamente, a mis miedos, así que luego de vivirlos los sumergía voluntariamente en una espesa niebla mental procurando que el olvido los consumiera con rapidez, y en efecto lo lograba.
Ahora y con las firmes intensiones de vivir un embarazo tranquilo y consciente, he percibido una nueva aparición de aquellas visiones que se han hecho regulares. Éstas se generan sin necesidad de ser impulsadas por cambios de temperatura corporal pero continúan afectando mi estado de conciencia. Al buscar información al respecto encuentro que existe una fobia a los conjuntos de agujeros que algunos expertos, como el profesor Wilkins,llaman tripofobia y que relacionan con "la repulsión, la enfermedad, el daño físico... y es posible que por una cuestión evolutiva algunas personas sientan rechazo a este tipo de texturas"(http://www.elmundo.es/elmundosalud/2012/10/31/neurociencia/1351708780.html), pero esta explicación no satisface mi inquietud. De hecho, tal y como se sugiere en algunas de las páginas en las que he buscando información, he tratado de enfrentarme a mí misma exponiéndome a ver imágenes específicas que inicialmente me generan una que otra sensación molesta pero que, si quiero ser absolutamente honesta conmigo, nada tienen que ver con la extraña sensación que me invade cuando tengo esas particulares visiones.
Al sentirme, y simultáneamente indagando, me he dado cuenta de que esta sensación no se replica al ver simplemente agujeros sino también al ver otro tipo de estructuras que se repiten en la naturaleza como la aglomeración de las semillas de la granadilla o de la maracuyá:
La gestación ha hecho que me pregunte, debido a la frecuencia y la naturaleza de las imágenes que me generan esa sensación, si existe algo que a lo mejor tenga que ver con algunos recuerdos a milenarios que conservo como individuo "equis" de la especie los cuales es necesario conservar como estrategia evolutiva y de protección.
Sin embargo hay algo que no puedo olvidar y que es necesario tener presente al esbozar estas conjeturas y es que la frecuencia de su aparición parece estar relacionada con la gestación y con la cercanía a ésta, puesto que la frecuencia de mis visiones era mayor en la temprana infancia y se fue perdiendo en el tiempo, pero ahora vuelven, justo cuando me encuentro de nuevo como protagonista de un proceso de gestación pero en un rol diferente.
Hasta ahora sigo sintiendo cierto recelo pero ya no tengo miedo y no me opongo a experimentar esas sensaciones que, a pesar de mi racionalidad, siguen moviendo profundas y extrañas fibras de mi alma. Pero algunas cosas han cambiado con ayuda del tiempo, ahora me siento dispuesta a afrontarlas con menos temor, mucho más asombro y sobre todo, con mucha humildad ante esos mensajes aún indescifrables que subyacen en mí y, que a veces, me cuesta escuchar.
lunes, 12 de mayo de 2014
Resfriado doble...
Estamos enfermitos (aunque no sé si eso lo comparto con él/ella)...en cama y agradeciendo el resfriado que sólo las buenas amigas comparten solidariamente.
Han sido momentos silenciosos que han transcurrió en medio de la pesadez y sueños extraños. Tanto los días como las noches pasan cargados vasos con limonadas calientes enriquecidas con un poco de jengibre y miel.
Me siento sin baterías y yo, inconscientemente, suelo reprocharme por ello, olvidando que mi energía ya no sólo se divide en dos, sino que además viene un nuevo y virulento visitante a consumirla.
Por ahora seguimos en cama, batallando juntos...somos dos contra uno...
Han sido momentos silenciosos que han transcurrió en medio de la pesadez y sueños extraños. Tanto los días como las noches pasan cargados vasos con limonadas calientes enriquecidas con un poco de jengibre y miel.
Me siento sin baterías y yo, inconscientemente, suelo reprocharme por ello, olvidando que mi energía ya no sólo se divide en dos, sino que además viene un nuevo y virulento visitante a consumirla.
Por ahora seguimos en cama, batallando juntos...somos dos contra uno...
viernes, 25 de abril de 2014
Abstracción
No sé si sea lo normal pero mi estado viene arrastrándome a una constante necesidad de aislamiento y de silencio.
Se me ha vuelto cotidiano permanecer mucho tiempo sola mientras voy y vengo por la casa abstrayendome en cada cosa que hago.
Disfruto enormemente los espacios de quietud, oscuridad y calor.
Suelo pasar horas mirando a la nada.
Estoy leyendo menos...como si las letras de otros nos quitaran tiempo valioso para estar con nosotros mismos.
Mi conducta puede estar justificada en cierta necesidad de autoprotegerme de todo y de todos o puede deberse a esa inexplicable necesidad de establecer esas sutiles filigranas de la conexión entre madre e hijo que son impermeables a cualquier justificación racional. Pero no estoy segura de nada.
Pero de todos esos instantes a solas es el agua lo que más disfruto, sin importar que no sea un espacio oscuro, que haya otras personas alrededor y que no sea cálida.
A veces en la ducha me quedo quieta bajo el agua, sintiéndola caer por mi cuerpo y eso es suficiente...un instante de intimidad y silencio en el que los pensamientos dejan de revolotear inquietos en mi mente.
En otras ocasiones puedo lanzarme a la pileta y volar en unas cuantas idas y vueltas sin esforzarme mucho para después agazaparme en alguno de los rincones solitarios donde no se apiñan los bañistas, sumergirme en el sonido del agua y flotar haciendo algunas apneas insignificantes. No lo hago mirando al cielo porque sólo quiero mirar el agua y dejarme ir...ningún pensamiento viene, todo es lividez y quietud...una sensación de soltura y desprendimiento...dejo de ser sin dejarme...solo me suelto...nos soltamos y seguimos juntos.
Comparto una imagen hiperrealista de Alyssa Monks en la que también soy capas de abstraerme.

Se me ha vuelto cotidiano permanecer mucho tiempo sola mientras voy y vengo por la casa abstrayendome en cada cosa que hago.
Disfruto enormemente los espacios de quietud, oscuridad y calor.
Suelo pasar horas mirando a la nada.
Estoy leyendo menos...como si las letras de otros nos quitaran tiempo valioso para estar con nosotros mismos.
Mi conducta puede estar justificada en cierta necesidad de autoprotegerme de todo y de todos o puede deberse a esa inexplicable necesidad de establecer esas sutiles filigranas de la conexión entre madre e hijo que son impermeables a cualquier justificación racional. Pero no estoy segura de nada.
Pero de todos esos instantes a solas es el agua lo que más disfruto, sin importar que no sea un espacio oscuro, que haya otras personas alrededor y que no sea cálida.
A veces en la ducha me quedo quieta bajo el agua, sintiéndola caer por mi cuerpo y eso es suficiente...un instante de intimidad y silencio en el que los pensamientos dejan de revolotear inquietos en mi mente.
En otras ocasiones puedo lanzarme a la pileta y volar en unas cuantas idas y vueltas sin esforzarme mucho para después agazaparme en alguno de los rincones solitarios donde no se apiñan los bañistas, sumergirme en el sonido del agua y flotar haciendo algunas apneas insignificantes. No lo hago mirando al cielo porque sólo quiero mirar el agua y dejarme ir...ningún pensamiento viene, todo es lividez y quietud...una sensación de soltura y desprendimiento...dejo de ser sin dejarme...solo me suelto...nos soltamos y seguimos juntos.
Comparto una imagen hiperrealista de Alyssa Monks en la que también soy capas de abstraerme.
lunes, 21 de abril de 2014
viernes, 18 de abril de 2014
A vos...mi compañero...
En los años que llevo publicando cosas en este blog nunca le escrito a alguien.
Nunca le escrito a un hombre que me hubiese hecho sentir (cualquier cosa sin importar su naturaleza).
Nunca me he atrevido a dedicarle a nadie un espacio que quedará grabado en esta historia que se edifica de plasmar lo que creo que debe quedarse en mi memoria.
No quiero justificar el por qué, simplemente no había querido hacerlo y para mí eso basta.
Pero hoy quiero que eso cambie, hoy quiero escribirle a alguien para reconocerle agradecida su encuentro conmigo.
Y es agradecimiento lo que quiero expresarle:
agradecimiento por estar,
por despertase a mi lado cada día,
por el desayuno de todos los días,
por los mimos y los apapachos cotidianos,
por esos instantes en los que su mirada risueña se cruza transparente con la mía,
por hacerme sentir que los espacios entre los átomos son efímeros y que en efecto podemos tocarnos,
por recordarme que sentirse feliz es exageradamente sencillo y que las excusas abundan como los átomos de hidrógeno,
por acompañarme a ver cómo pasan los días recordándome que los atardeceres nunca son iguales,
por haber permitido que nuestro encuentro aconteciera en el momento preciso,
por rascarme(o a mí por rascarte) la cabeza cuando me quedo dormida,
por leerme mientras cocino, al tratar de dormir y en las horas que se continúan unas a otras,
por llenar mi vida de música que desafía mis parámetros,
por recordarme que la vida es más tranquila cuando se aprende a fluir y en lugar de quedarse dando vueltas en los obstáculos,
por enseñarme a encarnar mi discurso,
sólo por ser...
A vos Leo te lo agradezco tanto.
Nunca le escrito a un hombre que me hubiese hecho sentir (cualquier cosa sin importar su naturaleza).
Nunca me he atrevido a dedicarle a nadie un espacio que quedará grabado en esta historia que se edifica de plasmar lo que creo que debe quedarse en mi memoria.
No quiero justificar el por qué, simplemente no había querido hacerlo y para mí eso basta.
Pero hoy quiero que eso cambie, hoy quiero escribirle a alguien para reconocerle agradecida su encuentro conmigo.
Y es agradecimiento lo que quiero expresarle:
agradecimiento por estar,
por despertase a mi lado cada día,
por el desayuno de todos los días,
por los mimos y los apapachos cotidianos,
por esos instantes en los que su mirada risueña se cruza transparente con la mía,
por hacerme sentir que los espacios entre los átomos son efímeros y que en efecto podemos tocarnos,
por recordarme que sentirse feliz es exageradamente sencillo y que las excusas abundan como los átomos de hidrógeno,
por acompañarme a ver cómo pasan los días recordándome que los atardeceres nunca son iguales,
por haber permitido que nuestro encuentro aconteciera en el momento preciso,
por rascarme(o a mí por rascarte) la cabeza cuando me quedo dormida,
por leerme mientras cocino, al tratar de dormir y en las horas que se continúan unas a otras,
por llenar mi vida de música que desafía mis parámetros,
por recordarme que la vida es más tranquila cuando se aprende a fluir y en lugar de quedarse dando vueltas en los obstáculos,
por enseñarme a encarnar mi discurso,
sólo por ser...
A vos Leo te lo agradezco tanto.
domingo, 13 de abril de 2014
Casiopea
Hace unos días en horas de la madrugada- digo madrugada subrayando lo difícil que es para mí madrugar en estos días- estábamos Leo y yo sentados en la sala de espera de la IPS aguardando por un turno para autorizar ochocientas mil pruebas que me recetaron. Mientras esperábamos leímos algunas notas del diario "Desde abajo" entre ellas una llamada "Quince canciones de Silvio Rodríguez". Supongo que en nuestra susceptible condición gestante, que tanto nos ha acercado a maravillarnos de las "nimiedades" de la vida vino una frase que nos hizo detenernos y mirarnos con los ojos llenos de lágrimas. Decía lo siguiente sobre la canción Casiopea:
"Todos somos exiliados de algo. La vida misma se encarga de exiliarnos de sitios como la niñez".
Estos días han sido días en los que hemos sentido como ese exilio se hace carne para nosotros, se hace vida en la medida en la que una vulnerable presencia se encarna.
Y mientras crece trae remanentes de nuestra infancia, de nuestra adolescencia, en otras palabras de nuestra historia.
Y nos va alejando de eso que hemos sido al tiempo que reafirma algunos rasgos esenciales.
Y nos va exiliando de nuestro rol único de hijos...porque ahora los hilos de la vida se tejen a través de nosotros.
"Todos somos exiliados de algo. La vida misma se encarga de exiliarnos de sitios como la niñez".
Estos días han sido días en los que hemos sentido como ese exilio se hace carne para nosotros, se hace vida en la medida en la que una vulnerable presencia se encarna.
Y mientras crece trae remanentes de nuestra infancia, de nuestra adolescencia, en otras palabras de nuestra historia.
Y nos va alejando de eso que hemos sido al tiempo que reafirma algunos rasgos esenciales.
Y nos va exiliando de nuestro rol único de hijos...porque ahora los hilos de la vida se tejen a través de nosotros.
domingo, 6 de abril de 2014
"...entre dos aleteos..."
"Uriol val que se ocupa de los recién nacidos en un hospital de Barcelona dice que el primer gesto humano es el abrazo. Después de salir al mundo, al principio de sus días los bebés manotean como, como buscando algo. Otros médicos que se ocupan de los ya vividos dicen que los viejos al fin de sus días mueren queriendo alzar los brazos...y así es la cosa.
Por muchas vueltas que le demos al asunto y por muchas palabras que le pongamos, así es la cosa. A eso... así de simple...se reduce todo, entre dos aleteos, sin más explicación, transcurre el viaje" (Intro de Eduardo Galeano a Multiviral-C 13).
Por muchas vueltas que le demos al asunto y por muchas palabras que le pongamos, así es la cosa. A eso... así de simple...se reduce todo, entre dos aleteos, sin más explicación, transcurre el viaje" (Intro de Eduardo Galeano a Multiviral-C 13).
viernes, 4 de abril de 2014
Presencialidad progresiva
No he logrado asimilar tu presencia de forma abrupta,
No ha sido tan fácil por solo saber que estás.
Ha sido el tiempo quien con su paciencia ha hecho que empieces a meterte en mi existencia.
miércoles, 26 de marzo de 2014
Hay alguien creciendo dentro de mí...

Hay alguien creciendo dentro de mí...
El conocimiento de este hecho ha movilizado mi ser en millones de direcciones: inicialmente haciéndose preguntas, luego digiriendo a partir de una abrumadora conscientización y finalmente (esto es absurdo, como si el proceso hubiera acabado) a través de la alegría de saber que un milagro de vida se cuece en mí. No es nada más y nada menos que la vida tratando de manifestarse...
El proceso de "adquisición" de esa consciencia ha sido hermoso, abrumador y lento, supongo que se ha dado a la par del crecimiento de nuestro milagro y muchas veces se configura con ayuda de los sueños. Hace unos días,por ejemplo, tuve un sueño hermoso:
Estaba con mi mamá y mis hermanos, juntos como lo estuvimos siempre durante la infancia. Salimos de casa de abuela (lugar donde vivimos conflictiva parte de nuestro desarrollo) y del cual salíamos constantemente a caminar buscando despejarnos un poco, pero siempre juntos. Ver el paisaje transformarse frente a nuestros ojos mientras simplemente caminábamos le permitía a nuestra incertidumbre volar, y lentamente darle paso a la sorpresa y a las risas despreocupadas.
Al despertar comencé a llorar, supongo que un enorme sentimiento de añoranza se había apoderado de mí al volver tan sentidamente a estar con mi familia tal y como fue hace muchos años, pero con los días esa sensación se ha ido transfigurando dando claridad al hecho de un simbólico trasegar juntos que se materializa incluso en los cambios de roles que la vida determina, en este caso el enfrentamiento a un rol que nunca había desempeñado: siempre he sido solamente hija y ahora viene alguien que estará a mi cargo.
Muchas de las madres con las que he conversando últimamente me dicen convencidas que nosotros no escogemos a los hijos, que son los hijos quienes nos escogen a nosotros.
Entonces bienvenido peque,
bienvenida esta fuente de alegría,
bienvenida esta expresión de la vida que misteriosamente busca manifestarse.
Estoy feliz de que estés aquí...
jueves, 27 de febrero de 2014
domingo, 9 de febrero de 2014
"...Aquello que parece más débil y turbado en vosotros es lo más fuerte y lo más determinado..."
"...Pero ahora nuestro sueño se ha ido y ya no es la aurora.
El mediodía está sobre nosotros y nuestra somnolencia
se ha cambiado en día pleno, y debemos separarnos.
Si, en el crepúsculo del recuerdo, nos encontráramos
una vez más hablaremos juntos de nuevo y me cantaréis
una canción más honda
Y, si nuestras manos se unieran en otro sueño, levantaremos
otra torre en el cielo..."
Diciembre fue un mes tranquilo que atrajo los encuentros familiares y simultáneamente las búsquedas solitarias e introspectivas. Mes que terminó a orillas del mar del golfo con la más cercana y tierna de las compañías elegida en medio de soledades que caminan a la par. Pero al comenzar enero y regresar a casa todo cambió, muchos de aquellos amigos entrañables que han estado fuera los últimos tiempos han venido a casa y, con esa excusa diciembre pareció extender su sombra al mes siguiente dándole un toque un poco más festivo a éste enero, que a cualquier otro que recuerde.
El tiempo ha pasado y ahora parecemos sentir con mucha más sensibilidad la especialidad del encuentro mismo.
Ahora nos miramos más a los ojos, sin decirlo, se hace evidente que vemos el encuentro como una simple posibilidad de compartir juntos y sólo eso lo hace más que especial.
Hemos cambiado, nuestro cuerpo manifiesta claramente su bienestar o malestar y la disposición incluso para los excesos se difumina, esta vez nos acompañaron: el baile, los juegos de mesa, la lectura, la cocina, la calle, las cervezas, escasos bares y el hogar, que a pesar de ser itinerante, nos albergó siempre como a una sola familia.
"Juzgaros por vuestras fallas es como culpar a las estaciones
por su inconstancia.
¡Ay! Sois como un océano.
Y, aunque barcos pesados esperan la marea en vuestras
playas, como el océano, no podéis apurar vuestras
mareas.
Y, sois también como las estaciones.
Y, aunque en vuestro invierno neguéis vuestra primavera,
La primavera, reposando en vosotros, sonríe en
su ensoñación y no se ofende".
Pero así tan fugazmente como llegaron los amigos volvieron a irse y volvimos a quedar con los amigos que permanecen.
Como si no fuera suficiente verlos partir de nuevo, uno de los amigos que permanecían decidió volar a perseguir sus sueños.
Uno de esos amigos entrañables y cercanos empacó maletas y arranco a volar.
Leo y yo tuvimos que cogernos las manos, mirarnos a los ojos y dejar que se llenaran de lágrimas, celebrando la cercanía y apreciando la belleza de la efímera permanencia, ese motor que nos impulsa a abrirnos a la sensibilidad como esa única posibilidad de caminar sintiendo cuando vamos o no por el camino que nos corresponde.
Debíamos dejarlos ir a todos, y así fue.
Los dejamos volar sin lastre alguno y esa fue la mejor forma de expresarles el amor que nos suscitan.
"Me habéis dado la sed más profunda para mi vida
futura. No hay seguramente para un hombre regalo más
grande que aquél que hace de todos sus anhelos unos
sedientos labios y de toda su vida una fontana fresca.
Y allí mi honor y mi premio:
Que, cada vez que voy a la fuente a beber, encuentro
el agua viviente sedienta ella misma;
Y ella me bebe mientras yo la bebo".
Hace mucho tiempo, cuando comenzamos a leer "El profeta" decidimos dejar el último capitulo para resignificar juntos eso que tal vez significa irse, tal vez tratando un poco más de articular lo que sentimos con las palabras, lo que nos hace sentir la partida. Es ese el motivo para que algunos de sus fragmentos se encuentren "por ahí regados".
Besos en la distancia...a todos (porque a veces el tiempo también se transforma en distancia).
sábado, 1 de febrero de 2014
Mercando con papá
En algunos efímeros instantes es posible volver al pasado y hacer las mismas cosas que alguna vez hicimos en compañía de los viejos.
Como en la bella infancia.
martes, 28 de enero de 2014
Otra feliz vuelta al sol
Este cumpleaños fue absolutamente discreto.
No quería que lo supiera nadie, sólo quería que algunas personas simplemente lo recordaran.
La sorpresa fue escuchar a esos de siempre, a los que no me desamparan nunca. A los que me tienen presente en sus días y me hacen sentir que, de alguna manera, les contribuyo en la suya. Con el tiempo son cada vez menos personas que antes pero los lazos que siento, con los que quedan, se fortalecen en cada excusa.
Esta vez el sol estuvo de nuevo "en la misma parte" que donde estuvo el día que llegue al mundo.
Esta vez saturno llegó al mismo lugar en el que estuvo hace un año (según su tiempo), el día que llegué a la tierra.
Este año pude sentir, como nunca, que las cosas hermosas se construyen cada día, en cada instante a través de las simplezas que adornan nuestros días.
Ahora me siento feliz de saber que el tejido del que hago parte en compañía de hermosas personitas, comienza a adquirir forma. Nada definido, pero puedo sentir que es un tejido.
Agradecimiento es lo que tengo...
martes, 14 de enero de 2014
Podría dedicar este video a algunas personas, conozco dos en particular que parecen dibujarse claramente en él, sin embargo prefiero dedicarlo tanto a esos viajeros del espacio como a los viajeros de la vida: a los que salen de casa a buscarse a sí mismos en otro lugar y a los que se quedan en ella encontrándole sentido a la vida y maravillándose con las nimiedades de la vida cotidiana; a los viven y sienten la particularidad de los atardeceres en diferentes lugares del mundo tanto como a los que se quedan en casa pero siempre salen de su rutina para tratar de atrapar embelesados los primeros o los últimos instantes de sol; a los que tratan de entender otras lenguas y el contexto que las construye tanto como a los que todo el tiempo se ponen la tarea de entender al otro.
Todos somos viajeros de la vida y no importa cómo ni el lugar podemos asumir una actitud de agradecimiento y hasta maravillarnos con los espectáculos simples y sencillos que se muestran a nuestros ojos tanto como con las sonrisas de esas personas que nos acompañan, algunas toda la vida otras sólo un instante. De igual forma cualquier cosa que nos pasa puede derivar en aprendizaje y ese es el objetivo del viaje.
https://www.youtube.com/watch?v=7dKGcg_jBhw#t=734
Todos somos viajeros de la vida y no importa cómo ni el lugar podemos asumir una actitud de agradecimiento y hasta maravillarnos con los espectáculos simples y sencillos que se muestran a nuestros ojos tanto como con las sonrisas de esas personas que nos acompañan, algunas toda la vida otras sólo un instante. De igual forma cualquier cosa que nos pasa puede derivar en aprendizaje y ese es el objetivo del viaje.
https://www.youtube.com/watch?v=7dKGcg_jBhw#t=734
sábado, 11 de enero de 2014
Pletórica
Con el pasar de los años las fiestas de fin de año se van volviendo cada vez más significativas. Tal vez porque los años vividos vienen acompañados de la conciencia del paso del tiempo y del fluir continuo del río de la vida que nos arrastra a todos.
Este año decidimos salir a finalizar y a comenzar de nuevo otra vuelta al sol en un lugar donde los estridentes sonidos de la pólvora estuvieran ausentes, para así podernos escuchar a nosotros mismos en medio del silencio mientras contemplabamos la unión del cielo y el mar (que en la penubra apenas se adivina).
El sudor corría por nuestro cuerpo. Cada diástole y cada sístole parecían acompasar nuestros pasos. Las manos se henchían y brotaban los ríos de la vida en las extremidades. Se sentía claramente como despertaba el cuerpo.
Acudimos a las venas de la tierra para sumergirnos en su sangre, dejándo que su poder sanador se llevara aquello que ya no necesitamos y que se vuelve un lastre para seguir caminando.
La quietud y la contemplación se hicieron nuestro devenir cotidiano. Volvimos a escuchar el silencio y nos dejamos invadir por el susurro, a veces cercano a veces lejano, de la vida floreciendo a nuestro alrededor.
El silencio y la calma dejaron que la intuición pronunciara su voz.
Nos dimos cuenta que hemos cambiado: esta vez fuimos extrañamente precavidos con el mar. El respecto y una interna pulsión de temor nos dieron la posibilidad de apreciar a Poseidón con ojos distintos: confiados y dispuestos a sentir esos mensajes del alma buscamos humildemente la playa, en lugar de dejarnos arrastrar por el impulso, irreprimible en otras épocas, de adentrarnos confiados en el claroscuro de sus entrañas.
Juntos despedimos el año llenos de agradecimiento, con la certeza de que debemos seguir el camino trazado por el corazón.
Fue un año nuevo silencioso, oscuro, con el murmullo del mar llenándonos los oídos, con las estrellas centelleantes sobre nuestras cabezas, con los pies impregnados de esencia de sándalo y arena, y lo más importante: juntos.
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